El cambio climático dejó de ser únicamente un problema de temperatura y huracanes. Hoy es, también, una disputa de poder. Así lo plantea Víctor de los Santos, especialista en gestión medioambiental y contaminación, quien advierte que las implicaciones del calentamiento global se han extendido profundamente hacia la economía, la seguridad energética y las nuevas rivalidades geopolíticas del siglo XXI.
"El cambio climático se ha convertido en un factor estratégico capaz de influir sobre la economía mundial, la seguridad energética, el comercio internacional y las nuevas disputas geopolíticas", afirma De los Santos. Su lectura coincide con lo que ocurre en los tableros de poder globales: en febrero de 2026, Estados Unidos convocó en Washington la primera Conferencia Ministerial de Minerales Críticos, reuniendo a representantes de 54 naciones y la Comisión Europea, con más de 30.000 millones de dólares en financiamiento movilizado y el lanzamiento de FORGE —el Foro de Compromiso Geoestratégico de Recursos—, una alianza multilateral diseñada explícitamente para contrarrestar el dominio chino.
El nuevo petróleo se llama litio, cobalto y tierras raras
La transición hacia energías limpias está transformando silenciosamente el tablero geopolítico. El litio, el cobre, el níquel, el cobalto, el grafito y las llamadas tierras raras han pasado a ser recursos estratégicos de primer orden, imprescindibles para fabricar baterías, vehículos eléctricos, paneles solares y tecnologías de defensa avanzada.
"Las grandes potencias entienden que quien controle buena parte de estos recursos tendrá ventajas económicas, tecnológicas e industriales determinantes en las próximas décadas", señala De los Santos.
Los números respaldan esa lectura: China controla actualmente alrededor del 90% del procesamiento de tierras raras y más del 60% de la capacidad refinada de litio y cobalto a nivel mundial, según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE). Para 2035, Beijing proyecta consolidar más del 80% de la capacidad global de procesamiento de minerales para baterías.
Frente a ese escenario, Washington lanzó el Project Vault, una reserva estratégica de minerales críticos respaldada por 12.000 millones de dólares en asociaciones público-privadas. Al mismo tiempo, la empresa estadounidense Critical Metals Corp. obtuvo esta semana la aprobación del gobierno de Groenlandia para adquirir el 70% del yacimiento de Tanbreez —el mayor depósito de tierras raras pesadas fuera de China, con 4.700 millones de toneladas de material portador.
América Latina, en el centro del tablero
La región no es ajena a esta disputa. Brasil, Chile, Perú, Argentina y Bolivia han firmado memorándums con Estados Unidos para cooperar en la exploración y procesamiento de minerales críticos, en lo que analistas describen como una nueva doctrina Monroe aplicada a los recursos estratégicos. Paralelamente, China expande su presencia en la región a través del llamado "extractivismo verde", con inversiones en infraestructura pesada que generan crecientes conflictos ambientales y sociales en comunidades locales e indígenas.
Para De los Santos, esta dinámica revela una contradicción estructural: "El planeta se calienta de manera global, pero sus consecuencias económicas, sociales y geopolíticas se distribuyen de manera profundamente desigual". Los países que históricamente más han contaminado cuentan hoy con mayores capacidades financieras y tecnológicas para adaptarse, mientras las naciones más vulnerables enfrentan sequías, pérdidas agrícolas, presión migratoria y costos crecientes por fenómenos extremos.
Una discusión que ya no puede ser solo ambiental
El especialista apoya su análisis en la obra El cambio climático en la historia de la humanidad, de Benjamin Lieberman y Elizabeth Gordon, quienes advirtieron que las alteraciones climáticas actuarían como "multiplicadores de conflictos, tensiones económicas y desigualdad global". Hoy, dice De los Santos, esas advertencias se materializan en guerras comerciales, competencia tecnológica y una lucha abierta por el control de recursos esenciales.
"La discusión climática moderna ya no puede limitarse únicamente a temas ambientales. También involucra poder, economía, comercio, seguridad nacional y control estratégico de recursos esenciales para el futuro de la humanidad", concluye.
En un mundo donde la geopolítica del siglo XXI ya no gira solo alrededor del petróleo, sino también alrededor de la energía limpia, el agua, los alimentos y la capacidad de adaptación climática.
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