Un pedazo de noche habría sido otra novela de Juan Rulfo. Solo sobrevivió su primer capítulo, gracias a que el autor lo había enviado previamente a una revista para su publicación antes de decidir destruir el manuscrito completo.
En esta narración se percibe una historia que no se aleja en absoluto del universo literario que conocemos de Rulfo: un mundo marcado por la miseria, la soledad, los fantasmas y la presencia constante de la muerte. Todos estos elementos, tan característicos de su obra, aparecen ya insinuados en este fragmento sobreviviente.
Rulfo explicó en una entrevista concedida a RTVE en 1979 que destruyó la novela porque no estaba conforme con lo escrito. En sus propias palabras, se trataba de “una novela muy mala”. Así, Rulfo acabó definitivamente con esta obra inconclusa.
Algo similar ocurrió con Ernesto Sábato, quien también destruyó numerosos manuscritos a lo largo de su vida. Las pocas obras que sobrevivieron se debieron, en gran medida, a la astucia y perseverancia de su esposa, que rescataba borradores casi de las llamas, según explicaba el propio autor… sin embargo, a diferencia de lo sucedido con Rulfo, nunca sabremos el contenido de las obras destruidas por Sábato.
Al menos, en el caso de Un pedazo de noche, sobrevivió ese primer capítulo, en el cual se narra el deseo de un hombre por una mujer prostituta. La narración pone de manifiesto la tensión entre el deseo y la responsabilidad: el hombre anhela hacerle el amor a la mujer, pero toda la escena gira en torno al niño famélico que lleva en brazos. El niño es su ahijado, y el protagonista, consciente de que los padres del pequeño son unos borrachos irresponsables, decide quitárselo esa noche para evitar que le ocurra algo malo.
Se trata de una historia fascinante. Muchos podrían considerar este capítulo como una pieza lograda y profundamente rulfiana. Resulta difícil entender qué llevó a Rulfo a considerarla una obra fallida. Tal vez los capítulos posteriores no alcanzaban la misma intensidad, pero en este fragmento encontramos sin duda al Rulfo que todos reconocemos: el escritor de la desolación humana, de los silencios cargados de sentido y de las vidas suspendidas entre la pobreza y la muerte.
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