Seguramente le ha ocurrido. Termina de almorzar en un restaurante, el servicio fue excelente y desea reconocer el esfuerzo del mesero con una buena propina. Sin embargo, al buscar en su billetera descubre que no tiene un solo billete. Pagó toda la cuenta con su tarjeta o con el teléfono, pero el efectivo, que durante décadas fue el medio tradicional para agradecer un buen servicio, cada vez está menos presente en nuestros bolsillos.
La situación se repite todos los días. El joven que cuida los vehículos, quien ayuda a cargar las compras del supermercado, el repartidor que llegó bajo la lluvia o la persona que resolvió una emergencia un domingo en la tarde prestan un servicio que muchas veces queremos reconocer, pero la falta de efectivo termina convirtiéndose en una barrera. La intención existe; lo que falta es un mecanismo sencillo para expresar ese agradecimiento.
Precisamente ahí es donde comienza una transformación silenciosa en la forma de realizar pequeños pagos. Hace algunos meses el Banco Popular puso a disposición de sus clientes Toke, una plataforma de pagos digitales autorizada por la Superintendencia de Bancos que permite enviar y recibir dinero utilizando únicamente el número de teléfono celular o mediante un código QR.
Las transferencias se realizan de manera inmediata, están disponibles las 24 horas del día y, entre usuarios del Popular y Qik, no generan comisiones. Incluso permite que personas que nunca han tenido una cuenta bancaria puedan abrir una cuenta digital desde su propio teléfono en cuestión de minutos.
Más allá de sus características tecnológicas, lo realmente interesante es el problema que ayuda a resolver. Las propinas y los pequeños aportes económicos tienen una naturaleza distinta a la de las transferencias tradicionales. Son montos relativamente pequeños, espontáneos y frecuentes. Solicitar un número de cuenta bancaria o pagar una comisión para enviar doscientos, quinientos o mil pesos hace que muchas personas simplemente desistan. Cuando basta con escanear un código QR o escribir un número de celular, esa fricción prácticamente desaparece.
Por esa razón considero que el sector de restaurantes, hoteles y servicios tiene una gran oportunidad. Imagine que cada mesa de un restaurante disponga de un pequeño código QR asociado directamente al mesero que atendió al cliente. Si el servicio fue excelente, el cliente solo tendría que escanear el código, indicar el monto y confirmar la operación. En pocos segundos, la propina llegaría directamente al trabajador, sin necesidad de efectivo y con plena transparencia sobre su destino.
El mismo modelo puede extenderse a barberías, salones de belleza, repartidores a domicilio, parqueadores, guías turísticos, taxistas, personal de limpieza y muchos otros oficios donde las propinas representan una parte importante del ingreso. No se trata de sustituir el efectivo por obligación, sino de ofrecer una alternativa práctica para quienes cada día utilizan menos billetes y monedas.
Pero los beneficios van mucho más allá de la comodidad. Cuando un trabajador comienza a recibir sus ingresos mediante una cuenta digital a su nombre, también empieza a construir un historial financiero. Ese registro puede convertirse, con el tiempo, en la puerta de entrada para acceder a créditos, adquirir una vivienda, financiar un pequeño negocio o realizar inversiones. La inclusión financiera deja entonces de ser un concepto técnico para convertirse en una oportunidad concreta de mejorar la calidad de vida de miles de personas.
También existe un componente importante de seguridad. Mientras menos efectivo circula, menor es el riesgo de pérdidas, robos o errores al manejar dinero físico. Tanto los clientes como los trabajadores pueden realizar sus operaciones con mayor tranquilidad y conservar un registro electrónico de cada transacción.
La utilidad de estas plataformas tampoco se limita a las propinas. Hoy pueden facilitar colectas para un compañero enfermo, aportes a iglesias y organizaciones comunitarias, ayudas familiares, contribuciones solidarias o pagos a pequeños emprendedores que venden productos desde sus hogares. Son operaciones de bajo monto que antes dependían casi exclusivamente del efectivo y que ahora pueden realizarse desde un teléfono móvil en cuestión de segundos.
Naturalmente, la tecnología nunca sustituye el sentido común. Antes de confirmar cualquier transferencia conviene verificar cuidadosamente el número telefónico o el código QR del destinatario, mantener actualizadas las aplicaciones y proteger las claves de acceso. La seguridad continúa dependiendo, en gran medida, de los hábitos responsables del propio usuario.
También es importante recordar que la propina sigue siendo un reconocimiento voluntario al buen servicio. Ninguna aplicación debe convertir ese gesto en una obligación automática. La tecnología únicamente facilita que quien desee agradecer pueda hacerlo de forma rápida, transparente y segura.
Estamos entrando en una economía donde el efectivo pierde protagonismo frente a los pagos digitales. Esa transformación ya llegó a las compras, al transporte, a las transferencias y ahora comienza a alcanzar algo tan cotidiano como las propinas.
Quizás dentro de pocos años resulte tan natural escanear un código para agradecer un buen servicio como hoy lo es pagar una factura con el celular.
Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.
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