Con un discurso centrado en la unidad regional, la paz y los valores del deporte, la República Dominicana dio inicio a los Juegos en Santo Domingo, en una ceremonia donde el presidente del Comité Organizador, José Monegro, planteó que el evento busca ofrecer “una noticia distinta” en tiempos marcados por conflictos y divisiones.
Monegro enmarcó la apertura como algo más que un calendario de competencias: “Esta noche, la República Dominicana abre mucho más que las puertas de unos juegos. Abre las puertas de un ideal que hoy el mundo necesita más que nunca”, dijo, al destacar que los pueblos pueden “competir sin enfrentarse” y defender sus banderas “sin dejar de reconocerse como hermanos”.
En esa línea, subrayó el alcance regional del encuentro al señalar que 37 naciones llegan al escenario no para medir fuerzas bélicas, sino “el talento de sus atletas”, a quienes definió como el centro del evento. “No para conquistar territorios, sino para conquistar sueños”, agregó, reforzando una idea que repitió a lo largo de su intervención: que el deporte, por su lenguaje universal, puede convertirse en un punto de encuentro.
La ceremonia también abrió espacio para un mensaje humanitario. Monegro pidió una pausa para expresar solidaridad con Venezuela, al mencionar “el dolor causado por un reciente terremoto”. “Venezuela, te amamos”, afirmó, en un gesto que buscó representar el sentir de los países presentes.
Otro de los ejes del discurso fue el recorrido de la antorcha por el país, presentado como símbolo de valores que trascienden las medallas. Monegro señaló que, durante semanas, la antorcha llevó “un mensaje” asociado al respeto, la solidaridad, la honestidad, la disciplina, la perseverancia, la excelencia y la amistad. “Porque las medallas tienen un brillo extraordinario, pero los valores iluminan generaciones”, sostuvo, al expresar el deseo de que esa “llama permanezca encendida” cuando el evento concluya.
En clave política e institucional, el presidente del Comité Organizador defendió que hay “causas nacionales” que deben estar por encima de cualquier diferencia partidaria y calificó la organización como un proyecto “del Estado y no de un gobierno”. En ese tramo, atribuyó el origen del sueño a la “determinación” del entonces presidente Danilo Medina, por impulsar la candidatura de Santo Domingo, y destacó el “firme y decidido compromiso” del presidente Luis Abinader, por asumirlo como “prioridad nacional” y garantizar “respaldo político e institucional y financiero”.
Monegro también mencionó el apoyo de los expresidentes Leonel Fernández e Hipólito Mejía, como señal de que el deporte puede unir al país. “Qué grandes somos cuando nos unimos”, afirmó, al destacar la capacidad del evento para convocar voluntades y reforzar una narrativa de cohesión nacional.
En el capítulo de agradecimientos, el dirigente reconoció a Centro Caribe Sport, al Comité Olímpico Dominicano, a las federaciones deportivas, a instituciones del Estado, patrocinadores y voluntarios, a quienes describió como parte del trabajo silencioso que hace posible la magnitud de unos juegos. Y reservó un mensaje especial para la ciudadanía: “estos juegos son suyos, pueblo dominicano”.
Monegro remarcó que ningún estadio tendría sentido sin sus sueños, que ninguna medalla tiene valor sin los años de sacrificio, y que el verdadero triunfo no se agota en el podio. La victoria mayor —planteó— es regresar a casa como mejores personas, aprendiendo a respetar al adversario y a reconocer el mérito ajeno, porque competir también es una forma de convivir.
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