La palabra onomatopéyica «boom» nos remite paralelamente a explosión y a apogeo. Esto último es lo que predomina, con esa voz, en la conciencia letrada latinoamericana: el Boom fue el éxito literario de una generación de escritores, encabezados por Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, quienes revolucionaron la novela en lengua española y se convirtieron en un fenómeno cultural. Seis décadas después de aquella detonación literaria, todavía su fuego obsesiona a los lectores.
En esta ocasión el artefacto explosivo lo carga sobre sus hombros el escritor y gestor cultural Sélvido Candelaria, a quien hasta ahora he conocido como un hombre de paz y no le creí capaz de lanzar bombas. Bienaventurados somos de que este boom es también literario, pero suyo y a su manera. Es una novela que dará agua a beber por la vocación transgresora con que ha sido concebida, y por la frescura de su historia decididamente contemporánea.
Creo que la primera vez que conocí de Sélvido fue en 2010, cuando el Consejo Nacional de Cultura le condecoró como «Activo cultural de la nación», una distinción anunciada por el entonces ministro de Cultura, José Rafael Lantigua. Años después, trabé amistad con él y tuvo la gentileza de invitarme a Artemiches, el festival cultural fundado por él en Miches y donde noveles escritores y artistas tuvimos la oportunidad de darnos más a conocer. En mi caso, fue de las primeras ocasiones en que participé en un evento literario fuera de mi ciudad natal. A lo largo de los años mi admiración hacia la estela literaria y humana de Sélvido solo ha crecido.
En ocasión de la puesta en circulación de su nueva novela, Boom, en el Centro UASD de Hato Mayor, el 21 de marzo de 2026, he valorado varios aciertos de esta propuesta narrativa.
Diálogos
La novela es el género literario más abierto y flexible. Por eso, lejos de extinguirse, se encuentra hoy en día en el clímax de su popularidad. La novela permite jugar con la forma, entretenerse o sudar con la estructura, hilvanar una historia con una pasmosa vastedad de materiales. Sélvido nos entrega una novela en la que narra relaciones sentimentales originadas en internet. Personas que se conocen en la mediana edad, viven en distintos países, eventualmente se conocen en persona, y mantienen una asidua, frenética y lujuriosa comunicación por Skype, Facebook y WhatsApp. Para mostrar con fidelidad estas conversaciones, la novela está fundada esencialmente sobre diálogos. La voz de un narrador es mínima. Los diálogos pueblan las páginas de Boom. Este recurso genera en el lector una poderosa sensación de cercanía hacia los personajes. Es, además, una apuesta osada. No todos los escritores pueden sostener la tensión y el interés argumental a partir de diálogos. La novela Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa—que es precisamente una «catedral del género»— opera exclusivamente desde el diálogo, y en él discurren multitud de vidas sinuosas. Sélvido usa un diálogo contemporáneo: el chat, la mensajería instantánea, esa magia que tenemos a nuestro alcance, que nos permite conversar en línea con gente de cualquier rincón del planeta y que nos brinda la ilusión de conocerles, aunque nunca los hayamos visto en persona. Una novela hecha sobre la base de chats no es frecuente. Lo interesante de esta es que, más allá de esta cualidad, nos mantiene en vilo por el rumbo volcánico que toman los diálogos.

