La Patagonia, una de las regiones más biodiversas y frágiles del Cono Sur, enfrenta una nueva crisis ambiental por incendios forestales de gran magnitud que afectan tanto a Argentina como a Chile. Desde inicios de 2026, las llamas han arrasado miles de hectáreas de bosques nativos, han provocado evacuaciones de comunidades y han puesto en riesgo ecosistemas milenarios, considerados patrimonio natural de la humanidad.
En Argentina, los incendios se concentraron principalmente en las provincias de Chubut, Río Negro y Neuquén, con focos activos cerca de localidades como Epuyén y en el Parque Nacional Los Alerces.
A finales de enero, el Gobierno de Argentina firmó el Decreto de Necesidad y Urgencia que declara la emergencia ígnea para las provincias patagónicas de Chubut, Río Negro, Neuquén y La Pampa, ante los incendios que hasta ese momento ya habían quemado más de 45,000 hectáreas de bosque nativo.
En el sur de Chile, la situación también ha sido crítica, con incendios que se propagaron rápidamente debido a altas temperaturas, sequías prolongadas y fuertes vientos, condiciones que han favorecido la expansión del fuego en ambos lados de la cordillera.
A mediados de enero, el ministro de Seguridad Pública de Chile, Luis Cordero, reportó 19 personas fallecidas a causa de los graves incendios forestales que causaron daños en las regiones centrales de Ñuble y el Biobío.
Investigaciones científicas coinciden en que el cambio climático ha multiplicado la probabilidad de estos incendios extremos, intensificando las sequías y reduciendo las precipitaciones en la región patagónica.
Expertos advierten que los incendios no solo representan una amenaza inmediata para las comunidades, sino también para bosques milenarios, fauna silvestre y fuentes de agua. Además, los eventos extremos ponen en evidencia la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, manejo del fuego y adaptación al cambio climático.
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