Inicio de los dieciseisavos de final de muerte súbita. El que gana, avanza a octavos de final, el que pierde, feliz viaje de retorno a casa. Sudáfrica 0 Canadá 1. Johannesburgo los espera como héroes. Hoy: Brasil vs Japón, Alemania vs Paraguay, Países Bajos vs Marruecos.
"Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol." Albert Camus, novelista y filósofo francés nacido en Argelia durante la ocupación francesa.
Autor de ‘El extranjero’, en donde expone las inmundicias que arrastra ser indiferente ante la sociedad, narrando una historia que desnuda las miserias de la inexistencia, y ‘La peste’ donde muestra la resiliencia y resistencia del pueblo argelino ante una epidemia. Camus fue uno de los grandes amigos de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, con quienes se pasaba horas hablando sobre literatura y fútbol. Se distanciaron por sus distintas formas de interpretar el comunismo.
Camus, por su extrema pobreza cuando niño, fue obligado a jugar como portero ya que su abuela le dijo que tenía que jugar en dicha posición porque como delantero gastaba los zapatos muy rápido. Tuvo que abandonar el fútbol a los 17 años cuando le diagnosticaron tuberculosis.
Camus dijo que las lecciones más importantes de vida y ética las aprendió siendo portero.’Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser recta’.
Un claro favorito (Alemania ante Paraguay), uno muy igualado (Países Bajos y Marruecos) y un partido trampa (Brasil Contra Japón).
Sí, Japón representa una selección de alto riesgo para los pentacampeones. En este tipo de situaciones de partido único poco pesan la historia y los nombres. Solo vale el aquí y ahora, y este equipo del técnico Hajime Moriyasu es en los terrenos de juego lo que es la sociedad japonesa: disciplinada, organizada y cohesionada.
Argumentos tienen los nipones para no acomplejarse ante los brasileños. Ya saben lo que es ganarle aunque haya sido un partido amistoso el pasado octubre, buen termómetro que invita a pensar que el de hoy no debe ser un paseo para los de la tierra de Pelé, Garrincha, Romario, Ronaldo y Ronaldinho.
Más vale no relajarse ante este histórico ‘matagigantes’ que venció de manera consecutiva durante el pasado Mundial de Catar a los excampeones del mundo Alemania y España, ahora con un onceno más maduro, inteligente y conservador, que no le importa no tener el dominio del balón, que defiende en bloques con líneas coordinadas, y ataca por bandas y de manera vertical con transiciones rápidas cometiendo pocos errores y disparando a portería cuando hay reales posibilidades de anotar, con un acierto de 26% de efectividad cada vez que intentan penetrar la portería contraria.
Los de Ancelotti mostraron una ligera mejoría en su juego colectivo en sus dos últimos partidos de fase de grupos, con un Vinicius pletórico, pero jugar excesivamente a la ofensiva, con líneas adelantadas a pesar de que los centrales Marquinhos y Gabriel son veloces, puede ser lapidario ante este Japón que no tiene nada que perder. Brasil si, y mucho.
A partido único todo puede suceder
La Copa del Mundial es un campeonato difícil de pronosticar porque el fútbol, el más democrático de todos los deportes, en su etapa de eliminación directa, cualquier equipo puede quebrar cualquier vaticinio y dar la sorpresa ante una selección de mayor jerarquía. Sobran los ejemplos, con el Maracanazo en 1950 como el más fiel ejemplo en donde el fútbol dicta que los partidos jamás se ganan en la víspera.
Es el único deporte que le permite ganar al que no ha sido el mejor en el terreno, utilizando planteamientos mezquinos y con alta dosis de complejo de pequeñez para muchos, pero inteligente para intereses propios, jugando a no dejar jugar solo a la espera de la oportunidad para hacer daño, porque al final de los noventa minutos, aquí lo único que cuenta es que la pelotita entre en portería contraria, más allá de la belleza o el esperpéntico planteamiento que se exhiba. El fútbol no conoce trayectos, solo la meta alcanzada.
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