Hay oficios que requieren precisión. Otros, memoria. El de Jordi Molina Figueras exige ambas. Y es que antes de tocar una silla presidencial, hay que entender lo que representa. No basta con limitarse a restaurar madera, sino interpretar la historia que vive en ella.
Jordi Molina Figueras es un restaurador de madera, el cual se ha especializado en la conservación y restauración del patrimonio artístico. Posee formación académica en instituciones de Florencia y Barcelona. Su trayectoria lleva más de tres décadas extendiéndose por Europa y el Caribe. Hasta el momento, su trabajo se ha centrado en la intervención de mobiliario histórico, que combina con el conocimiento técnico con el estudio de los contextos culturales e históricos de cada pieza.
Se formó en el Istituto per l’Arte e il Restauro de Florencia y en la Escuela Superior de Anticuarios de Barcelona. Molina ha desarrollado una carrera que abarca tanto la docencia en historia del mueble y técnicas de restauración. Su experiencia incluye trabajos en talleres especializados, colecciones privadas y públicas, espacios museográficos y proyectos vinculados al patrimonio arquitectónico. También ha participado en investigaciones sobre influencias coloniales y circulación de materiales entre Europa y América.
En la República Dominicana mantiene un taller propio desde hace más de una década. Ha participado en la restauración de mobiliario histórico en instituciones como el Alcázar de Colón y el Museo Tostado. Además ha intervenido piezas de alto valor patrimonial de distintas colecciones. Su labor sigue una línea de restauración que prioriza la conservación de la autenticidad material, siendo lo más fiel posible a la pieza intervenida. Además procura siempre que cualquier proceso técnico implementado sea reversible.
En 2025, Jordi Molina Figueras llevó a cabo la restauración de la silla presidencial del Palacio Nacional. Aquella silla histórica que ha sido utilizada por distintos mandatarios dominicanos a lo largo de la historia dominicana desde su creación por Rafael Leónidas Trujillo.
La silla presidencial es un símbolo de poder, y en cierto sentido, testigo silente de lo mejor y lo peor de cada mandatario. No sólo sostiene el peso físico de cada presidente, sino también el peso invisible del poder. Ha presenciado momentos de estabilidad y de crisis política. Ha escuchado discursos prometedores, y conservaciones de sabotaje. Si la silla presidencial hablara, conoceríamos cómo se ha trazado el rumbo de nuestra historia desde el palacio nacional.
La silla presidencial no habla, pero acumula. Acumula el desgaste del implacable tiempo. El poder también necesita repararse, pero no con un carpintero, sino con un restaurador, que conozca la madera, y respete su carga simbólica.
Restaurar la silla presidencial no es reparar madera. Es intervenir un testigo.
Pregunta: Usted participó en la restauración de la silla presidencial del Palacio Nacional ¿Qué sintió al trabajar con objetos que han sido testigos directos de momentos clave de la historia política dominicana?
Respuesta: Es un grandísimo honor y un privilegio restaurar mobiliarios que forman parte de la historia dominicana. Cuando uno restaura un objeto que forma parte de la historia, uno debe pensar en ese contexto, y olvidar los sentimientos de a favor o en contra. La restauración nunca debe utilizar el juicio o el criterio personal. En ese proceso uno debe pensar en que ese objeto debe mantener la identidad que tenía en el momento que se usaba, eso es mantener la historia.
P: En términos técnicos, ¿qué tipo de daños o deterioros encontró en la silla presidencial y cuáles fueron los principales retos para devolverle su integridad sin alterar su autenticidad histórica?
R: En la parte central del respaldo de la silla, se encuentra el escudo de República Dominicana. Y estaba en mal estado, siendo madera de caoba. Se mantenía por estar pegado por la parte de atrás con cinta adhesiva. Las piezas se podrían haber perdido. También anteriormente fue barnizada con un barniz sintético con color caoba, creando una falsa pátina, y un color muy artificial, poco natural de la misma caoba. Envolví la tela durante los trabajos, por estar en muy buen estado. Siendo de alta calidad, irrepetible. Procedimos a limpiar la madera, quitando ese barniz sintético. Para después ponerle un lacado más natural, dejando ver el color natural de la caoba. A nivel personal, para mi fue toda una emoción volver a unir y colocar bien el escudo dominicano. Esta silla hoy preside los consejos de ministros, sentada en ella el presidente de la República, en la que determina con el gobierno procesos de leyes y decretos.
P:¿Qué maderas, técnicas artesanales o elementos decorativos caracterizan el mobiliario institucional dominicano en comparación con el europeo?
