Ayer no se jugó. ‘Un día sin fútbol es un día perdido’ es una frase de Ernst Happel que encierra toda la pasión que desata este deporte que alcanza su punto máximo mientras se juega la Copa Mundial. Hoy inicia la antepenúltima fase: Cuartos de final: Francia vs Marruecos a las 4:00 PM.
‘Cuando un jugador comete un penal, el castigado es el arquero; allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía, expiando los pecados ajenos’, Eduardo Galeano en ‘Fútbol a sol y sombra’, uno de los libros más fascinantes sobre fútbol, repleto de anécdotas, acontecimientos históricos y una severa denuncia a las manos ocultas que manejan con métodos dudosos esta industria que genera miles de millones de dólares cada año.
Galeano, autor de ‘Las venas abiertas de América Latina’ fue un amante del buen fútbol, ese que por momentos se transforma en arte y que convierte los estadios en gigantescos teatros. "Siempre jugué muy bien, la verdad maravillosamente bien. Era el mejor de todos, pero sólo de noche mientras dormía. Durante el día, hay que reconocerlo, he sido el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país"
Los penaltis
Ayer temprano, mientras disfrutaba del enigmático aroma del café que avisa que ya está para tomar, recibí un mensaje de un amigo colombiano sumergido en profunda tristeza tras la eliminación de su selección en la tanda de los penaltis ante Suiza. ¡Malditos penaltis! dijo.
Contrario a la opinión de muchos, los penaltis están lejos de ser una simple lotería o un cara o cruz como dicen algunos en la búsqueda de respuestas que solo sirven de excusas ante el fracaso. Donde influyen preparación física, técnica, control mental y dominio escénico no puede existir espacio para la aleatoriedad. Por tal razón se descarta que la suerte sea un factor determinante.
Entrenar lanzamientos de penaltis puede ser un ejercicio estéril cuando se trata de un Mundial porque mientras se practican se hace en solitario, sin la presión que generan 80 mil aficionados de un estadio y las decenas de millones de televidentes hipnotizados esperando un incierto desenlace.
Los penaltis es una batalla psicológica entre el portero y el pateador. Un breve espacio en donde se detiene el tiempo y en el que la mayor responsabilidad recae sobre el ejecutor, ya que históricamente, según las estadísticas, cerca del 80% de los penaltis terminó siendo gol, pero el escenario de una Copa Mundial lo cambia todo.
Una vez conversé con el Pibe Valderrama sobre los lanzamientos de penaltis en los Mundiales. Me dijo que es sin duda el momento de mayor presión a la que se puede someter cualquier jugador. Muy cerca de la realidad. Hay mucho en juego, tras 120 minutos de agotador partido llega esta cruel definición en donde solo dos caben en el terreno. Dos países que se juegan su continuidad en la Copa caminando sobre un hilo bastante frágil que consiste en el de los once metros que separa al balón de la portería que mide 7.32 metros por 2.44 de alto.
Muchos que han vivido la experiencia dicen que en ese momento el portero se nota enorme y la portería pequeña. manifestación negativa que produce la presión, esa mayúscula responsabilidad que transmite la situación. Todo esto influye para que los lanzamientos de penaltis bajen su efectividad en las Copas del Mundo a 69%. A todo esto se le añade la tecnología y la misma sabermetría que no es exclusiva del béisbol.
Los porteros son estudiosos de las ejecuciones de los principales pateadores de penales del rival. Reciben informes de su equipo técnico, tendencias de cada jugador, punto de seguridad y hasta del carácter y temperamento del ejecutante. Se trata de un lanzamiento que puede sobrepasar los 125 kilómetros por hora. No hay tiempo para la espera del impacto e interviene la intuición del portero.
La tecnología le ha dado la oportunidad a estos de predecir la trayectoria del balón partiendo de la localización del último pie de apoyo antes de la ejecución del penalti por parte del pateador. Si el pie de apoyo se ubica a muy corta distancia del balón, el penalti tiene muchas posibilidades de ir al lado opuesto. Se trata de una decisión de milésimas de segundo que muy pocos guardametas han podido dominar.
Este Mundial muestra un dato inequívoco de la presión que genera el lanzamiento de un penalti para el ejecutor. Messi, uno de los mejores lanzadores de penaltis por su versatilidad para cobrarlos, ha fallado sus dos intentos desde la pena máxima en Norteamérica 2026, errando 4 de 8 que ha tirado en sus seis participaciones en Copas del Mundo, bajando así a 50% su promedio en comparación al 78% de aciertos que históricamente tienen en las demás competiciones. Hasta el genio argentino no se salva de la tensión que generan los penaltis.
Compartir esta nota