El misterio del asesinato sin cadáver ni víctima que tiene perpleja a la policía en Francia:

La policía está convencida de que una mujer ha sido asesinada, pero no hay un cadáver ni reportes de personas desaparecidas.

"En mis 23 años como magistrado, nunca había visto una situación como esta. No tenemos un cuerpo", dijo el fiscal de Normandía.

"Tampoco tenemos fotos ni identidad de la persona asesinada", agregó. Lo que sí tiene la policía es un sospechoso. Es un hombre polaco de 66 años, ebanista de profesión, radicado en Francia durante lustros. Hoy se encuentra bajo custodia.

(Esta nota ha sido agregada por sugerencia del editor*, habiéndola sacado él de una crónica periodística difundida por varios medios locales e internacionales, fechada el 19 de noviembre de 2022. Confrontada con la crónica original, es evidente que fue alterada).

*No se refiere a ningún editor en particular, sino a uno de los personajes de la novela. 
Haffe Serulle junto a todos los estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Dramático.

XII

Mi amigo el editor debe estar impaciente porque no he compartido con él ninguna otra parte de mi narración. Mandarle material de más al comienzo ha creado una expectativa que lo afecta a contrapelo de mi voluntad.

Escribir demanda tiempo, esfuerzo, pero no basta ser esclavo de la escritura: un leve dolor de cabeza te tensa la existencia, te obliga a coger cama hasta que el cuerpo se anime a seguir trabajando. Es preferible escribir en salud que en enfermedad. En mi caso, si avanzo lento, no es por culpa de un malestar físico, sino porque dedico mucho tiempo a leer y releer la crónica que me enviara el editor, que ha sido el motivo de esta aventura. La leo tantas veces que me confundo con esto y aquello, es decir, con mi historia y con el contenido de la nota. A veces creo que la mujer desnuda de Radu es la ciclista atropellada de la crónica, porque ¿atento a qué va ella en bicicleta por un bosque tan tupido que el sol no penetra? Esta parte tendrá que resolverla Radu. Él me dirá. Yo lo seguiré al pie de la letra.

Ayer quise escribirle a mi editor por el chat sobre esto, pero mi celular se quedó sin señal todo el día y no me fue posible comunicarme con él. Mejor así. Meterme en problemas con el editor no tiene sentido. De comentarle que el misterio de la crónica podría ser resuelto por Radu, no por nosotros, ignorantes en temas de investigación criminológica, lo llevaría a maldecir haberme conocido. Aunque quizá esté dicho en alguna parte, he de aclarar que, por culpa de la prisa del editor, no he corregido ni una sola vez lo que he escrito hasta el momento. El editor, he de advertirlo, pretende conseguir un prestigio literario asociado con el periodismo, que demanda precisión en la historia elegida y una corrección de forma rápida, valor agregado en desuso por la imposición digital en los medios de comunicación.

Si la crónica periodística mencionada cayera en manos de Radu, quién sabe adónde iría a parar este relato. Él desmenuzaría la información; daría con el criminal en un santiamén. A mí me inquieta el tema implícito en esa historia. Quisiera empezar a dilucidarlo; para ello tendría que transcribir algunos párrafos ignorados por el lector, que en su momento no vio nada de esto en los periódicos. Tal vez el editor considere que, si profundizamos en el contenido de la noticia, debemos plantearnos la idea de viajar a Normandía para conocer el caso con más detalles. De esta manera, validaríamos su intención de que esta historia sea el vivo retrato de esa otra francesa que ha causado frenesí en las redes. Por lo pronto, no pienso entrar en contradicción con él porque ni yo sé todavía adónde llegaremos con esta narración, no con la francesa, sino con la mía, que por mucho que se parezcan, nunca serán iguales. Si la razón no me traiciona, llegaré a buen puerto con mi fijación; mas no debo comentarle mi plan al editor, no vaya a ser que se incomode conmigo y se replantee el proyecto con otro narrador, lo cual es muy frecuente en el mundillo literario. Así como cambian a los jugadores en los deportes porque no dan el resultado esperado, en los menesteres del negocio de libros es normal contratar a escritores que, aun habiendo alcanzado cierto reconocimiento editorial, se prestan a escribir sagas de cuentos y novelas de fantasía por paga. Si las entregas no cumplen con los requisitos acordados, los mandan a paseo.