R: Básicamente una madera autóctona del Caribe, la caoba fue y es sumamente apreciada en todo el mundo. En Europa empezó a fluir su mercadeo y ser muy habitual su uso, y como madera de luxe, a partir de finales del S.XVIII y de todo el S.XIX . Para Napoleón Bonaparte fue una de sus maderas preferidas. Ya que el fondo rojizo de la madera daba mucho contraste con las tallas y esculturas doradas encima de la madera. Fue uno de los mayores usuarios para su mobiliario, estilo imperio I. Hasta que los ingleses le bloquearon el comercio en el Caribe y tuvo que sustituir la caoba por maderas europeas.
P: En restauración patrimonial siempre existe un equilibrio delicado entre conservar y reconstruir. ¿Cómo se decide hasta dónde intervenir en una pieza histórica?
R: El equilibrio lo establecen el seguimiento de las normativas y criterios de restauración. Como diplomado en restauración de patrimonio uno está obligado a seguir esas pautas. Dichas pautas, son unos criterios y bases de los procedimientos para trabajar una restauración. Antes de cualquier trabajo hay que hacer un análisis de cómo se van iniciar los trabajos y motivos de cómo se procede hacerlos. Y un criterio muy importante es el uso de materiales reversibles.
P: Usted se formó en Florencia y trabajó en contextos europeos con siglos de tradición patrimonial. ¿Qué particularidades ha encontrado al restaurar mobiliario histórico en la República Dominicana?
R: Bueno aquí en RD he llegado a restaurar una mesa despacho traída de Inglaterra del S.XVII, una pieza fabulosa y única. Y también restaure la que fue la mesa despacho del Duque Windsor. También una mesa comedor inglesa del S.XIV. Y un Bureau francés imperio I. Restaurar todos estos muebles que fueron unos privilegios que me dio el vivir y trabajar aquí en RD. En Florencia aprendí restaurando muebles del Palazzo Pitti y Marcos Degli Uffizi.





P: Actualmente también trabaja en la restauración de mobiliario histórico del Alcázar de Colón. ¿Qué nos dicen estos muebles sobre la historia colonial y las influencias culturales entre Europa y el Caribe?
R: Son muebles que fueron traídos de Castilla por el arquitecto Javier Barroso cuando se reconstruyó El Alcázar de Colón como museo. Son piezas que dan una excelente visión como vivían en la época María de Toledo y Diego Colón,
P: En su experiencia, ¿qué tan consciente es la sociedad dominicana del valor del mobiliario histórico como parte del patrimonio cultural?
R: A nivel social falta mucha conciencia del grandísimo peligro en el estado de algunos objetos y edificios e iglesias patrimoniales que hay en República Dominicana. Si hay que recordar que Patrimonio Monumental, actualmente está haciendo un magnífico trabajo. Se debe conservar lo que actualmente tenemos, tanto iglesias, como edificios y museos porque son bienes que explican la historia nacional dominicana. Hay iglesias que necesitan ser intervenidas con urgencia, sino se perderá parte de ese patrimonio. Al margen del contenido religioso forman parte de la historia nacional, y de la identidad nacional. Si un país pierde elementos históricos va perdiendo su identidad nacional. Por ello es vital el mantenimiento, conservación y restauración patrimonial.
P: Muchos objetos históricos no están en museos sino en edificios públicos o colecciones privadas. ¿Cuáles son los mayores riesgos para la conservación del patrimonio mueble en países tropicales?
R: Los que son privados la mayoría de los propietarios son personas con conciencia patrimonial. Los mayores riesgos que vivimos en la actualidad en Dominicana, son la falta de sensibilidad por obras patrimoniales. Hay que tener muchas precauciones con un clima adecuado, evitando el excesivo calor, la abundante humedad por las lluvias del clima caribeño. Y mantener mucha atención a los xilófagos que atacan en cualquier época del año. Pero el mayor riesgo para el patrimonio dominicano sigue siendo la falta de sensibilidad e incultura por proteger lo que nos queda, y que forma parte de la historia del país.
P: Usted ha estudiado las influencias americanas en el mobiliario europeo y viceversa. ¿Se puede identificar una identidad propia en el mobiliario histórico dominicano?
R: Cuando empezó el mercado de maderas del Caribe se inició un intercambio de diseños de muebles. Se crearon unas influencias muy grandes entre unos y otros. El mobiliario de guano se inició aquí en RD, expandiéndose por otros países, principalmente por el área mediterránea. Llegaron a crearse unas identidades propias, caribeñas incluso dominicanas. La mezcla de madera y guano en el mobiliario, marcó una tipología expandida en América y Europa. Los indianos cuando regresaron del Caribe a España, se llevaron influencias arquitectónicas y elementos decorativos caribeños, y los plasmaron en sus nuevas edificaciones europeas.
