"¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales". Así se preguntaba y respondía Eduardo Galeano, escritor uruguayo, ferviente amante del fútbol y que durante cada Copa Mundial colocaba un cartel en la puerta de su casa que advertía: "Cerrado por Mundial de Fútbol".

México, el país de Octavio Paz, quien siempre vio con sospecha al fútbol, tildándolo como un fenómeno social y cultural en donde se refleja la identidad mexicana que lo utiliza como refugio de evasión y cobija de la soledad colectiva de todo un pueblo. Ese México que ha cambiado mucho desde la muerte del Premio Nobel en 1998, se convertirá hoy en el primer país en organizar tres Copas del Mundo, con el Estadio Azteca como escenario de las tres ceremonias inaugurales de los Mundiales de 1970, 1986 y 2026.

México, tierra de Hugo Sánchez y Rafa Márquez, sus dos mejores jugadores, con el nuevo formato de 48 selecciones, ahora no apunta a jugar el quinto partido, sino el sexto, comenzando su recorrido en un grupo como el A que en principio se le torna asequible teniendo como rivales a Sudáfrica, República Checa y Corea del Sur. Una selección escogida por el experimentado técnico Javier Aguirre, con una fuerte apuesta por jugadores jóvenes que representan una drástica renovación generacional.

Atrás quedaron los Chicharito y Guardado, pese a la permanencia de Memo Ochoa, incombustible y veterano portero que se le resiste al paso del tiempo y estará en su sexto Mundial, esta vez como suplente, ya que le toca ver al joven Raúl ‘Tala’ Rangel como el atajador protagonista del Tri.

Del Azteca al MetLife existe un largo recorrido de 104 partidos. Un inédito Mundial que lo desafía todo. Más países participantes, nuevo formato, más naciones sedes, más partidos, y por supuesto, mucho mayor inversión económica. El Mundial de Fútbol 2026 marcará un punto de partida que cambiará para siempre el acontecimiento deportivo más importante y seguido del planeta. La FIFA abrió 16 nuevas plazas para este Mundial.

Del formato de 32 selecciones que inició en el Mundial de Francia 1998, ahora serán 48 países los que disputarán una Copa inédita y atípica, disparando de 64 a 104 los partidos, aumentando la cantidad grupos de 8 a 12, en donde clasificarán los dos primeros de cada grupo, a los que se sumarán los ocho mejores terceros lugares para avanzar a una nueva ronda de dieciseisavos de final, para arrancar así los partidos de muerte súbita, lo que supone un nuevo calendario de 39 días con partidos en 16 ciudades de tres países.

Hechos inauditos para una Copa Mundial que desafía la geografía de tres extensos territorios, con husos horarios distintos, y que reta la logística como nunca antes en este tipo de eventos. El Mundial 2026, por su alto costo, puede dejar atrás la exclusiva responsabilidad de la organización a un solo país, a menos que se presente un ‘petroestado’ como lo es Arabia Saudita, quien lo ha asumido como única sede en el 2034, luego de la edición histórica del 2030 cuando se estará celebrando el centenario de la Copa Mundial de Fútbol con sedes en seis países de tres continente diferentes como lo son Marruecos, España, Portugal, Argentina, Uruguay y Paraguay.

La apuesta por el aumento de las selecciones participantes es arriesgada porque puede dejar sobre el terreno de juego durante los partidos de fase de grupos, resultados que pueden desnudar las abismales diferencias futbolísticas que existen entre selecciones debutantes y oncenos considerados como potencias. Esto parece importarle poco a esta FIFA que dirige el abogado suizoitaliano Giani Infantino, quien respalda que su idea de elevar la cantidad de países participantes a 48, sirve para hacer de la Copa Mundial un campeonato más inclusivo y con mayores ingresos económicos. El último Mundial de Messi y Cristiano puede significar un antes y un después para un campeonato que ya se presenta como poco asumible, incluso para grandes economías.