España 1 Argentina 0. España logra su segunda Copa Mundial. Se anotaron 308 goles en los 104 partidos para un promedio de 2.96 por encuentro, el más alto desde México 1970.
‘Tengo una deuda cinematográfica con el fútbol, el deporte más emocionante y con la mayor y mejor afición del mundo’, Kevin Coster, actor y guionista estadounidense que descubrió la pasión que desata este deporte en una visita al estadio del Arsenal en la Premier League, en donde se enamoró del fútbol, de los hinchas y sus coordinados cánticos. Desde ese momento se hizo seguidor del equipo que juega en el norte de Londres.
Quedó tan encantado del Arsenal que en su personaje de la película ‘Criminal’ fue seguidor de ese equipo. Costner es el actor más amante del deporte. Ha protagonizado icónicas películas sobre deportes: fue ciclista en ‘American Flyers’, receptor de ligas menores en ‘Bull Durham’, el granjero que construyó un campo de béisbol en una plantación de maíz en ‘Field of dreams’, jugó tenis con Anthony Quinn en ‘Revenge’, lanzador de un juego perfecto en ‘For love of the game’, jugador de golf en ‘Tim Cup’, gerente general de un equipo de la NFL en ‘Draft Day’, y entrenador de cross country en ‘McFarland’.
Su gran habilidad para adaptarse rápido a los personajes deportivos le ha facilitado a Costner su camino para protagonizar este tipo de películas. Costner estuvo en el MetLife Stadium para ser testigo de la final que disputaron Argentina y España.
Fieles al estilo
Fue durante la Eurocopa del 2008 cuando España mostró su nueva forma de jugar. Idea cruyffista adoptada en aquel momento por el seleccionador Luis Aragonés, tipo sabio y terco, que soportó con estoicismo las severas críticas que tenían como epicentro algunos medios de Madrid, incrédulos ante la propuesta totalmente opuesta a la histórica manera de jugar de los españoles, aferrados a un concepto vacío e inútil llamado ‘Furia Roja’ que durante décadas se caracterizó por desarrollar un plan de juego que consistía en no tener plan.
Aragonés se aferró a la idea de priorizar el juego de ataque desde el pleno dominio de la posesión del balón, gracias a la superioridad técnica de sus centrocampistas que desarrollaron en la medular del campo una táctica de juego de constantes pases cortos, unas veces horizontales, otras veces triangulares, donde no se tocaba el balón solo por tocarlo, sino que utilizaban aquel dominio de posesión para identificar transiciones verticales rápidas hacia el camino de la portería contraria.
Así nació el llamado ‘tiki taka’ que tuvo en Xavi Hernández a su primer arquitecto y ejecutor de una forma de jugar tan paciente como inteligente que contribuye a desarrollar una estrategia de juego que logra imponer el ritmo de los partidos.
Ya son 22 años de una forma de jugar que ha caracterizado a la selección española, profunda convicción innegociable a la que sus diferentes técnicos le han añadido sus respectivas matices pero sin renunciar a una táctica que exige la polivalencia de sus ejecutores, en donde el trato al balón está por encima del esfuerzo físico.
Esta España de Luis de la Fuente ha sido fiel a esa manera de jugar. Ante Argentina no importó la trascendental instancia de ser una final de una Copa Mundial. Nunca claudicaron a sus convicciones, imponiendo el ritmo del partido, la dictadura de la posesión, su evidente y abrumador dominio técnico que le permite defenderse teniendo el balón, cediendo la menor porción de terreno a su rival, dominando cada una de las estadísticas que muestran al que impone y dicta sobre el terreno, en un marcador que no refleja lo desigual que fue esta final que sostuvo el suspenso gracias a las atrapadas del Dibu Martínez, el excéntrico pero efectivo portero argentino que fue el mejor jugador del partido de una selección argentina que jamás encontró un flotador de lámparas que hiciera salir al genio que es Messi, abrumado por la excesiva posesión española y por las presiones de enjambre cada vez que tocaba el balón.
El triunfo de España es un premio al juego colectivo implementado por jugadores respetuosos de un sistema que antepone lo grupal ante lo individual, que interpreta este juego de tiempo y espacios como una fórmula que coloca las ideas por encima de la fuerza y la velocidad, con un estilo que se transformó en escuela, encontrando en La Masía del Barcelona la principal fuente de hacedores de tiki taka, una manera de jugar que asumieron y de la que no piensan desprenderse.
Final de ciclo
Nada de frente marchita. Poco, muy poco hay que reprocharle a esta Argentina de Messi y Scaloni. Su hegemonía duró algo más de cinco años, tiempo en que devolvieron a su país a la aristocracia mundial del fútbol, perdida con el adiós de Maradona de los terrenos de juego.
Una Copa del Mundo, dos Copa América y una Finalísima son los méritos que colocan a esta selección por encima de las de Kempes y Menotti de 1978, y Maradona y Bilardo de 1986. En algún momento tenía que llegar el final de un proceso vilipendiado en su formación, y que más tarde construyó las más hermosas páginas de fútbol de un país que asimila este deporte como una religión.
Las lágrimas de Messi tras el partido fueron un aviso para que esta selección inicie el proceso de aprender a vivir sin él. Lástima que el posible adiós definitivo de Messi de su selección haya sido tras un partido gris en donde todo salió mal, colectiva e individualmente, repleto de pases fallidos, ataques insolventes que nunca se convirtieron en amenaza para Unai Simón, portero español de poca participación, no solo en la final, sino en todo el Mundial en donde solo recibió un solo gol.
Argentina, esa selección acostumbra a la toma de iniciativas, que protagonizó las remontadas más heroicas del Mundial, concluyó encerrada en su propia mitad de cancha víctima del estrés excesivo que genera el abrumador juego de posesión de esta España que impuso condiciones a partir de su asfixiante planteamiento de medio campo comandado por un Rodri que terminó siendo el MVP del Mundial. Argentina no tiene más remedio que comenzar la etapa post Messi.
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