Una de las preguntas más frecuentes que recibimos en Tu Consultorio Financiero surge cuando una persona logra reunir un dinero adicional después de años de esfuerzo: un bono laboral, utilidades, un ahorro acumulado o incluso una venta inesperada. Entonces aparece la gran duda: tengo un préstamo personal y me faltan tres años para terminar de pagarlo, ¿me conviene abonar al capital o invertir ese dinero en otra cosa? La respuesta correcta no es igual para todos, pero sí existen criterios claros que pueden evitar errores costosos.

Lo primero que debe entenderse es que un préstamo personal suele ser una de las deudas más caras del mercado. En muchos casos, estos financiamientos tienen tasas superiores a las de un préstamo hipotecario o vehicular. Eso significa que cada mes una parte importante de la cuota se va en intereses. Cuando una persona realiza un abono extraordinario al capital, reduce el saldo adeudado y, por tanto, disminuye los intereses futuros. En palabras sencillas: está obteniendo un “rendimiento” equivalente a la tasa que le cobra el banco.

Supongamos un ejemplo sencillo. María tiene un préstamo personal con balance pendiente de RD$ 450,000 a una tasa anual de 18%, y le faltan tres años para terminar. Recibe RD$ 150,000 extras por una bonificación. Si utiliza ese dinero para amortizar capital, no solo reduce la deuda de inmediato, sino que puede ahorrar decenas de miles de pesos en intereses durante el tiempo restante. Además, podría acortar el plazo o bajar la cuota, según las condiciones pactadas con la entidad financiera.

En cambio, si María decide invertir esos RD$ 150,000 en un certificado financiero que le paga 8% anual, mientras sigue cargando una deuda que cuesta 18%, financieramente estaría perdiendo terreno. Su dinero gana 8%, pero su deuda le cuesta 18%. La diferencia es negativa. En la práctica, estaría enriqueciendo al banco mientras su inversión rinde menos que el costo del préstamo.

Por eso, la regla general es simple: si la deuda tiene una tasa más alta que el rendimiento seguro que usted puede obtener invirtiendo, normalmente conviene amortizar la deuda primero. Esto aplica especialmente en préstamos personales, tarjetas de crédito y financiamientos de consumo.

Ahora bien, hay excepciones importantes. Si ese dinero extra representa su único colchón de emergencia, no sería prudente entregarlo todo al banco. Toda familia debe conservar liquidez para enfrentar una enfermedad, desempleo, reparación del vehículo o cualquier imprevisto. Pagar deuda y luego quedar sin efectivo puede obligarlo a endeudarse nuevamente, muchas veces en peores condiciones.

Veamos otro caso. Pedro debe RD$ 300,000 en un préstamo personal, pero solo tiene RD$ 120,000 ahorrados y trabaja por comisión. En su caso, quizás lo más sensato no sea usar todo el dinero para abonar capital. Tal vez convenga reservar RD$ 70,000 como fondo de emergencia y destinar RD$ 50,000 al préstamo. Así mejora su posición financiera sin quedar desprotegido.

También influye la estabilidad emocional. Muchas personas duermen mejor al reducir deudas, y eso tiene valor. Vivir con menos compromisos mensuales mejora el flujo de caja, reduce ansiedad y aumenta capacidad de ahorro futura. A veces, la mejor inversión no es la que da más rendimiento en papel, sino la que devuelve tranquilidad.

¿Qué debería hacer una persona en la práctica? Primero, revise la tasa real de su préstamo. Segundo, compare cuánto ganaría en una inversión conservadora después de impuestos. Tercero, asegure un fondo de emergencia de tres a seis meses de gastos básicos. Cuarto, pregunte al banco si el abono al capital reduce plazo, cuota o ambas cosas, y si existe penalidad por pago anticipado. Quinto, evite decisiones impulsivas motivadas por “modas” de inversión.

Si la deuda cuesta 16%, 18% o 22%, y sus opciones de inversión seguras rinden 8% o 10%, la matemática suele hablar sola: amortizar capital es una excelente decisión. Si su préstamo tiene tasa baja y usted tiene acceso a inversiones sólidas con retorno superior, entonces podría evaluarse invertir una parte.

La mejor respuesta no siempre es “todo a la deuda” ni “todo a invertir”. Muchas veces la fórmula inteligente es dividir: una parte para emergencia, otra para amortizar y otra para construir patrimonio.

Recuerde algo esencial: no se trata solo de ganar dinero, sino de usarlo estratégicamente. En finanzas personales, quien reduce deudas caras avanza más rápido que quien solo persigue rendimientos llamativos. Porque antes de hacer crecer el dinero, primero hay que detener las fugas.

Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.

Jesús Geraldo Martínez

Economista

Dominicano, consultor, con amplia experiencia profesional en regulación y supervisión del sector financiero, destacado por sus conocimientos en gerencia, finanzas bancarias, gestión de riesgos, administración y optimización de portafolios, investigación económica, planificación estratégica, análisis de riesgos financieros y sectoriales, análisis y estructuración de bases de datos, econometría, estadística, diseño y aplicación de modelos de pruebas de estrés.

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