Las pérdidas globales aseguradas por catástrofes naturales alcanzaron los US$ 145,000 millones en 2025, con efectos que se extienden desde los hogares y las propiedades hasta las empresas y los mercados de capitales.
El impacto económico de estos eventos también está aumentando la exposición financiera de hogares y empresas y generando riesgos para las economías, según una nueva guía presentada por Marsh y el Foro Económico Mundial durante la Semana del Clima de Nueva York 2026.
El documento plantea que la capacidad de los territorios para prevenir y responder a fenómenos como inundaciones e incendios forestales puede incidir cada vez más en el acceso a seguros y en las condiciones de cobertura disponibles para sus activos.
La guía propone ampliar la gestión de riesgos más allá de propiedades individuales y considerar los sistemas e infraestructuras que protegen a comunidades y localidades.
Entre las medidas citadas figuran los sistemas de drenaje de aguas pluviales, las defensas naturales contra inundaciones y las barreras para reducir la propagación de incendios forestales. Estas inversiones pueden beneficiar simultáneamente a propietarios, gobiernos locales, prestamistas, aseguradoras y organizaciones comunitarias, aunque sus costos no necesariamente se distribuyen entre todos los beneficiarios.
Proponen cuatro áreas de acción
Marsh y el Foro Económico Mundial identifican cuatro áreas prioritarias para fortalecer la resiliencia territorial.
La primera consiste en mejorar los datos sobre riesgos y la toma de decisiones, de manera que los distintos actores puedan contar con una visión común sobre las amenazas que enfrenta un territorio.
La segunda plantea desarrollar mecanismos de financiamiento que permitan reunir recursos de diferentes beneficiarios para ejecutar proyectos de reducción de riesgos.
La tercera propone establecer métricas estandarizadas que permitan a aseguradoras e inversionistas identificar y valorar de manera consistente las mejoras en materia de resiliencia.
La cuarta busca fortalecer el argumento económico para invertir en prevención, mediante una mejor alineación de incentivos y la identificación de los beneficios adicionales que pueden generar estas medidas.
Amy Barnes, directora de Estrategia de Clima y Sostenibilidad y directora Global de Energía y Potencia de Marsh Risk, señaló que las dificultades relacionadas con la asegurabilidad evidencian la necesidad de fortalecer la gestión de riesgos.
“Las preocupaciones sobre la asegurabilidad son una señal de que nuestra gestión de riesgos es insuficiente”, afirmó.
Barnes agregó que la coordinación entre gobiernos, empresas, inversionistas y comunidades puede contribuir a enfrentar los obstáculos para financiar y ejecutar medidas de resiliencia territorial.
Por su parte, Eric White, director de Resiliencia Climática del Foro Económico Mundial, indicó que los recientes desastres meteorológicos han aumentado la atención de empresas y gobiernos sobre la necesidad de desarrollar medidas de prevención y adaptación.
La guía plantea que una mayor resiliencia territorial puede contribuir a reducir la exposición de propiedades y actividades económicas frente a fenómenos climáticos extremos, además de facilitar mejores condiciones para la gestión y transferencia de esos riesgos.
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