La noche del miércoles 18 de marzo, el Teatro Nacional Eduardo Brito fue escenario de la 41.ª edición de los Premios Soberano 2026, la gala más importante del arte y el entretenimiento dominicano. Pero más allá de las estatuillas y los aplausos, un gesto marcó la velada: la periodista Millizen Uribe, ganadora en la categoría de Programa de Temporada por Migrantes, caminó la alfombra roja con un vestuario que llevaba inscritos los nombres de víctimas de feminicidios en República Dominicana y de migrantes del mundo.
Es decir, no era un vestido. Era un manifiesto. Era mucho más que los "Rascacielos de cristal" que de forma genuina creó Luis Domínguez.
El acto de Uribe no fue un capricho estético ni una estrategia de marketing. Fue un grito silencioso en tela y tinta imaginada sobre el telar, una decisión consciente de convertir el glamour en denuncia. Y con ese gesto, la comunicadora dominicana se sumó a una tradición que, a lo largo de décadas, ha demostrado que las alfombras rojas pueden ser mucho más que pasarelas: pueden ser trincheras… Pero pocas dominicanas valientes, como Uribe, se atreven.
Millizen Uribe: la periodista que puso nombres a las cifras
Millizen Uribe es periodista, comunicadora y coproductora de Migrantes, el primer programa de temporada especializado en las migraciones que han impactado a República Dominicana. El espacio, producido junto a Gelen Gil Producciones y transmitido por Telesistema (canal 11), constó de 13 episodios que recorrieron la historia, la cultura, la gastronomía y las historias humanas detrás de los flujos migratorios que han moldeado la identidad dominicana.
Al recibir la nominación al Soberano, Uribe declaró: "Esto no es solo una nominación. Es el reconocimiento a historias contadas con respeto, rigor profesional y corazón".
Su decisión de llevar de manera simbólica los nombres de las víctimas en su vestuario cobra especial relevancia en un país donde, según datos de UNICEF se registraron 89 feminicidios en 2024 —una tasa de 1.5 por cada 100,000 mujeres—, un aumento respecto a los 69 casos de 2023. La crisis migratoria, por su parte, sigue siendo una de las realidades más complejas del Caribe y del mundo entero.
Uribe no solo ganó un premio: puso rostro —y nombre— a quienes ya no pueden hablar.



Una tradición global: cuando el vestuario habla más que el discurso
El gesto de Millizen Uribe no nace en el vacío. A lo largo de la historia de las grandes premiaciones, artistas de todo el mundo han utilizado la alfombra roja como plataforma de denuncia. Las más emblemáticas se convierten en el contra-discurso necesario del glamour cosificador de estas premuiaciones.
Sacheen Littlefeather: Oscar, 1973: el primer grito político
Fue el acto pionero, de una pionera En la ceremonia de los premios Oscar de 1973, el actor Marlon Brando ganó la estatuilla al Mejor Actor por El Padrino, pero no subió al escenario. En su lugar envió a Sacheen Littlefeather, activista y actriz indígena apache, quien —vestida con un atuendo tradicional de su pueblo— rechazó el premio en protesta por la representación errónea de los pueblos nativos en la industria cinematográfica. Littlefeather fue abucheada. Según la BBC, la Academia tardó 50 años en disculparse con ella, en agosto de 2022. Littlefeather falleció apenas semanas después, en octubre de ese mismo año.
Hollywood de negro: Globos de Oro, 2018: Time’s Up y #MeToo
Pasaron 45 años y en enero de 2018, la alfombra roja de los Globos de Oro se tiñó de negro. Más de 300 mujeres de la industria —entre ellas Meryl Streep, Natalie Portman, Reese Witherspoon, Salma Hayek y Eva Longoria— vistieron de luto en solidaridad con las víctimas de acoso sexual, en el marco de los movimientos #MeToo y Time’s Up, detonados por el escándalo del productor Harvey Weinstein. Y uno se pregunta, cuándo podría pasar esto en la República Dominciana, por eso cuando Uribe llevaba los nombres de las víctimas de feminicidio simbólicamente sobre su cuerpo se convierte en una denuncia aún más directa y personal.
Mon Laferte: Latin Grammy, 2019: "En Chile torturan, violan y matan"
En noviembre de 2019, en pleno estallido social chileno, la cantautora Mon Laferte llegó a la alfombra roja de los Latin Grammy en Las Vegas con un abrigo negro y un pañuelo verde al cuello —símbolo de la lucha por el derecho al aborto—. Frente a las cámaras, se descubrió el pecho. En su torso, escrito a mano, se leía: "En Chile torturan, violan y matan".
Según la BBC, "las redes sociales se llenaron de comentarios" calificándola de "valiente, poderosa, grande, ejemplo de coraje". Esa misma noche, Laferte ganó el Latin Grammy a Mejor Álbum de Música Alternativa y dedicó su discurso a Chile.
Lady Gaga: Oscar, 2016: los nombres en los brazos
En la ceremonia de los Oscar de 2016, Lady Gaga interpretó ’Til It Happens to You, canción sobre el abuso sexual nominada a Mejor Canción Original. Al final de la actuación, una cortina se abrió y decenas de sobrevivientes de agresiones sexuales caminaron hacia el escenario con mensajes escritos en sus brazos: "Sobreviviente", "Tú eres amor", "Invencible", "No es tu culpa".
La audiencia del Teatro Dolby estalló en una ovación de pie. Según reportes de AFP, "puede que haya sido uno de los momentos más emotivos de la historia de los premios Oscar".
Billy Porter: Oscar, 2019: el cuerpo como manifiesto de identidad
El actor Billy Porter llegó a la alfombra roja de los Oscar 2019 con un diseño del modisto Christian Siriano que desafió todos los cánones: de la cintura para arriba, un esmoquin clásico; de la cintura para abajo, un vestido de cola de terciopelo negro. El mensaje no estaba escrito en tela, sino en la propia elección: la ropa como declaración de identidad, diversidad y ruptura de estereotipos de género.
Joy Villa en el Grammy, 2017: el vestido como posición política
No toda protesta en alfombra roja va en la misma dirección. En los Grammy de 2017, la cantante Joy Villa desfiló con un vestido estampado con la leyenda "Make America Great Again" y el nombre de Donald Trump en la espalda. El gesto generó polémica inmediata y demostró que la moda en las premiaciones es, inevitablemente, un campo de batalla ideológico.
De la pasarela a la trinchera: ¿por qué importa?
Lo que conecta a Millizen Uribe con Sacheen Littlefeather, con Mon Laferte, con Lady Gaga y con las actrices de Hollywood vestidas de negro es algo más profundo que una decisión de vestuario: es la comprensión de que los espacios de visibilidad son espacios de poder.
República Dominicana registra cifras alarmantes de violencia de género. La crisis migratoria en el Caribe —con flujos de haitianos, venezolanos y cubanos— sigue siendo una de las más complejas de la región. Millizen Uribe, desde un programa de televisión premiado y desde un vestido en una gala, eligió no mirar para otro lado.
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