El ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, planteó la necesidad de fortalecer desde las primeras etapas de formación el vínculo de los estudiantes con el sector agropecuario, con el objetivo de desarrollar las capacidades que permitan a las nuevas generaciones acceder a mayores oportunidades laborales, de emprendimiento y desarrollo profesional.
De Camps sostuvo que la preparación del capital humano que necesita el agro no puede comenzar únicamente cuando los estudiantes llegan a la Educación Secundaria y deben elegir una modalidad.
“La cultura agropecuaria empieza desde antes: con ciencias, matemáticas, educación medioambiental, sostenibilidad, conocimiento del territorio, tecnología, emprendimiento y comprensión del valor que tienen la producción y los alimentos para la vida de una sociedad”, expresó.
El ministro destacó que el país ya cuenta con una base de formación relacionada con la agropecuaria y la agroindustria en 17 regionales, 44 distritos educativos y 51 politécnicos, donde están matriculados 2,610 estudiantes.
Azua, La Vega, San Cristóbal, Santiago y San Juan de la Maguana concentran 1,651 estudiantes, equivalentes al 63.3 % de esa matrícula.
La oferta incluye las áreas de Producción Agropecuaria, Industrias Alimentarias, Conservación del Medio Natural y Análisis Químico-Farmacéutico, con la mayor cantidad de estudiantes concentrada en Producción Agropecuaria.
De Camps consideró que el desafío no consiste únicamente en aumentar la matrícula, sino en determinar dónde debe crecer la oferta educativa, qué títulos requiere cada territorio, qué capacidades docentes deben fortalecerse y qué talleres y laboratorios hacen falta para conectar la formación con las necesidades del sector productivo.
El reto de anticipar las necesidades del agro
El funcionario informó que el Ministerio de Educación trabaja en la actualización de la oferta curricular de la familia profesional agropecuaria y en una cartera de títulos que responda a las nuevas necesidades de producción y transformación.
De Camps sostuvo que la relación entre educación y producción debe pasar de un modelo reactivo a uno anticipatorio, que permita identificar desde ahora los perfiles profesionales y las capacidades que necesitará el agro dominicano dentro de cinco o diez años.
En ese sentido, defendió la Educación Técnico-Profesional como una trayectoria formativa capaz de abrir oportunidades de continuidad educativa, emprendimiento y desarrollo profesional.
El funcionario también hizo énfasis en que el objetivo del sistema educativo no debe limitarse a formar empleados, sino personas capaces de tomar decisiones, innovar, emprender y contribuir al desarrollo de sus comunidades.
Su planteamiento coloca la formación del capital humano como uno de los desafíos para la transformación del sector agropecuario, particularmente ante la necesidad de incorporar tecnología, mejorar los procesos productivos y generar nuevas oportunidades para los jóvenes en las zonas rurales.
El funcionario señaló que uno de los principales desafíos del sistema educativo es lograr que las capacidades que desarrolla respondan a las transformaciones de los sectores productivos y a las características de cada territorio.
De Camps explicó que las vocaciones productivas no son iguales en todas las regiones y provincias, por lo que la oferta educativa tampoco debería diseñarse de manera uniforme.
A su juicio, es necesario identificar qué produce cada territorio, cuáles son sus potencialidades y qué capacidades humanas necesitará para aprovecharlas, de manera que la formación técnica esté vinculada con las cadenas productivas reales.
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