China es famosa por impulsar el crecimiento con entusiasmo, por lo que se le dio mucha importancia a su reciente decisión de reducir su objetivo del producto interno bruto (PIB) al 4.5-5 por ciento. Pero éste fue un cambio marginal, y las irracionales esperanzas de China en cuanto al crecimiento representan un problema cada vez mayor para el mundo.

El objetivo no se basa en la economía. Es un objetivo político que refleja la ambición de Beijing de superar a EEUU y convertirse en una economía desarrollada para 2035. Con el fin de alcanzar ese objetivo, Beijing ha estado invirtiendo en exceso durante años, pero últimamente ha estado exportando con precios por debajo del costo de producción, o "dumping", el exceso de producción que no puede vender en el mercado doméstico.

En el pasado, los volúmenes de exportación de China aumentaban con los precios; en esta década, Beijing ha reducido los precios de exportación en casi un 20 por ciento, lo que ha provocado un aumento del 40 por ciento en el volumen.

El auge de las exportaciones, junto con la debilidad de las importaciones, aumentó el superávit comercial de China el año pasado en un 20 por ciento, hasta alcanzar la cifra récord de US$1.2 billones.

Las exportaciones netas representaron casi un tercio del crecimiento del PIB en 2025, una proporción excesiva incluso para los estándares de China. En términos de porcentaje del PIB mundial, ningún país ha tenido nunca un superávit comercial mayor, ni siquiera Japón en su apogeo durante la década de 1980.

La ofensiva de "dumping" de China está desindustrializando a los exportadores rivales de todo el mundo, paralizando las fábricas de automóviles en Tailandia y las plantas textiles en Indonesia.

Fila para repostar antes de un aumento del precio de la gasolina a nivel nacional anunciado que entrará en vigor a partir de la medianoche, en Nanjing, en la provincia oriental china de Jiangsu, el 9 de marzo de 2026. (Foto de CN-STR / AFP)

En toda Asia, los países donde las importaciones chinas están aumentando más rápidamente también tienden a tener el crecimiento del empleo más bajo.

Más de 50 de las 70 economías más grandes del mundo han tomado medidas para defenderse del "dumping" chino. Los líderes de Francia y Alemania se han quejado directamente a Xi Jinping sobre las prácticas comerciales de Beijing.

Sin embargo, el ritmo de las nuevas medidas proteccionistas se ralentizó el año pasado, ya que muchos países centraron su atención en los ataques por parte de EEUU.

En mis recientes viajes por Europa, el Medio Oriente y Asia, los legisladores de varios países señalaron que no pueden librar una guerra comercial mundial en dos frentes, por lo que se han concentrado en gestionar la amenaza más volátil de los aranceles de Trump. Esto facilita que China siga practicando el "dumping" con su excedente de producción.

La raíz del problema es el objetivo de crecimiento del país. De las casi 40 naciones que ascendieron a la categoría de países desarrollados después de la Segunda Guerra Mundial, ninguna se enfrentó a los dos obstáculos a los que se enfrenta China en la actualidad: la despoblación y la deuda masiva.

Ninguna otra gran nación en la historia ha logrado mantener un crecimiento superior al 2 por ciento con una fuerza laboral en declive. Y, con un 340 por ciento del PIB, la deuda total de China es, por mucho, más elevada que la de cualquier otra economía emergente.

Beijing está tratando de lograr un milagro históricamente improbable. Dado su declive demográfico, China solo puede alcanzar su objetivo aumentando la producción por trabajador, pero mantener un crecimiento de la productividad global cercano al 5 por ciento sería una hazaña sin precedentes en esta etapa de desarrollo.

Últimamente, China ha estado avanzando en la dirección opuesta. El crecimiento de la productividad incluye las contribuciones de la mano de obra, el capital y un "factor total" crítico que tiene como objetivo capturar cuánto crecimiento está sacando la mano de obra de la inversión.

El grupo de estudios The Conference Board estima que este tercer factor clave ha caído casi a cero en esta década, lo que implica que China solo está generando crecimiento mediante una mayor inversión.

China sigue inyectando crédito para financiar más inversiones, pero sobre todo está acumulando una mayor deuda. Para generar US$1 de crecimiento del PIB en China, ahora se necesitan US$6 de nueva deuda, frente a US$1 de deuda de hace dos décadas.

Beijing está contando con la inversión en nuevas tecnologías, incluyendo la inteligencia artificial (IA), para impulsar la productividad, pero es altamente improbable que ese impulso sea lo suficientemente grande como para mantener un crecimiento de la productividad cercano al 5 por ciento.

La tasa de crecimiento potencial real de China probablemente se sitúa entre el 2 y el 3 por ciento.

Durante décadas, los observadores externos le han dicho a Beijing que podría generar un crecimiento más estable y apaciguar a sus socios comerciales al mismo tiempo: basta con cambiar el enfoque de las exportaciones al consumo interno. Es cierto que el consumo representa una parte relativamente pequeña de la economía china, pero no porque haya sido "reprimido", como dice la sabiduría convencional.

A pesar del reciente debilitamiento, el gasto de los consumidores ha crecido a un ritmo anual del 5 por ciento en esta década, más rápido que en cualquier otra economía importante.

Si bien los consumidores chinos han aumentado su tasa de ahorro durante los últimos años, esto es más una reacción a su elevada carga de deuda y a las pérdidas en el mercado inmobiliario, que una señal de que tienen un amplio margen para aumentar su gasto.

El verdadero problema es que la inversión sigue creciendo más rápido que el consumo, lo que obliga a China a inundar el mundo con su exceso de producción. Las exportaciones chinas, las cuales actualmente ascienden a US$3.8 billones al año, recientemente han superado, por primera vez, a las importaciones estadounidenses, y la brecha está aumentando.

Si la administración Trump cree que EEUU está siendo "estafado" en el comercio mundial, debería centrarse menos en luchar contra sus socios y más en la ofensiva exportadora de China, así como en la inspiración que hay detrás de ella: el objetivo de crecimiento. Ese objetivo es completamente irreal, perjudicial para el mundo y autodestructivo para China.

(Ruchir Sharma. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

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