América Latina enfrenta desafíos estructurales profundos. Aproximadamente 60 % de su población vive por debajo del denominado “umbral de empoderamiento”, un indicador que refleja limitaciones severas en el acceso a bienes y servicios esenciales.
Así lo plantea el reciente informe global de McKinsey & Company “Aprovechar el momento: la oportunidad de productividad de América Latina”, que sostiene que en paralelo, factores demográficos muestran que la población latinoamericana podría “envejecer antes de volverse rica”, lo que agrava las perspectivas de crecimiento sin mejoras sustanciales de productividad.
Indica que América Latina se encuentra ante un punto de inflexión histórico que podría redefinir su rumbo económico y productivo.
Destaca que la región posee ventajas competitivas clave, como recursos naturales abundantes, fuentes de energía renovable competitivas y una fuerza laboral creciente, que bien aprovechadas mediante políticas estratégicas pueden posicionarla como un actor relevante en la economía global del siglo XXI.
Según el informe, las principales tendencias globales como la transición energética, el avance tecnológico acelerado, el crecimiento demográfico y la transformación de las cadenas productivas internacionales, generan una ventana de oportunidad para las regiones que puedan responder con rapidez y eficacia.
América Latina, argumenta McKinsey, cuenta con fortalezas estructurales que requieren una activación coordinada entre gobiernos, sector privado y sociedad civil para capitalizar estos cambios.
Antonio Novas, socio director de McKinsey & Company y socio gerente para la operación en República Dominicana, indicó que América Latina no puede seguir contemplando su enorme potencial como algo teórico. Sostiene que es indispensable que esta coyuntura se convierta en acción concreta para elevar los estándares productivos y mejorar el bienestar de sus más de 650 millones de habitantes.
El informe sostiene que si bien la región ha registrado crecimiento económico en las últimas décadas, la productividad ha sido un limitante persistente. Entre 1997 y 2022, la contribución de la productividad al crecimiento del PIB fue baja, con apenas 0.8 puntos porcentuales, lo que representó el 35 % del total, muy por debajo de países como Polonia o Turquía. También, la inversión interna ha sido consistentemente inferior a la de otros mercados emergentes: el promedio de formación bruta de capital fijo se ubica alrededor del 20 % del PIB, un nivel insuficiente para cerrar la brecha productiva.
El informe plantea dos escenarios de productividad para América Latina hacia 2040: uno conservador, con un aumento anual adicional de 1.1 puntos porcentuales, y otro más ambicioso, de hasta 2.0 puntos. Este último permitiría alcanzar niveles comparables a economías con transformaciones productivas exitosas y elevar el PIB regional a entre 8.9 y 10.3 billones de dólares, desde los 6.2 billones de 2023, acercándose al estatus de alto ingreso.
Para lograrlo, McKinsey plantea que la región necesita incrementar la inversión anual total entre 1.9 y 2.3 billones de dólares, lo que implicaría un promedio cercano al 28 % del PIB regional en 2040, superando los niveles actuales y alineándose con economías emergentes de rápido crecimiento como India o Turquía. Esta movilización de capital no solo debe orientarse a infraestructura física, sino también a sectores intensivos en conocimiento y tecnologías disruptivas.
El informe identifica tres grandes áreas con potencial transformador: revitalizar la base industrial, consolidar la participación en la economía digital y aprovechar las ventajas naturales de la región. En la industria, sectores como la manufactura avanzada, incluidos los vehículos eléctricos, semiconductores y dispositivos médicos, podrían generar importantes ganancias de productividad si se atraen inversiones estratégicas y se reducen barreras regulatorias y burocráticas.
En el ámbito digital, América Latina presenta ventajas competitivas claras: costos operativos favorables, mayor conectividad, empresas de tecnologías de la información consolidadas y una ubicación estratégica para el desarrollo de centros de datos energéticamente eficientes.
Asimismo, el informe recalca que los recursos naturales, tanto energéticos como minerales críticos, posicionan a la región como un actor estratégico en la transición energética global. Reservas significativas de litio, cobre, hierro y otras materias primas esenciales para tecnologías limpias pueden convertir a América Latina en un nodo clave de las cadenas de suministro globales, siempre que se acompañen de políticas que promuevan la sustentabilidad y el desarrollo tecnológico local.
El sector agroalimentario también presenta un potencial considerable. Con el 14 % de las tierras cultivables del mundo, América Latina puede responder al crecimiento proyectado de la demanda alimentaria global que se espera aumente más del 40 % hacia 2040 mediante la adopción de prácticas agrícolas más productivas y sostenibles. La modernización de granjas, la incorporación de tecnología y la reasignación de recursos hacia subsectores de mayor productividad figuran entre las estrategias prioritarias señaladas en el informe.
McKinsey destaca que, si bien las oportunidades son significativas, el éxito depende de cerrar brechas estructurales en infraestructura, capital humano, marcos regulatorios y cooperación público-privada. La modernización de los sistemas educativos, la agilización de permisos y la implementación de reglas claras y previsibles son elementos indispensables para atraer inversión y fomentar una economía más dinámica.
Compartir esta nota