Va a llegar, estemos preparados o no. La opinión científica se está consolidando para constatar que el más reciente episodio del fenómeno climático de El Niño será el más fuerte que se recuerde.

Con El Niño ya presente y a punto de alcanzar su punto máximo hacia finales de año, los factores agravantes han empeorado en tan sólo unas semanas. Los precios de los alimentos — que hasta entonces se habían mantenido gratamente estables a pesar de la escasez de petróleo y fertilizantes provocada por la guerra con Irán — han estado subiendo drásticamente desde mediados de agosto, con los ataques rusos contra los buques ucranianos — y viceversa — gravemente obstaculizando los envíos de granos en el mar Negro. Las sequías en el hemisferio norte han puesto de relieve cómo el cambio climático genera y amplifica los choques.

Entonces, ¿qué tan bien preparado está el mundo, y específicamente sus sistemas alimentarios, para un fenómeno de El Niño de gigantescas proporciones? Las sequías, las inundaciones y las tormentas causarán graves daños a nivel local, pero la devastación a mayor escala puede limitarse siempre y cuando los Gobiernos permitan que los mercados internacionales de alimentos funcionen e intervengan sólo cuando sea necesario.

No es la ferocidad de un fenómeno climático lo que mata a las personas, sino la falta de preparación ante él. La destrucción y las hambrunas que siguieron al infame fenómeno de El Niño de 1877-78 causaron la muerte de 50 millones de personas de una población mundial de alrededor de 1.4 mil millones en aquel entonces (o alrededor del 3.5 por ciento). Más de un siglo después, tras avances en la productividad agrícola y el fortalecimiento de la capacidad estatal, el episodio de 1997-98 — probablemente el más grave del siglo XX — sólo causó la muerte de unas 22,000 personas a causa de sequías e inundaciones, lo que representa menos del 0.001 por ciento de la población mundial de ese momento.

Una lección que nos enseñan los recientes episodios es la importancia del comercio internacional. El impulso proteccionista hacia la autosuficiencia alimentaria, que por lo general es una mala idea, resulta particularmente imprudente durante un episodio de El Niño. Los fenómenos de El Niño suelen ser asimétricos: sequías en un lugar, inundaciones en otro; malas cosechas en un país, mayor rendimiento de los cultivos en otros. El comercio puede equilibrar la producción y el consumo entre las naciones.

El fenómeno de El Niño de 1997-98 disrumpió la agricultura en toda Asia, especialmente el cultivo de arroz, lo que resultó ser un momento extremadamente inoportuno, dado que una crisis financiera estaba asolando gran parte del continente. La producción de arroz en Bangladesh, un país densamente poblado, se redujo en un 20 por ciento.

Pero, aunque las inundaciones y una hambruna subsiguiente de la década de 1970 causaron la muerte de cerca de 1.5 millones de personas en el país, la cifra de fallecidos en 1997-1998 resultó ser mucho menor.

En la década de 1970, Bangladesh carecía de la capacidad para importar rápidamente a gran escala, y EEUU retuvo los envíos de granos debido a sus vínculos con Cuba comunista. Sin embargo, a finales de la década de 1990, tras haber liberalizado el comercio de alimentos, los comerciantes de Bangladesh importaron arroz de India, logrando así estabilizar los precios y evitar una hambruna.

En un artículo sobre este episodio, Paul Dorosh, del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, por sus siglas en inglés) de Washington, argumentó que, si bien la productividad agrícola nacional a largo plazo era importante, el comercio podía desempeñar un papel fundamental durante las emergencias. Investigaciones posteriores llegaron a la misma conclusión en África subsahariana, donde se observó que el factor más importante para mitigar las crisis era el volumen de las importaciones, más que la proximidad de los socios comerciales.

Es probable que esa asimetría se repita en esta ocasión. Es también muy probable que la producción de alimentos en Centroamérica y en el norte de Brasil se vea afectada por las sequías, pero es posible que el aumento de la producción de maíz y soya, debido a mayores precipitaciones en el sur de Brasil y en Argentina, contrarreste esa situación.

En general, los Gobiernos deberían mantenerse al margen y dejar que los mercados internacionales de alimentos funcionen. Sin embargo, sí tienen un papel fundamental que desempeñar en la preparación y en la respuesta ante las crisis.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) han lanzado un llamado a tomar medidas preventivas ante la llegada de El Niño. Resulta impresionante la precisión con la que están enfocados sus planes, centrados en sólo 8.8 millones de personas particularmente vulnerables en 22 países, y con un modesto presupuesto de US$202 millones. Los países también están preparando sus propias respuestas específicas. Brasil, por ejemplo, ha contratado a 4,600 personas para combatir los incendios forestales.

En un informe de 2021, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) señaló que, si bien el número de desastres climáticos registrados se había quintuplicado en los últimos 50 años, el número total de muertes causadas por ellos se había reducido en aproximadamente dos tercios, gracias a los sistemas de alerta temprana. El extraordinario episodio ocurrido en Nepal la semana pasada, en el que se salvó de ahogarse al alumnado de una escuela con 900 estudiantes gracias a unas llamadas telefónicas recibidas por el director unos minutos antes de la inundación, demuestra el inmenso poder de la información adecuada en el momento oportuno.

El Niño no es un apocalipsis imparable. Es una prueba de resistencia para una red comercial global y un sistema de respuesta a crisis cada vez más sofisticado. El Niño va a llegar, pero constituye una amenaza que la humanidad puede manejar, más que un destino al que deba resignarse.

Alan Beattie. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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