Las economías periféricas de América Latina y el Caribe enfrentan de manera recurrente las réplicas de la política monetaria restrictiva de la Reserva Federal (FED) de los Estados Unidos.

Esto es constante, de hecho, para la República Dominicana, avanzar hacia un desarrollo económico acelerado e inclusivo los planificadores y economistas han tenido que comprender que la inestabilidad financiera global no responde a eventos aislados ni coyunturales, sino a ciclos endógenos de fragilidad provocados por el manejo, casi siempre conservador, de las tasas de interés internacionales

Ante un panorama externo marcado por el encarecimiento del crédito y la volatilidad de los activos de renta fija, tal como anunció la FED la noche del pasado miércoles,  el país debe extraer lecciones fundamentales para proteger su aparato productivo sin caer en las trampas del ajuste recesivo.

Los académicos economistas de la Universidad de La Salle, en Colombia, Gonzalo Combita Mora y Gilberto Ortiz Sierra, han demostrado cómo la adopción dogmática del monetarismo por parte de la FED ha generado una constante desestabilización en las economías en desarrollo desde 1965, es decir, hace seis décadas. 

Según estos especialistas, el capitalismo mundial mutó de un modelo impulsado por la industria y la demanda agregada hacia uno dominado por la financiarización y la especulación. En este contexto, la respuesta habitual de la FED para contener la inflación —mediante alzas agresivas de la tasa de interés de intervención— termina desvalorizando los activos de renta fija y contrayendo el crédito bancario, lo que estresa los balances tanto del sector financiero internacional como de los agentes endeudados en los países periféricos.

Una lección aprendida para la región radica en la memoria histórica de la década de 1980, cuando se produjo el devastador impacto del denominado "Efecto Volcker", periodo en el que la FED elevó vertiginosamente los tipos de interés (alcanzando hasta un 19%), encareciendo de forma insostenible el servicio de la deuda externa contraída en dólares por las naciones latinoamericanas. 

Este choque no solo provocó masivos incumplimientos de deuda soberana, sino que fracturó las trayectorias de largo plazo del crecimiento del PIB, la productividad laboral y la capacidad de generación de puestos de trabajo en toda América Latina.

La literatura económica también se apoya, para explicar el fenómeno, en el economista coreano Ha-Joon Chang y su concepto de "patear la escalera", señalando que el endeudamiento externo fue utilizado como mecanismo para desmantelar las estrategias de desarrollo productivo y la sustitución de importaciones en el continente. 

A través de las rondas de negociación de la deuda y los programas de ajuste estructural del FMI y los planes Baker y Brady, se impuso la apertura indiscriminada, la desregulación financiera y la austeridad fiscal. El resultado para América Latina fue un cambio estructural considerado regresivo para los economistas del bienestar y el desarrollo: cuatro décadas de bajo crecimiento económico, colapso de la productividad total de los factores y una severa caída en la elasticidad empleo-PIB.

Desde el campo de la teoría heterodoxa, especialistas como Hyman Minsky y Eric Tymoigne explican por qué la ortodoxia monetaria falla al intentar estabilizar los precios mediante choques de tasas. Tymoigne señala que en escenarios especulativos es conveniente mantener tasas de interés bajas y estables, pues un alza abrupta desata una desmedida preferencia por la liquidez y la liquidación de activos a pérdida. Minsky, en su teoría, demuestra que el encarecimiento del financiamiento desplaza la curva de oferta de capital, frena la inversión productiva e industrial y expande las actividades extractivas de renta financiera, destruyendo la base del empleo productivo.

En contrapunto con esta mirada macroeconómica y estructural, Leonardo Marín Paniagua y Mercedes Chacón Vásquez, de la Universidad de Costa Rica,  ofrecen una postura técnico-institucional centrada en la gestión financiera defensiva de los bancos centrales locales. A partir del análisis para la región centroamericana y el caso del Banco Central de Costa Rica (BCCR), destacan que las decisiones de la FED influyen directamente en la evolución de las tasas de interés y en los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. 

Por esto, sostienen que los bancos centrales de economías pequeñas y abiertas deben modernizar la gestión de sus Reservas Internacionales Netas (RIN) para blindar el patrimonio público ante las fluctuaciones externas; proponen la implementación de modelos econométricos cuantitativos que permiten pronosticar con precisión la curva de rendimientos incorporando variables macroeconómicas clave de EE.UU. como el CPI, la regla de Taylor y el PMI. Estas herramientas objetivas permiten a los gestores de reservas anticipar tendencias alcistas de tipos y estructurar posiciones financieras en corto para mitigar pérdidas patrimoniales y asegurar rendimientos positivos.

Al comparar ambas posturas, queda en evidencia que no se trata de visiones contradictorias, sino de niveles complementarios de acción económica. Mientras hay quienes advierten sobre el error de replicar ciegamente las subidas de tasas de la Fed a nivel local —revelando que la inflación periférica responde a tensiones distributivas y depreciaciones cambiarias más que a excesos de demanda—, también está la implementación rauda de los instrumentos cuantitativos necesarios para que la autoridad monetaria administre con éxito la liquidez externa sin resignar la estabilidad interna.

Con una mirada de la economía del desarrollo y del bienestar, la recomendación estratégica para la República Dominicana es proteger su aparato productivo e industrial de los efectos de la restricción monetaria externa. El país debe evitar responder a los choques de la FED con un sesgo de austeridad fiscal o una elevación desproporcionada de los tipos locales que estrangule el crédito a la inversión nacional.

Siguiendo el enfoque minskiano, es imprescindible contar con un Estado activo ("Gran Gobierno") que mantenga el soporte de la inversión pública y fomente la sofisticación de la estructura productiva. Otra recomendación es que la política macroeconómica dominicana priorice la productividad laboral y la creación de empleo formal por encima de los objetivos exclusivamente nominales, sabemos que se ha avanzado al respecto, pero se requiere ahora más

Las evidencias de las últimas décadas demuestran que las políticas de flexibilización y desregulación financiera reducen la elasticidad empleo-PIB y deterioran la calidad de vida. Para acelerar el desarrollo en un entorno internacional adverso, la República Dominicana debe implementar políticas de desarrollo productivo dirigidas, protegiendo sectores estratégicos y capacitando la fuerza de trabajo para romper la trampa del bajo crecimiento estancado.

Es decir, el camino para acelerar el desarrollo de la República Dominicana no reside en subordinar al ciclo financiero fijado en Washington ni en desmantelar el rol regulador y promotor del Estado. Un blindaje financiero riguroso, combinado con una política productiva decidida en la economía real, constituirá la mejor garantía para transformar el álgido panorama externo en un impulso duradero hacia la anhelada prosperidad nacional