Hay quienes afirman que el español hablado en España presenta mayores diferencias de una región a otra que las que se encuentran entre los diversos países de Hispanoamérica.
Es natural que una lengua hablada por más de 500 millones de personas en una veintena de países presente diversidad de formas o de modalidades en su sintaxis, su vocabulario y su pronunciación. En el campo fonético, resulta fácil percibir las diferencias que en la articulación de ciertos sonidos del español producen los hablantes de un país con relación a los de otro, e incluso los de una región frente a los de otra dentro del mismo país. Como ejemplo se puede pensar en la /s/ final de sílaba, que se conserva sistemáticamente en algunos lugares, entre los que están Valladolid, la ciudad de México o Bogotá, pero que presenta una pronunciación muy variable y se reduce frecuentemente a una aspiración faríngea, llegando incluso a desaparecer (esto, ehto, eto), en otras partes, como en Sevilla, en La Habana, Buenos Aires o Santo Domingo.
Lógicamente, muchos sonidos son producidos sin mayor variación, de forma muy similar en todas partes y, en consecuencia, no constituyen elementos distintivos, como puede ser el caso de /a/, /p/, /m/. En esta ocasión, solo se presentarán, de manera resumida, algunos de los rasgos diferenciales que caracterizan la pronunciación en España. En futuras entregas, se hará lo mismo con otros países del mundo hispanohablante.
Hay que aclarar, por otra parte, que muchas de las características que de modo general se indican como propias de un país o de una región, no forman parte, necesariamente, del habla de todos y cada uno de sus habitantes. En el terreno de la actuación lingüística de las comunidades, no existe homogeneidad o uniformidad absoluta. Dentro de una misma zona, hay diferencias fonéticas motivadas por razones socioculturales y generacionales, entre muchas otras posibles.
España cuenta con una población aproximada de poco más de 47 millones de personas. Y, aunque su territorio es menor que el de muchos países americanos, hay quienes afirman que el español hablado en su interior presenta mayores diferencias de una región a otra que las que se encuentran entre los diversos países de Hispanoamérica. Sea o no exacta esta apreciación, el hecho es que no existe una, sino muchas modalidades de español peninsular. Aquí solo se describirán esquemáticamente dos de ellas: la utilizada en la zona norcentral y la propia de la región sur.
A la gran diversidad del español en España, que se habla en todo el país, se añade también la situación de bilingüismo en diversas regiones donde el español alterna con el catalán, el gallego o el vasco. En cuanto a la variedad castellana, en la región norcentral, hay que decir que se trata de la más conservadora y prestigiosa del país. Es considerada, por quienes adoptan un criterio prescriptivo y casticista, como la forma ‘más pura’ y correcta de hablar el español.
Desde la perspectiva hispanoamericana, la característica fonética más destacada y peculiar de esta modalidad española, conocida como castellano, es la presencia del fonema interdental /q/ (zeta). Sus hablantes distinguen, por ejemplo, la /s/, de sumo, de la /q/, de zumo.
Otros rasgos fonéticos de este dialecto son:
- pronunciación apicoalveolar de la /s/, con elevación de la punta de la lengua, lo que causa cierta resonancia palatal;
- mantenimiento regular de la /s/ en posición final de sílaba y de palabra;
- pronunciación tensa de la consonante velar fricativa sorda ‘jota’ (/x/);
- eliminación frecuente de la /d/ intervocálica postónica (cansao, por cansado), incluso en el habla culta;
- transformación de la /d/ final de palabra en zeta (Madriz por Madrid).
En el campo de la morfosintaxis, algunas características peculiares del castellano son:
- Uso del pronombre de segunda persona del plural vosotros, en concordancia con la forma verbal correspondiente: ‘vosotros amáis’, ‘vosotros teméis’, ‘vosotros partís’. Y, como es natural, empleo de la forma inacentuada correspondiente, os: ‘Os prometo hacerlo’.
- Preferencia por los alomorfos de diminutivo -illo, -ín: ‘dinerillo’, ‘poquitín’.
- Leísmo (le como objeto directo, en vez de lo – la): ‘No he vuelto a hablar con Juan desde que le llamé por teléfono’.
- Laísmo (empleo de la en lugar de le para el objeto indirecto): ‘La dije que no lo hiciera’.
- Ajuste irregular del artículo ante sustantivos femeninos iniciados con á acentuada. Dicen con frecuencia: ‘En el otro área’, ‘Con el mismo arma’, ‘Ese agua’, ‘El poco agua’.
- Uso del imperfecto de indicativo en lugar del potencial: ‘Si yo careciera de fe en Dios, me pegaba el tiro’.
En el terreno del léxico existen también algunas unidades distintivas:
‘billete’ (boleto, ticket), ‘cabrear’ (coloq.: enfadar o poner de mal humor a alguien), ‘calcetín’ (media de hombre), ‘chaval’ (niño), ‘chollo’ (ganga), ‘coche’ (carro), ‘conducir’ (manejar), flipar (coloq.: estar o quedar maravillado o admirado), ‘mogollón’ (coloq.: montón, gran cantidad), ‘mordisco’ (mordida), ‘patata’ (papa), ‘piso’ (apartamento), ‘tirar’ (halar, y también botar), ‘zumo’ (jugo).
Otra variedad importante del español peninsular es la andaluza, en la región sur, que se distingue de la castellana por rasgos fonéticos como los siguientes:
- seseo, pronunciación de /s/ en vez de ‘zeta’ (con prestigio – ‘dose’, no ‘doce’) y ceceo, pronunciación de zeta en vez de /s/ (sin prestigio – ‘meza’, por ‘mesa’);
- fricativización o relajamiento de la ‘che’, que muchos pronuncian como ‘sh’ (osho en vez de ocho);
- aspiración y eliminación de la /s/ al final de sílaba y de palabra (‘lah do’, por ‘las dos’;
- pronunciación de la jota (/x/) como un sonido aspirado débil [h] (caha, muher);
- velarización de la /n/ final de palabra;
- neutralización de las líquidas /r/ y /l/ finales de sílaba y de palabra en el habla popular, sobre todo convirtiendo la /l/ en /r/: [úrtimo], en vez de ‘último’.
- eliminación frecuente de la /d/ intervocálica postónica en el habla espontánea.
Entre los fenómenos fonéticos citados, algunos gozan de prestigio: aspiración frecuente de la /s/ al final de sílaba y de palabra, la pronunciación de la /x/ (“jota”) como un sonido aspirado, relajado [h], o el seseo. Otros son fenómenos fonéticos populares, sin prestigio: el ceceo, la articulación de la /č/ como [š] (“she”), la elisión muy frecuente de la /d/ intervocálica postónica, la conversión de la /l/ en /r/ al final de la sílaba; la elisión frecuente de la /r/ y la /l/ finales de sílaba y de palabra.
Como fenómenos sintácticos del español andaluz, hay que mencionar la sustitución del pronombre vosotros por ustedes, y la ausencia de leísmo, es decir, el mantenimiento de la forma lo para el objeto directo y le para el indirecto.
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