Desde hace semanas el poder judicial ha estado sometido a presión, por parte del personal que imparte justicia en todo el país, a través de los diversos departamentos de esa dependencia estatal. Las quejas son variadas, y entre ellas se introducen consideraciones de carácter político, de críticas al presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis Henry Molina, a quien se acusa de político y de no escuchar a sus subalternos.
Luis Henry Molina ha sido un factor importante en la modernización y actualización del poder judicial. Ha llevado a cabo tareas difíciles, como la eliminación de la mora judicial, la incorporación de las nuevas tecnologías en el poder judicial o la apertura del diálogo entre jueces y sociedad. Hay quejas, sin embargo, que deben ser ponderas y vistas en un contexto más amplio que el de la paralización que se está proponiendo para mañana en todos los tribunales del país.
El presidente de la Suprema Corte de Justicia ha contado con apoyo y con rechazo de diversos sectores. Es un hombre inteligente, pragmático, que sabe conducir su rol en medio de las dificultades. Se ha hablado de intereses encontrados, de selectividad y tendencia favorable a determinados procesados y a casos que son muy sensibles. Incluso se ha hablado de su cambio de tendencia política, porque antes fue orgánicamente del Partido de la Liberación Dominicana, del que se retiró cuando terminó siendo escogido para presidir la Suprema Corte de Justicia. Hay quienes le acusan, utilizando sus propias palabras, de haberse formado políticamente, y no precisamente para ser un juez.
¿Quién quita que la paralización del poder judicial de mañana 21 de mayo esté vinculado, enlazada, amarrada, a esa evaluación, y que tenga por objetivo eliminar cualquier posibilidad de que el CNM entienda que Luis Henry Molina podría ser una opción viable para continuar?
Estos reclamos que se hacen a la Suprema Corte de Justicia, de mejoras salariales, mejores condiciones de trabajo, deben analizarse a partir de un presupuesto asignado al poder judicial, del que no puede soltarse tan fácilmente, porque los mecanismos de control y de rigor en la aplicación presupuestaria tiene consecuencias graves en la gestión pública. Y los jueces lo saben.
La cara del poder judicial es otra a la conocida en los años anteriores, luego de las reformas puestas en marcha por el magistrado Jorge Subero Isa y su equipo, y luego de los retrocesos vinculados al presidente de la SCJ, Mariano Germán. Aunque respondiendo -probablemente- intereses vinculados con la política partidaria, Luis Henry Molina ha cuidado las formas y ha hecho una gestión bien llevada. Que desee seguir al frente del poder judicial es otra cosa. Sobre ello se habla mucho.
Esta paralización de las labores en el poder judicial ocurren cuando el Consejo Nacional de la Magistratura se prepara para “evaluar” a 11 jueces de la Suprema Corte de Justicia, incluyendo a su presidente, Luis Henry Molina. Como hemos visto, no hay un método para la evaluación. En el CNM se toman decisiones políticas, porque sus miembros son políticos, y tienen partidos y evalúan corrientes y tendencias.
¿Quién quita que la paralización del poder judicial de mañana 21 de mayo esté vinculada, enlazada, amarrada, a esa evaluación, y que tenga por objetivo eliminar cualquier posibilidad de que el CNM entienda que Luis Henry Molina podría ser una opción viable para continuar? No lo sabemos, pero es una posibilidad. Y por esa razón, entre los jueces que encabezan la paralización y la Suprema Corte de Justicia, no hay posibilidad de acuerdo, o no está a la vista que se produzca un acuerdo. Si ocurriera podría llamarse “un acuerdo milagroso”.
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