El Abierto de Estados Unidos siempre ha significado un reto para los tenistas. El último en el calendario de los cuatro campeonatos grandes del circuito no solo se presenta como un desafío a la fatiga tras ocho largos meses de competición, sino que también es el torneo en donde se presentan mayores distracciones.
El tenis es un deporte que amerita mucha concentración cuando se juega al máximo nivel. Muchos son los factores que pueden representar distracción. Por eso siempre precisa de la colaboración del público para tratar de evitar cualquier dispersión que pueda afectar un aspecto tan fundamental y determinante en este deporte como lo es el mental. Históricamente, la cordura y respeto a las reglas no escritas en el tenis, en el complejo Billie Jean King de Flushing, se han respetado muy poco.
El Abierto de Estados Unidos es sin dudas el menos formal. Este año al desorden se han sumado innumerables ‘hacedores de contenido’ que irrumpen con sus exageradas excentricidades en el Arthur Ashe en medio de los partidos de los principales jugadores, que agregados al libre movimiento de los espectadores en plena disputa de puntos, convierten al estadio de tenis más grande del mundo en un lugar impropio para llevar a cabo partidos élite. A todo el desorden del US Open se le ha sumado durante las últimas ediciones los fumadores de marihuana, que han trasladado al escenario más importante del tenis de Estados Unidos, el ‘aroma’ típico que impera en Nueva York, ciudad que permite su uso de manera legal con fines recreativos.
Los reclamos no tuvieron en Sabalenka y Alcaraz su punto de partida. Desde hace tiempo algunos tenistas han advertido sobre el fuerte olor a marihuana en todo el complejo. El pasado año se alegó que los vientos trasladaban el olor de la hierba fumada desde el Corona Park, justo al lado de las canchas. Durante la presente edición, los fumadores de cannabis se han detectado en múltiples lugares del complejo de tenis, incluyendo la mítica cancha Arthur Ashe, incluso mientras se juega con techo retráctil cerrado, algo que afecta directamente a los jugadores y aficionados. Sabalenka detuvo brevemente su partido del pasado viernes por el impacto del ya popular olor.
Parece que los organizadores poco pueden hacer para poder imponer reglas éticas dirigidas a aficionados que pagan exclusivas entradas en un deporte que tiene fama de excluyente, pero que tiene a la marihuana como una de las tantas sustancias prohibidas, en donde los jugadores se exponen a graves sanciones si la utilizan durante los campeonatos, algo bastante contraproducente con lo que pasa actualmente en el US Open.
Compartir esta nota