El diálogo del gobierno dominicano con los sectores productivos, asociaciones empresariales, organizaciones políticas y entidades de la sociedad civil, es positivo y debe continuar, en particular para proteger –ojalá se pueda blindar– la economía de los sectores más desprotegidos y que las alzas del petróleo, de los combustibles en general, de la energía y de los alimentos no se convierta en un nuevo factor de empobrecimiento.

Es lo que ha dicho el gobierno, desde el presidente hasta los comisionados por él para los diálogos con los líderes de la oposición, y lo que han propuesto los ex presidentes de la República con los que se ha hablado, y lo que teóricamente sugieren los líderes empresariales.

El mundo está expuesto a desafíos importantes. Por la inestabilidad general, la incertidumbre en la economía mundial, la guerra en el Oriente Medio y las complicadas decisiones que adopta el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que pocos la entienden y la aceptan, como el bloqueo total al Estrecho Ormuz.

Ante una situación tan incierta y dolorosa, el pacto anunciado de cese al fuego por parte de Israel contra El Libano, es un alivio, pero eso no resuelve los muchos problemas existentes.

Ya tuvimos momentos para el diálogo común, entre gobierno y oposición, con la pandemia del COVID y con el agravamiento de la crisis en Haití. Es esta crisis internacional una oportunidad nueva de volver a poner el país por encima de los intereses políticos y económicos individuales

Valoramos el esfuerzo del gobierno en dialogar con los políticos y los empresarios. Debe incluir a las organizaciones de la sociedad civil, que son importantes; a los representantes sindicales, organizaciones populares representativas, e incluso, a los partidos políticos que no han alcanzado la presidencia de la República en este siglo, o que no tienen ni han tenido presidentes de la República.

Esta crisis es también una oportunidad. Se ha dicho que toda crisis trae consigo las fórmulas para salir de ella. Esta crisis, lejana y cercana a la vez, rompe la inercia y nos obliga a revisar estructuras, decisiones o modelos que antes no se cuestionaban. Seguíamos cada quien por su lado, atendiendo y protegiendo sus intereses. Es mucho más llevadero si nos ponemos de acuerdo y actuamos en conjunto, sin renunciar a la identidad de cada quien. Encontrar los puntos de coincidencia, o como diría cualquier ciudadano comprometido, encontrar los puntos en que estamos unidos para amar y salvar a nuestro país.

Con este ensayo de diálogo y concertación del gobierno con actores y sectores diversos, se establece una forma nueva de llevar la cosa pública, como responsabilidad central, del gobierno, y co responsabilidad de los demás actores y protagonistas, para dialogar y buscar soluciones de consenso, sin que ello sea aprobación o reducirse a la insignificancia.

Ya tuvimos momentos para el diálogo común, entre gobierno y oposición, con la pandemia del COVID y con el agravamiento de la crisis en Haití. Es esta crisis internacional una oportunidad nueva de volver a poner el país por encima de los intereses políticos y económicos individuales de los partidos o de los empresarios, para crear espacios de concertación, en un mundo cada día más desorbitado y desconcertante.