Pocos escritores han alcanzado la trascendencia literaria de Juan Rulfo con una obra tan breve. Con apenas dos libros (El llano en llamas, conjunto de cuentos, y Pedro Páramo, novela), logró inscribirse de manera definitiva en el canon de la literatura universal. Aunque también fue autor de una tercera obra, la novela breve El gallo de oro, su prestigio y reconocimiento descansan, casi por completo, en esas dos piezas maestras que continúan dialogando con lectores de todas las generaciones.

Rulfo se definía a sí mismo como un hombre tímido, reservado, más inclinado al silencio del hogar que al bullicio de la vida social. Tal vez esa discreción personal explique, en parte, el misterio que siempre ha rodeado su figura y su producción literaria. Como ocurre con ciertos autores excepcionales, su partida dejó un vacío imposible de llenar, un hueco que ningún otro escritor ha logrado ocupar del mismo modo.

Escena de la película Pedro Páramo.

Durante años, lectores y críticos aguardaron una nueva obra suya. La expectativa se reavivó el 17 de abril de 1977, cuando en el reconocido programa A Fondo el periodista Joaquín Soler Serrano le formuló la pregunta que muchos ansiaban escuchar: si estaba trabajando en algún nuevo libro. Rulfo respondió que sí, que escribía un nuevo volumen de cuentos y que posiblemente estaría listo pronto. Aquellas palabras encendieron la esperanza de sus lectores.

Sin embargo la muerte le llegó, y el tiempo ha demostrado que ese libro quedó atrapado en el archivo del silencio. Hasta hoy no ha visto la luz. Tal vez permanezca olvidado entre pertenencias personales; quizá la familia decidió no publicar una obra póstuma; acaso nunca llegaron a ser conscientes de su existencia. Incluso cabe imaginar —con cierta angustia— que alguien ajeno al valor del arte haya encontrado esos textos por azar, haya leído el nombre “Juan Rulfo” sin reconocerlo y los haya desechado sin reparo. Sea cual sea la verdad, lo cierto es que se cometió un crimen contra la palabra escrita.

Aun así, como suele decirse, la esperanza es lo último que se pierde. No resulta descabellado pensar que algún día esos cuentos salgan a la luz, del mismo modo en que ocurrió recientemente con En agosto nos vemos, la novela póstuma de Gabriel García Márquez, que permitió a los lectores reencontrarse con uno de los grandes maestros del realismo mágico.

Mientras ese día llega —o no— seguiremos regresando a la obra de Rulfo una y otra vez. Porque la buena literatura no se agota, no envejece ni aburre: permanece viva, resonando en el silencio, como los ecos de Comala que aún nos hablan desde sus páginas.

EN ESTA NOTA

Gerson Adrián Cordero

Escritor

Gerson Adrián Cordero (Luperón, Puerto Plata, República Dominicana, 03/04/1991) es licenciado en Educación con mención en Letras, con diplomados en literatura, historia y cultura dominicana. Escritor, editor y promotor cultural, ha publicado novelas, poesía y cuentos. Es colaborador habitual de los medios digitales Acento.com y Alasunto.com. Además, dirige el Círculo Literario César Nicolás Penson y coordina el grupo Literatura Universal. Ha sido galardonado con el Premio Uneviano Nacional de Cuentos 2019 y fue reconocido como Joven Escritor del Año 2024 por el Taller Literario Virgilio Díaz Grullón de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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