Erotismo
Nuestra época es abundante en la oferta sexual y escasa en la propuesta erótica. Octavio Paz dedicó un libro al tema, titulado La llama doble. Amor y erotismo. Para Paz, mientras el sexo es la materialidad animal, la naturaleza implacable y ciega, el erotismo es el juego, el teatro, la representación, el rodeo, la imaginación. Que la novela de Sélvido sea erótica no implica para nada que sea casta en el uso de la lengua. No hay rastros de romanticismo ni de idealización lírica en su surco textual. Al contrario, refleja con desenfado realista las conversaciones madrugadoras en los chats, los envíos de fotos íntimas, la insaciable necesidad del otro de que le hablen sucio para llegar a la cima del placer. El erotismo está en que las personas se encuentran a miles de kilómetros de distancia y esa ausencia personal del otro es la chispa que les enciende. Las palabras, y ocasionalmente las fotos y videollamadas, sustentan el credo amoroso y sexual. Las palabras sustituyen las caricias, los besos y las relaciones sexuales. Las palabras se llenan de llamas y truenos, de semen y vida, de espasmos y destellos. Novelar el erotismo ha sido siempre una empresa escandalosa. Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y Lolita, de Vladimir Nabokov fueron publicadas con un siglo de distancia, en 1856 y 1955 respectivamente, y generaron efectos similares en las sensibles mentes moralistas. El escándalo es el traje que viste la hipocresía, es nombrar y mostrar una realidad que hace a muchos sentirse incómodos. La novela Boom es una confección erótica que se siente en la piel. Respira gemidos que hacen sonrojar el cielo.
Distancia del nacionalismo y la política
En 2024 colgué en mi modesto canal de YouTube un video titulado «5 problemas de la novela dominicana», en el que expuse, desde una perspectiva histórica, por qué en la República Dominicana el género novelístico, aunque se ha expandido cuantitativamente, todavía padece importantes defectos que menguan su potencial. Uno de los problemas que mencioné es la autocensura lingüística, nacionalista y moralista. Los novelistas dominicanos suelen ser muy correctos, como si estuvieran dando una clase de moral y cívica. Y el arte no está para dar sentencias pedagógicas, sino para jugar con la realidad. Ese juego debe darse la oportunidad de ser provocador si aspira a la autenticidad. Nuestras novelas han sido muy nacionalistas. Raramente un escritor dominicano ambienta sus novelas fuera de la República Dominicana. Sélvido lo ha hecho. La ubica en Madrid y, en los chats, su ambiente es el entorno digital. Más que aludir constantemente a un destino geográfico, lo que le interesa es las infinitas conversaciones de los cibernautas. El nacionalismo en la novela dominicana también se verifica en una postura pasiva ante el discurso conservador. Sélvido desbarata esa limitación. Escribe como le da la gana. Usa las palabras que mejor sirvan a su propósito creativo, sin preocuparse por si le gustan a los sectores políticos y religiosos. En la medida en que la literatura se libera de cadenas nacionalistas y entiende que su objeto es el ser humano, no importa dónde esté o cómo se comporte, mientras se deje llevar por la vida cómo es y no pretenda legislar sobre ella, entonces la literatura se desarrolla.
Asimismo, la novela de Sélvido elude los temas políticos. La tradición novelística latinoamericana presta demasiada atención a la política. Se cree que eso se debe a nuestra historia tan abundante en traumas: dictaduras, golpes de estado, invasiones extranjeras, guerras independentistas, injusticias, pobreza. Sin embargo, América Latina no es solo eso. Nuestro continente ha mirado poco hacia la ciencia ficción, el thriller, el terror, porque hemos estado obsesionados con usar la novela para una función testimonial. La novela Boom va sobre gente cuya vida es aburrida, insípida y encuentra en internet una vía para conocer gente nueva con la que desarrolla vínculos emocionalmente complejos. No le interesa quién gobierna. Es cierto que hay algunas alusiones a la sociedad española, al tema de las pensiones, a los ambientes laborales tóxicos, pero esto solo sirve como telón de fondo.
La novela Boom, en síntesis, acierta porque responde un sólido criterio de originalidad en la literatura nacional, cuyas fronteras temáticas y estilísticas al uso trasciende. La inserción de unas historias dentro de otras, la famosa caja china; el retrato descarnado y sin sentimentalismos de la realidad contemporánea, en la cual no escapa al ecosistema digital, son tratados con una prosa llena de gracia que coloca a Sélvido Candelaria como un novelista que merece absolutamente la atención que buscamos los escritores: ser leído.
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