Hace unas semanas el titular recorrió el país: la República Dominicana salió del mapa mundial del hambre, y de inmediato, en la calle, en los grupos de WhatsApp y en más de una tarima, la frase se convirtió en otra: “aquí ya nadie pasa hambre”. Esa segunda frase la FAO nunca la dijo, y conviene entender por qué, porque en la distancia entre una y otra está toda la lección.

Empecemos por lo que sí ocurrió. El 21 de julio de 2026, al presentar su informe anual sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, la FAO informó que la prevalencia de subalimentación en la República Dominicana bajó del 2.5% de la población. Eso fue todo. No hubo certificado, no hubo declaratoria, no hubo un documento donde alguien firmara que el hambre terminó. La FAO no hace eso con ningún país. Lo que hace es publicar números.

¿Qué número es ese? Se llama prevalencia de subalimentación, y aquí hay que ir despacio.

Imagínese que usted quiere saber si en un barrio la gente come lo suficiente. Lo exacto sería tocar puerta por puerta y pesar cada plato. Eso es carísimo y nadie lo hace. Entonces la FAO arma un atajo estadístico con tres piezas.

Primera pieza: cuántas calorías hay disponibles en el país. Se calcula con las hojas de balance de alimentos, es decir, lo que se produce, más lo que se importa, menos lo que se exporta, menos lo que se pierde o se destina a los animales. De ahí sale un promedio de calorías por habitante.

Segunda pieza: cómo se reparten esas calorías. Porque un promedio esconde desigualdad. Con las encuestas de ingresos y gastos de los hogares se estima qué tan disparejo es el consumo entre ricos y pobres.

Tercera pieza: cuántas calorías necesita como mínimo un dominicano promedio, según la edad, el sexo y la estatura de la población.

Con esas tres piezas se arma un modelo de probabilidad y sale el porcentaje de personas que, de manera crónica, no alcanzan el mínimo. Atención a la palabra crónica: se refiere a insuficiencia sostenida durante al menos un año, no al vecino que hoy no desayunó.

El detalle que casi nadie explicó

Ese modelo tiene margen de error. Cuando el resultado cae por debajo de 2.5%, la FAO deja de publicar una cifra exacta y escribe simplemente “menos de 2.5%”. No porque sea cero, sino porque el margen de error resulta más grande que el propio número. Es un cero estadístico, no un cero real, y tampoco es el dato de un año: es el promedio de tres, en este caso 2023 a 2025.

Traduzcámoslo a lenguaje de banco. Es como si su estado de cuenta dijera que el saldo está “por debajo del monto mínimo registrable”. Eso no significa que la cuenta esté vacía. Significa que el sistema dejó de mostrarlo.

Ahora bien, sí es un logro. En el trienio 2004 a 2006 ese indicador estaba en 21.3%. Bajar de ahí hasta menos de 2.5% en dos décadas es una trayectoria real y sostenida, apoyada en más producción agropecuaria, en programas sociales de cobertura amplia y en un ingreso real que mejoró. Somos apenas el quinto país de América Latina en llegar, después de Uruguay, Brasil, Costa Rica y Guyana. Eso merece reconocimiento sin regateo.

Pero el mismo informe, el mismo día, trae otro dato que casi nadie repitió: el 41.3% de la población dominicana vive en inseguridad alimentaria moderada o grave, unos 4.7 millones de personas, y cerca del 16%, alrededor de 1.9 millones, está en inseguridad grave, gente que reportó que se le acabó la comida o pasó un día entero sin comer por falta de dinero. Ese indicador se llama FIES y no sale de un modelo: sale de preguntarle directamente a los hogares.

¿Cómo caben los dos números en el mismo documento? Miden cosas distintas. Uno mide si hay calorías suficientes en el país. El otro mide si usted pudo comprarlas. Un país puede tener comida de sobra en los almacenes y familias que no alcanzan a pagarla.

El gobierno tomó el primer número y lo convirtió en campaña: actos, titulares, felicitaciones, invitación a Roma. El segundo número, que salió del mismo informe y el mismo día, no llegó a las tarimas. No hubo mentira, hubo selección, y en comunicación pública, seleccionar también es una manera de contar.

¿Qué hacemos nosotros con esto? Tres cosas. Celebrar lo que es cierto, porque lo es. Exigir que el debate se mueva de las calorías al bolsillo: cuánto cuesta hoy una dieta saludable, cuánta gente puede pagarla, qué pasa con la obesidad, que ya alcanza a uno de cada tres adultos, y acostumbrarnos a leer la cifra completa, no el titular. Porque salir del mapa no es lo mismo que salir del problema.

Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.

Jesús Geraldo Martínez

Economista

Dominicano, consultor, con amplia experiencia profesional en regulación y supervisión del sector financiero, destacado por sus conocimientos en gerencia, finanzas bancarias, gestión de riesgos, administración y optimización de portafolios, investigación económica, planificación estratégica, análisis de riesgos financieros y sectoriales, análisis y estructuración de bases de datos, econometría, estadística, diseño y aplicación de modelos de pruebas de estrés.

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