La magnitud de los incendios forestales que azotan Francia y España es difícil de comprender. En el suroeste de Francia, un incendio ha arrasado un área cuatro veces mayor que París. Casi un cuarto de millón de personas —tanto turistas como residentes— han sido evacuadas de la región de Gironda, y las llamas se acercan cada vez más a Burdeos.
En España, los incendios forestales se han ido acercando a la capital, Madrid. En ambos países, los idílicos destinos vacacionales se han convertido prácticamente en zonas de guerra.
Hasta el martes, las llamas se habían calmado, pero a las autoridades les preocupa que la ola de calor que se avecina pueda reavivar las brasas que aún arden lentamente.
Gran parte de Europa, el continente que se calienta más rápidamente, se encuentra en un riesgo elevado de incendios forestales, según un servicio de monitoreo de la Unión Europea (UE).
…los combustibles y las condiciones atmosféricas están cruzando puntos críticos que los modelos históricos simplemente no necesitaban representar, porque rara vez se alcanzaban esos puntos.
Los científicos ahora se apresuran a actualizar su comprensión de cómo se inician, se propagan y se intensifican los incendios forestales. «Estamos viendo que el fuego hace cosas que no esperábamos, en lugares que no esperábamos, y a nuestros marcos teóricos se les dificulta mantenerse al día», dice Kerryn Little, investigadora en pirogeografía de la Universidad de Birmingham en el Reino Unido, y añade que el cambio climático y los cambios en el uso del suelo están aumentando el riesgo de incendios forestales extremos. El año pasado, fue coautora de un artículo de la Royal Society en el que se sugiere que hemos superado un «punto de inflexión climático-forestal», fuera del alcance de los modelos predictivos.
A medida que las temporadas de incendios se alargan y aumenta la superficie que arde lentamente, es evidente que los países, las comunidades y los equipos de respuesta deberán replantearse su relación con los incendios forestales.
Investigadores como Little están adaptando los enfoques científicos a los nuevos fenómenos extremos. Sin embargo, estos sucesos dramáticos ponen de manifiesto el peligro de llegar a un punto de inflexión, en el que los incendios forestales arden más rápido, se extienden más, duran más y son más impredecibles que nunca.
Un incendio forestal es, en términos generales, un incendio de vegetación fuera de control que requiere una respuesta de emergencia. Las clasificaciones varían, pero un incendio forestal suele denominarse «megaincendio» cuando supera las 10 000 hectáreas (o 25 000 acres). En EE. UU., un «megaincendio» se define como incendio que supera las 100 000 acres (o 40 000 hectáreas).
Aunque los incendios forestales suelen comenzar como resultado de la acción humana, como un cigarrillo desechado o un incendio provocado, su impacto se ha agravado por el «latigazo climático», un cambio brusco estacional entre lluvias extremas y calor extremo. Los inviernos y primaveras más húmedos permiten que florezca más vegetación; los veranos más calurosos luego la secan y la convierten en combustible.
En Francia, el infierno ha estado generando su propio sistema climático violento, lo que hace que sea demasiado peligroso acercarse. Estas «tormentas pirocumulonimbus», formadas a partir de columnas ascendentes de ceniza, humo y vapor de agua, se han observado en Australia, EE. UU. y Canadá, pero rara vez en Europa. Conforme el vapor de agua asciende, se enfría y forma una nube, produciendo todas las características físicas turbulentas de las nubes de tormenta comunes, como vientos fuertes y relámpagos.
Este tipo de comportamiento extremo, explica Little, queda fuera de los modelos habituales de incendios, al igual que la rápida propagación nocturna (debido a la baja humedad).
Señala que la inflamabilidad de la vegetación es una propiedad no lineal que parece haber superado un punto de inflexión debido a una sequía excepcional y a repetidas olas de calor: «Los combustibles y las condiciones atmosféricas están cruzando puntos críticos que los modelos históricos simplemente no necesitaban representar, porque rara vez se alcanzaban esos puntos».
El artículo de la Royal Society identificó tres temas que requieren atención urgente: cómo se inician los incendios, cómo se propagan y cómo causan daños, especialmente en las zonas de transición entre el campo y la ciudad; cómo hacer que las comunidades y los ecosistemas sean más resilientes; y cómo medir el impacto de los incendios forestales en la atmósfera y el clima. La gestión del combustible —o la remoción estratégica de la vegetación— se considera una forma eficaz de prevenir desastres.
Pero donde hay un incendio forestal, también hay humo tóxico —un factor de salud que apenas se comprende en los modelos de incendios— que contiene contaminantes atmosféricos como el ozono, el monóxido de carbono y los óxidos de nitrógeno, junto con partículas finas que pueden penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo. El humo de los incendios forestales está relacionado con unas 340 000 muertes prematuras al año; esta cifra aumentará a medida que los incendios se intensifiquen y el humo se propague más lejos.
Aunque los incendios son un fenómeno natural en muchos ecosistemas —ya que despejan espacio para otras especies silvestres y ayudan a que germinen las semillas de plantas adaptadas al fuego— los incendios forestales están invadiendo ahora hábitats no adaptados, como las selvas tropicales y la tundra ártica de gran altitud. Estos sumideros de carbono corren el riesgo de convertirse en emisores de carbono. Se estima que los incendios forestales de 2023 en Canadá representaron el 23 por ciento de las emisiones globales de carbono provocadas por incendios forestales ese año. Esto acelera aún más el calentamiento, lo que a su vez aumenta el riesgo de incendios forestales.
A medida que más partes del mundo se queman, los ciclos de retroalimentación climática se parecen cada vez más a ciclos de destrucción.
Anjana Ahuja. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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