Un «petrodólar» conlleva una cierta sensación de poder. Si se combina el petróleo —una materia prima que pocos tienen pero que todos necesitan— con el dólar —la moneda del país más poderoso del mundo— surge una fuerza monetaria que hay que considerar. No es de extrañar, por lo tanto, que los rumores sobre el reemplazo de estos dólares con un «petroyuan» chino, como resultado de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, hayan generado una sensación de inquietud ante los cambios fundamentales en el equilibrio del poder económico y político.
La moneda china poco a poco está ganando terreno en el sistema financiero global. Sin embargo, por ahora carece de un aspecto fundamental de lo que hizo tan importante al petrodólar, y sigue estando lejos de amenazar el papel de la moneda estadounidense como activo de reserva. Esto se debe a que el modelo económico de China depende de su propia acumulación incesante de activos en dólares, y son estos «chinodólares», y no ningún tipo de petromoneda, los que en la actualidad dominan las finanzas.
El petrodólar, como concepto, suele vincularse a un acuerdo de 1974 que Henry Kissinger firmó con Arabia Saudita tras el primer choque petrolero y el abandono de la paridad del dólar con el oro. Kissinger era entonces secretario de Estado del presidente estadounidense Richard Nixon. La esencia de su acuerdo era que los sauditas venderían su petróleo por dólares y, a cambio, EE. UU. proporcionaría garantías de seguridad. Los compradores y vendedores de petróleo de menor envergadura siguieron su ejemplo.
Ese acuerdo básico se mantuvo durante unos 50 años, pero ahora está en entredicho. China quiere comprar petróleo en su propia moneda, el yuan, y ha estado desarrollando la infraestructura necesaria para ello, como su propio Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS, por sus siglas en inglés). Rusia, sometida a fuertes sanciones, se muestra favorable a esta idea. Irán, también, prefiere no vender petróleo en la moneda de su enemigo. EE. UU., con abundantes reservas de petróleo de esquisto, ya no es un importador neto, por lo que la moneda con la que desea pagar ya no es un problema. De ahí el surgimiento de un «petroyuan».
Sin embargo, lo importante del acuerdo de Kissinger no fue tanto el uso del dólar para pagar el petróleo, sino el acuerdo implícito de que los sauditas conservarían los dólares así obtenidos. Fue la reinversión de estos dólares del Medio Oriente lo que generó la avalancha de liquidez internacional en dólares que comenzó en la década de 1970 y que continúa hasta el día de hoy: dólares para financiar aviones, para financiar el comercio, para financiar naciones. Es mejor pensar en un petrodólar no como un dólar entregado para comprar un barril de petróleo, sino como un dólar de ganancias petroleras en busca de un destino de inversión.
Hoy en día no existen las mismas condiciones para un petroyuan. Rusia convierte rápidamente los yuanes que obtiene de la venta de petróleo a China en importaciones de drones y vehículos todoterreno. Para reconstruirse, Irán necesitará gastar en importaciones cada dólar o yuan que pueda obtener. Los productores de petróleo del Golfo tampoco cuentan ya con superávits comerciales tan enormes, por lo que es muy probable que cualquier yuan que obtengan se destine a importaciones procedentes de China. Este es un buen contexto para aumentar el uso del yuan en las transacciones comerciales, lo cual está ocurriendo rápidamente, pero no para crear una reserva de petroyuanes en el extranjero. Las transacciones en yuanes del comercio de bienes de China alcanzaron un máximo histórico del 33,5 % del total entre marzo y abril de 2026, según datos del Banco Popular de China (PBoC, por sus siglas en inglés) reportados por Citi.
En la medida en que los inversionistas del Golfo terminen con un excedente de yuanes, tendrán dificultades para invertirlos. China está saturada de ahorros internos. Los rendimientos de los bonos son bajos y, de todos modos, es difícil acceder a los mercados financieros internos de China debido a los controles de capital. La emisión de los llamados bonos «dim sum», que permiten el endeudamiento y los préstamos en yuanes desde el extranjero, ha aumentado rápidamente, pero el mercado aún carece de suficiente profundidad y liquidez.
El equivalente moderno de los petrodólares de Arabia Saudita no son las ganancias de los exportadores de petróleo; más bien, son los dólares obtenidos de los enormes superávits comerciales de los fabricantes de Asia Oriental —como China, Corea del Sur y Taiwán—, los cuales deben reinvertirse en el sistema financiero global a un ritmo de más de US$ 1 billón al año. Mantener ese superávit es fundamental para el modelo económico de estos países. La oferta de estos «chinodólares» eclipsa cualquier volumen verosímil de petroyuanes.
El llamado dilema o paradoja de Triffin, que lleva el nombre del economista Robert Triffin, sostiene que la única forma de proporcionar una moneda de reserva es tener un déficit comercial, lo cual socavaría el estatus de la moneda como reserva segura. No obstante, EE. UU. sigue haciéndolo. Lo que resulta totalmente inverosímil es que China proporcione un activo de reserva mientras registra un masivo superávit comercial.
Los «chinodólares» de China moldean el sistema financiero mundial tal como lo hicieron los petrodólares en la década de 1970.
Una de las principales influencias en el precio del oro, por ejemplo, ha sido el aumento de las reservas de lingotes de China a cambio de sus dólares. Las ganancias en dólares acumuladas y no remitidas de los exportadores chinos circulan por los bancos internacionales. Para EE. UU., comprar los productos del mundo y pagarlos con depósitos en dólares, letras del Tesoro y acciones de SpaceX con una valoración de US$ 2 billones sigue siendo un negocio bastante ventajoso.
«Quien controla el dinero puede controlar el mundo» es una cita que a menudo se le atribuye a Kissinger, aunque no hay evidencia de que él alguna vez la haya dicho, y parece poco probable que un hombre tan familiarizado con el poder duro lo creyera. Lo que sí es cierto es que hay pocos indicios de que el dólar esté perdiendo el control del sistema financiero mundial. Mientras China esté decidida a mantener su superávit comercial y sus controles de capital, ningún volumen de pagos en yuanes, ya sea por petróleo o por cualquier otra cosa, cambiará esa realidad.
Robin Harding. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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