La protección de las tortugas marinas en República Dominicana enfrenta uno de sus principales desafíos en las playas donde estas especies llegan a desovar: el saqueo de sus nidos y la intervención humana.

Frente a esta realidad, la Fundación EcoBahía desarrolla programas de conservación y monitoreo en destinos turísticos del país, con acciones que incluyen la vigilancia de las zonas de anidamiento, recuperación de nidos, liberación de crías y educación ambiental en las comunidades cercanas.

En la zona norte, el trabajo se concentra en Samaná. Según el técnico de la fundación Jhandiel García de la Cruz, el monitoreo permanente ha permitido reducir el saqueo de los nidos. “Ya hace dos años que estamos trabajando y se ha reducido más de un 80 % el nivel de saqueo de los nidos en la playa”.

García de la Cruz explica que una de las principales dificultades consiste en llegar a los lugares de anidamiento antes que los saqueadores, muchos de ellos vinculados a actividades pesqueras.

“Tenemos que madrugar, o sea, cuatro de la mañana, cinco de la mañana en la playa para poder llegar primero al lugar donde la tortuga puso”.

El técnico señala que el esfuerzo implica una carrera contra el tiempo para lograr recuperar los huevos y garantizar que las crías puedan nacer y ser liberadas.

La directora ejecutiva global de Piñero, Encarna Piñero, agrega que la fundación ha participado en la protección de 4,000 crías de tortugas marinas en Samaná y otros puntos del país, además de desarrollar programas de educación ambiental y conservación de la biodiversidad.

Tres especies de tortugas marinas anidan en estas costas

Esmerlin Moya Valdez, especialista en ciencias forestales y coordinador de conservación de la Fundación EcoBahía en la zona norte de Samaná, explica que el programa trabaja con tres especies de tortugas marinas que anidan en las costas: la tortuga tinglar o laúd, la tortuga verde y la tortuga carey.

En lo que va de la temporada, la fundación registra alrededor de 70 nidos en todo el país, mientras que en Samaná contabiliza unos 35 nidos de tortuga verde y tinglar.

La tortuga tinglar destaca por sus dimensiones: puede alcanzar aproximadamente dos metros de largo, mientras que la tortuga verde registrada en la zona puede superar el metro de longitud.

“Nadie ama lo que no conoce. Si tú no conoces que una tortuga está amenazada, pues te da igual lo que le pase a la especie. Por eso es importante: si conocemos, protegemos; si no, no”.

Para Moya Valdez, la conservación requiere que la población conozca las especies y las amenazas que enfrentan. Entre estas menciona los residuos sólidos y la intervención humana.

El principal desafío: la presión humana

Aunque la contaminación por residuos sólidos representa un riesgo para las tortugas marinas, los entrevistados coinciden en que la actividad humana constituye una de las principales presiones sobre estas especies.

El saqueo de huevos, la alteración de las zonas de anidamiento y la contaminación obligan a mantener vigilancia y seguimiento durante la temporada.

Por ello, la Fundación EcoBahía plantea la conservación como un trabajo que requiere coordinación entre técnicos, autoridades, comunidades, centros educativos, hoteles y organizaciones académicas.

De hecho, en julio del 2023, el Poder Ejecutivo emitió el Decreto 285-23, donde se establece una veda por 10 años, para la captura, matanza, recolección de huevos y comercialización de tortugas marinas.

En el caso de la zona norte, los resultados del monitoreo muestran una reducción superior al 80 % en el saqueo de nidos después de dos años de trabajo, mientras decenas de crías han podido completar su proceso de eclosión y regresar al mar.

La tarea, sin embargo, continúa cada temporada ya que deben localizar los nidos, protegerlos, evitar su extracción, acompañar la eclosión y lograr que las tortugas lleguen al mar forman parte de una misma cadena de conservación.

En la franja costera del Gran Estero, desde el río Boba, en María Trinidad Sánchez, hasta La Majagua, en el municipio Sánchez, Samaná, el saqueo de nidos pasó de 89 % a 29.6 % en un año, de acuerdo con los registros de la temporada 2025.

Durante esa temporada fueron protegidos 4,956 huevos y liberadas 3,420 crías correspondientes a 46 nidos.

Por especie, fueron liberadas:

  • 1,549 crías de tortuga verde
  • 1,152 de carey
  • 719 de tinglar

Monitoreo, educación y conservación

La protección de los nidos no depende únicamente de la vigilancia de las playas. La fundación también desarrolla acciones de educación ambiental en comunidades y escuelas próximas a las zonas de anidamiento.

El objetivo es que la conservación no se limite al trabajo de los técnicos durante la temporada de desove, sino que involucre a las comunidades que conviven con estos ecosistemas.

“Estamos también implementando educación ambiental en las comunidades y en las escuelas que están cerca de esta zona de anidamiento para poder concientizar a las generaciones futuras del cuidado y la preservación de la especie”.

El trabajo se realiza con apoyo del Ministerio de Medio Ambiente y los guardaparques de las áreas protegidas, mientras la fundación cuenta con permisos de monitoreo y un convenio con esa institución.

Para Gianna Méndez Germán, quien trabaja en la Fundación EcoBahía en el área de alianzas, uno de los desafíos de la conservación es fortalecer los vínculos con instituciones académicas para que las acciones desarrolladas en las costas tengan una base científica y permitan generar datos de calidad.

Méndez Germán considera que estas alianzas pueden permitir que estudiantes tengan experiencias prácticas relacionadas con la gestión costero-marina, además de contribuir a producir conocimiento sobre los ecosistemas donde se desarrollan los programas de conservación.

La estrategia también contempla alianzas con ayuntamientos, hoteles, sociedad civil y comunidades locales. En algunos casos, personas que anteriormente participaban en el saqueo de nidos han pasado a involucrarse en su protección.

“Hay muchas personas que inicialmente depredaban nidos y, con el trabajo que llevan los chicos de conservación, han podido hacer cierta conversión para que en lugar de ser depredadores sean más defensores y protectores de estas tortugas”.

Protección de tortugas marinas: normas y medidas de conservación en RD

El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales reconoce a estas especies de tortugas marinas como amenazadas y sujetas a distintos niveles de vulnerabilidad y peligro.

Por ello, figuran en la Lista Roja de Especies en Peligro de Extinción, Amenazadas o Protegidas de República Dominicana, en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

En el país también existen normas específicas para su protección

La Resolución 0008/2020 establece el Reglamento Técnico Ambiental para el Manejo y Conservación de las Tortugas Marinas en República Dominicana.

A esta regulación se suma la Resolución 0024/2025, mediante la cual se establece el Reglamento para la Iluminación en Áreas de Anidamiento de Tortugas Marinas.

La normativa fija criterios para controlar la iluminación artificial en las zonas costeras y reducir el riesgo de desorientación de las hembras y sus crías durante el proceso de reproducción.

En 2025, además, el Ministerio de Medio Ambiente firmó un Memorando de Entendimiento para establecer la Red Nacional de Tortugas Marinas, con el propósito de unificar los sistemas de monitoreo, estandarizar los datos sobre anidamiento y promover acciones de conservación de los hábitats costeros.

Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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