Tras 100 partidos jugados, solo quedan 4 para completar el calendario del Mundial. Dos de semifinal, uno por la disputa del tercer puesto, y el partido final que definirá el campeón este domingo en el estadio MetLife de East Rutherford, New Jersey. Se han marcado 292 goles para un promedio de 2.92 goles por partido, el más alto desde México 1970. Mañana en semifinal: Francia vs España a las 3:00 PM en Dallas, Texas. Miércoles: Inglaterra vs Argentina a las 3:00 PM en Atlanta.
A Ronaldinho le debo que mi mujer se haya aficionado al fútbol. Y después de Ronaldinho hemos tenido la suerte de que el mejor jugador del mundo, Messi, ha crecido con nosotros y todavía sigue haciéndonos disfrutar’, Joan Manuel Serrat, cantautor catalán considerado como uno de los más importantes de la música de autor de los últimos 50 años.
Creador de una de las canciones más emblemáticas de nuestro idioma (Mediterráneo) un derroche de nostalgia por el mar al que echaba de menos tras semanas de gira en los interiores de México. Serrat es un febril seguidor del Barcelona, club del cual es miembro y que es una de las máximas representaciones del catalanismo que lucha por mantener vivas sus raíces dentro de un país como España, renuente a otorgarle la independencia.
Son franceses
Hay cosas en la vida que no se pueden escoger. No se puede elegir el lugar de nacimiento, familia o época. Tampoco se pueden elegir rasgos físicos ni genética. En un país como Francia donde el "droit du sol" (derecho de suelo) es el que determina constitucionalmente quien es francés, poner en duda la nacionalidad de alguien solo por tener un color de piel diferente al predominante, no es solo una apología a la ignorancia, también es un acto de racismo puro y duro.
Mariano Rajoy, expresidente del gobierno de España, escribió en un artículo de prensa que ‘Francia es un equipo de altísimo nivel pero sin franceses’. Le molesta al ex líder del Partido Popular el color de piel del 80 por ciento de los jugadores de la selección de sus vecinos. No es de extrañar. Su partido, el cual ha sido catalogado como uno de los más corruptos de Europa durante su gobierno, es el heredero de la Falange Española Tradicionalista, grupo político fascista que lideró el dictador Francisco Franco.
A Rajoy nunca se le vio caminar por Carabanchel, Puente de Vallecas, Pradolongo o Lavapiés, barrios pobres de Madrid en donde predomina la clase obrera multicultural, esos mismos que trabajan lo que otros rechazan, pero que silenciosamente son los que representan el motor económico español.
El gobierno de Rajoy se caracterizó por su rechazo a los inmigrantes, siempre oponiéndose a su regularización. Es la naturaleza de un político que jamás ha sido partidario de la diversidad que ya abunda en España, misma diversidad que también existe en Francia que, con sus más y con sus menos, desde hace décadas, viene invirtiendo en el mejoramiento de la calidad de vida de los barrios periféricos parisinos en donde es mayoría esa Francia del ostracismo, de la pobreza y de la multiculturalidad, en donde se han construido centenares de parques con canchas de fútbol de grama artificial donde los hijos de esos trabajadores encuentran el refugio perfecto para olvidar la marginalidad y las carencias, desarrollando así de manera prematura unas facultades ideales para jugar al fútbol, combinando su destreza genética con excelentes condiciones materiales para jugar.
Así surgieron aquella vez los Zidane, Thuram, Vieira, Desailly y Djorkaeff, campeones del mundo en 1998, como también los Mbappé, Dembelé, Doué, Kanté, Tchouaméni que hoy se mantienen invictos en el presente Mundial. De allí también surgieron Wembanyama, Yabusele y Gobert, estrellas de baloncesto, como lo han sido Noah, Monfils y Tsonga en tenis.
Francia es el país que más jugadores aportó al Mundial con un total de 99 nacidos en sus tierras, muchos de esos formados en las ‘banlieues’, suburbios marginales del París que no sale en los telediarios, pero que ha recibido importantes inversiones en infraestructura pública en donde germina la gran cantidad de los jugadores que hoy representan a toda Francia y otras naciones europeas y africanas, misma inversión que en su momento Rajoy catalogó como ‘gasto público innecesario’, impidiendo así a muchos Lamine o Nico, hijos de migrantes, hoy estrellas de la selección española, tener una mejor calidad de vida en sus comunidades.
Rajoy siempre ha mostrado su desprecio por el inmigrante, no sólo por los que llegan a las costa españolas tras atravesar el Mediterráneo en pateras, también por todo aquel inmigrante no blanco, sea latino, musulmán o asiático. Es de esos políticos de anacrónica mentalidad que siguen soñando con una Europa que ya no puede ser.
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