Segunda semifinal: Argentina 2 Inglaterra 1. Argentina avanza a su segunda final del Mundial de manera seguida, en donde defenderá su título de campeón ante España el domingo a las 3:00 PM en el estadio MetLife de East Rutherford, New Jersey. Inglaterra jugará el partido por el tercer lugar ante Francia el sábado a las 5:00 PM en el Hard Rock Stadium de Miami.

"En el alpiste, en la tranquilidad, adornado de tiza, fuera del juego y de la tempestad,
el guardameta pisa terrenos de madera y de ceniza". Estrofa del poema ‘Elegía al guardameta’ inspirado en la trágica muerte de un portero, escrito por Miguel Hernández, poeta español que sufrió severas torturas por parte de la dictadura franquista que lo acusaba de crímenes que jamás cometió.

Apasionado del fútbol, deporte que jugó durante su primera juventud. Extremo derecho de un equipo de pueblo llamado La Rapartiora. Sus compañeros de equipo le apodaron ‘El Barbacha’ por ser fuerte pero algo lento. Cuando Miguel Hernández no escribía, pateaba balones. Cuando por alguna razón el técnico lo dejaba en el banquillo, solía acomodar su espalda contra la pared para enfocar su mirada hacia el cuaderno y darle continuidad algún poema inconcluso. Siempre culminó sus poemas con la misma palabra: FIN.

Miguel Hernández, Antonio Machado y Federico García Lorca fueron tres de los grandes poetas de la Segunda República Española entre 1931 y 1939. "Para la libertad", musicalizado por Joan Manuel Serrat, es un desgarrador texto que narra el heroísmo de los luchadores del bando republicano en la guerra civil española. ‘Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos’.

Transformando la agonía en extasis

No existe un deporte que haya abrazado tanto la épica como el fútbol. Su historia está repleta de hazañas legendarias, heroicos episodios intrínsecamente ligados a la agonía, al sufrimiento y al éxtasis. Protagonistas que marcan épocas, equipos que dejan huellas.

Esta selección argentina quizás no escriba su nombre entre las que han desplegado el fútbol más hermoso, pero sí tiene un lugar ganado en la eternidad entre selecciones que entregan alma, corazón y vida, esas que jamás se rinden, encontrando en la desesperación de resultados adversos sus mejores momentos, su mejor fútbol, para concretar epopeyas, superando periodos difíciles gracias al valor y el esfuerzo.

Si España impartió cátedra de táctica ante Francia, Argentina dio una exquisita clase de resiliencia ante Inglaterra sin recurrir al arte, elegancia y excelencia técnica de sus rivales de la final del domingo, pero mostrando ese inagotable componente de lucha que va en el ADN de unos jugadores que insisten y persisten en busca del objetivo.

El fútbol también es de autor, y muchas veces se recurre a la injusticia de marginar al arquitecto de los planteamientos, al ejecutor de los sistemas tácticos, al creador de la estrategia. Scaloni acertó de principio a fin, tomando la arriesgada decisión de mandar al banquillo en un partido 'vida o muerte’ a De Paul, incombustible centrocampista que había dado señales de fatiga física.

En su lugar puso a Giuliano, el hijo del Cholo Simeone, para darle estabilidad, equilibrio y ataque a una selección que venía desarrollando un fútbol gris y decadente, que necesitaba algo de frescura. Scaloni no cambió el dibujo 4-4-2 porque entendió que la superioridad numérica en el centro del campo con Enzo, MaCallister, Paredes y Giuliano, con las constantes ayudas de Messi, generarían mayor posesión de balón ante el dibujo táctico de Tuchel 4-2-3-1 que dejaba la responsabilidad del medio campo a solo dos jugadores que fueron Declan Rice y Elliot Anderson.

Ese fue el preludio del avasallante 64% de posesión de los argentinos que alcanzó su punto máximo cuando el partido fue entrando en su otoño, tiempo en el que el técnico alemán de los ingleses cometió el imperdonable pecado de replegar a sus jugadores a la defensa de su portería con la errónea idea de sostener la frágil ventaja que le había dado el gol de Gordon en el minuto 55, momento exacto donde los ingleses comenzaron a sostenerse gracias a las paradas providenciales Pikford, un portero efectivo y de mal carácter puesto en duda muchas veces en la misma Inglaterra.

En la impaciencia y la insistencia, Argentina, con un Messi todoterreno, fue buscando espacios en una zona muy poblada de defensores ingleses hasta que apareció la primera asistencia de Messi a Enzo que provocó un empate que comenzó a dibujar un escenario lapidoso para una Inglaterra, que de tanto defenderse, se olvidó de atacar, desdibujando las posibilidades de ofensiva de Bellingham y Kane, sacrificándolos a pernoctar en una tarea apática y hostil para ellos como lo es la de defender.

Era cuestión de tiempo para que llegara el gol de la ventaja para los de Scaloni que encontraron el premio mayor a su mayúsculo esfuerzo de ambición y deseos de ganar en la segunda asistencia de Messi con su pierna menos habitual que fue a parar a la cabeza de Lautaro para penetrar una zona vacía de la portería de Pikford. El fútbol algunas veces es arte que convierte estadios en escenarios de teatro, pero otras veces en pasión, carácter y determinación que transforma terrenos de juego en campos de batalla. Así suele ser esta religión sin dioses llamada fútbol.