El editor no puede dejar de pensar si debo someterme a lo expuesto en la crónica, ni que haría yo mal en apartarme de la trama original. Bueno, así andamos: él por un lado, yo por el mío. De todos modos, no entraré en polémica con él hasta que no tenga resuelto el desenlace de mi trama, si la hay, porque podría no haber ninguna que no sea la de recrear una ficción más de las imaginadas por Radu.

Volvamos a la crónica y ofrezcamos a la gente material de lo que el editor omitió en la nota que encabeza este libro.

Según la policía, el 9 de marzo, el sospechoso, que conducía un Audi negro bajo los efectos del alcohol, atropelló a una ciclista en una        carretera cerca de la ciudad de Grand Bourgtheroulde, 140 km al noroeste de París. Pensando que la había matado, fue a su casa a buscar una pala,      pero cuando regresó, descubrió que ella estaba viva, motivo por el cual la policía cree que la remató con un golpe y luego enterró su cuerpo en un basurero.

Si analizáramos estos dos párrafos desde la perspectiva de Radu, empezaríamos, como lo haría él, por establecer algunos criterios científicos y periciales que deben acompañar a la teoría del caso. Más adelante seguiríamos con una interpretación adecuada del resultado forense. Luego nos adentraríamos en el análisis de los exámenes de ADN, los cuales deben ser fehacientes. Una vez establezcamos elementos pilosos, podríamos terminar con una visión fragmentada del crimen. Como es comprensible, este proceso de trabajo nos daría luz para descubrir lo que buscamos. Pero esto es fruto de mi pensamiento, no de que Radu me haya hablado alguna vez de los aspectos teóricos y técnicos de sus procedimientos criminológicos. Guardó para él estos temas. Si bien es cierto que tuvo reputación como investigador policíaco, jamás hizo alarde de su capacidad ni de su fama. Quizá con los dos párrafos transcritos le sea suficiente a Radu para llegar a una conclusión satisfactoria, porque elementos hay de sobra: el Audi negro, los efectos del alcohol, la ciclista atropellada, la pala, el basurero, en fin, elementos de más para un hombre que con apenas ver una mancha de sangre era capaz de resolver los crímenes más complicados. Esto deviene en categoría mítica cuando llegamos a un párrafo que abre la brecha de la duda, al señalar lo siguiente:

Hay poca evidencia material de este suceso. No hay cuerpo, ni confesión a la policía, ni bicicleta. Sobre todo, no hay informes de una ciclista desaparecida.

Lo que a nosotros podría parecernos peregrino, a los ojos de Radu sería algo vago. Si le propusiera hacerse cargo de este crimen, que no será el caso, me diría que lo dejara tranquilo junto al ventanal, donde lleva más de ocho horas corridas con la mirada fija en el bosque y la mente puesta en recuerdos que él creía borrados de su memoria.

Haffe Serulle

Escritor

Haffe Serulle es un escritor y director teatral. Estudió dirección e interpretación teatral en la reconocida Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, y Sociología Laboral, en la Escuela de Sociología, igualmente de Madrid, España. Autor de más de 20 obras teatrales, cuatro libros de poesia y dos de ensayo, es autor de las novelas: Voy a matar al Presidente, Las Tinieblas del Dictador, El vuelo de los imperios, El tránsito del reloj, Los Manuscritos de Alginatho, El plan perfecto de Poncio Pilá, y Plagas y predicciones de la familia Vick-Aux.

Ver más