P: Después de décadas dedicadas a la restauración de madera, ¿cuál ha sido la pieza más desafiante o emocionalmente significativa en su carrera?
R: Fueron dos consolas del S.XIX que se llegaron a pensar para tirarlas, sin restaurarlas. Tenían sus patas vacías devoradas por la carcoma, sin poder sostener sus repisas de mármol de la época. Un reto que otros profesionales no quisieron hacer ese trabajo. Y eso fue aquí en RD. Otro reto fue hace ya 25 años, en mi provincia restaurar una consola, de madera de jacaranda, la sacamos de un gallinero lleno de gallinas, estuvo allí años. Hasta que a los propietarios se les ocurrió rescatarla y restaurarla. Fue el mayor reto de mi vida en restauración. Y tengo un reto y está aquí en RD, es un Bureau de estilo Biedermeier. Es propiedad privada, me haría especial ilusión por varios motivos. Aparte es un estilo que me fascina.
P: Cuando el público ve una silla restaurada o un mueble histórico en un museo, rara vez piensa en el trabajo detrás. ¿Qué le gustaría que la gente comprendiera sobre la labor de los restauradores?
R: Mira: mencionas silla. Es el elemento más desagradecido, es difícil percibir todo el trabajo que conlleva y suele ser bastante. Al ver poca madera parece que el trabajo puede ser sencillo. Y suele ser enredado por tener muchas partes poco visibles que se trabajan. El trabajo de restauración es recuperar un objeto y debe hacerse de la mejor manera sin alterar como fue creado ese objeto. Con el máximo respeto por el ebanista que hizo ese mueble. Manteniendo la pátina antigua de esa madera. El restaurador ni puede ni debe inventar, sino mantener y conservar el máximo posible la originalidad de la pieza. Eso hace a veces que los procesos sean lentos y detallados. Se requiere una paciencia y metodología precisas de respeto por el artesano que creó ese mueble. Y siempre utilizando unos materiales reversibles y eficientes. En algunos casos son caros y escasos, esos materiales. Evidentemente muchas veces es un trabajo poco valorado. Aunque las personas que recurren a nosotros suelen tener una conciencia y cultura por el patrimonio.
P: ¿Cuáles son los retos en RD en los aspectos de la restauración y protección patrimonial?
R: Los retos principales son la máxima conciencia de que un objeto es patrimonio de toda la sociedad dominicana y forma parte de la historia nacional. Al margen de si ese objeto era de alguien bueno o malo para unos y otros. El objeto antiguo nunca puede formar parte de un juicio o prejuicio por quien era el propietario o quienes lo usaban. Forma parte de unos momentos del pasado del país, eso lo convierte en un objeto histórico, por consiguiente forma parte de la documentación histórica. Hay que hacer crecer conciencia hay iglesias por fumigar de los xilofagos, otras incluso intervenirlas con urgencia. Igual que edificios se están por caer o están olvidados actualmente y siguen formando parte de una crónica de este país.
P: Cuando usted tuvo frente a sí la silla presidencial del Palacio Nacional, ¿cuál fue el detalle más sorprendente que descubrió durante el proceso de restauración?
R: Pues que el escudo de la nación estaba bastante roto y pegado con cinta adhesiva por detrás para sujetar la palabra Dios. Le pegamos inmediatamente todo el escudo. Seguro que el usuario ni observó esa situación que estaba delicada y crítica. Tenía ciertas dificultades de estabilidad en la estructura.
P:. Después de trabajar tan de cerca con ese mueble histórico, ¿qué cree que diría la silla presidencial si pudiera hablar sobre la historia política dominicana que ha presenciado?
R: La silla presidencial y todo el mobiliario de cierto tiempo, realmente ya hablan. A veces relatan muchas cosas. Todo objeto habla de cómo se vivía en ese momento y argumenta para que se usaba y con qué fin. Al final cuenta cierta historia a veces parecen poco trascendentales, pero suelen ser la vida cotidiana de una época, muy diferente a la actual. Quisiera recordar a una amiga, y maestra Patricia Read. Fue una excelente defensora del patrimonio, era museóloga e interiorista. Fue dominicana, una de las precursoras de la protección patrimonial. En sus decoraciones algunas ocasiones utilizaba ciertas antigüedades, sabía transportarlas a unas decoraciones intemporales. Todas sus interiorismos fueron muy creativos, con cierta frescura caribeña, manteniendo aspectos anglosajones, siempre un carácter muy caribeño de una grandísima elegancia. Le daba toques muy personales, convertidos en su firma de cada obra. Ella marcó un estilo y un modo de crear interiores.
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