Epistemológicamente hablando, el poema Tus dos altas banderas que suscribo (1976) del poeta, narrador y dramaturgo dominicano Aquiles Julián (1953), me refiere al ámbito de la etnoliteratura, relación de la antropología con la literatura; y a la etnopoética de Rothenberg, J. (1966), “…cruce entre las poéticas rituales y las poéticas vanguardistas y experimentales…”, a mi juicio, idóneas para el desmenuzamiento de las disposiciones estéticas y puntos de vista del aedo nativo del Seibo. Siempre, reconociendo que un comentario hilvana aprendizajes tanto para el lector como para el comentador: omnes vincunt.

Seis momentos con ‘Tus dos altas banderas que suscribo’ (I)

Concomitantemente con aquellas disciplinas, recurriré al Comentario de textos literarios de Fernando Lázaro Carreter (1972), quien consideraba que la literatura podía estudiarse mediante la lectura de obras, su historia como instrumento auxiliar y la explicación de textos. El tema, el autor, la época y estilo de los contemporáneos, tratados recientemente por otros colegas, regresan bajo la luz particular de estos enfoques. Pido al dios de Homero contar con la cultura general y agudeza de ingenio suficientes para abarcar los seis momentos de la exégesis carreteriana: (1) lectura atenta, (2) localización de la obra; (3) tema, (4) estructura, (5) análisis de la forma partiendo del tema; fondo y forma sendos senos indisociables: en la forma gravita la intención del autor, el tema sugiere matices y originalidad, no como una camisa de fuerza del contenido, sino como el perfil de su naturaleza, y (6) conclusión, pretensión de concretar cómo está escrito y porqué; o qué dice y cómo lo dice el peán: impregnado de elementos Ahuilcuicatl, así sin plural, pronto sabremos hasta qué punto por cautela del demiurgo.

Con base en estas herramientas sugerimos que Tus dos altas banderas…, enarbola una rapsodia ritual y sensorial cuya teleología favorece a la urdimbre estética y concatena una polifonía rítmica, ancestral y vanguardista, derivación de referentes socioculturales en el rapsoda. En síntesis, instituye una denodada manifestación artística, centrada en los atributos antropológica y culturalmente laudables del ser/recipiente que admira: “colgado del aire de tus senos,/mujer//tus dos planetas de la dicha”.

En la primera de tres lecturas me detuve (a) en el título: Tus dos altas banderas que suscribo, declaración de sintagmas sin ínfulas de artilugios arcanos: astas, senos; patria, rúbrica; altura, lienzo sagrado; bastedad, tuyos; míos, plenitud; sociocultura y antropológica arraigada en su ontología como en su tuétano, (b) la dedicatoria, “A Ercilia Deláncer y a la pequeña Grissel Zahyra, construyendo hoy un mañana solar para ella y todos”, prefigurando desde el íncipit el propósito estético del yerno de Mnemósine y ampliando la multivocidad de sentidos; y (c) la estructura, ostensiblemente vallejeana, aunada a la admiración del Aquiles de los años 70’ por Pedro Mir, claro deudor del vate peruano: ratificada en el epígrafe del cantor situado en el mismo trayecto del sol: “Solías ser frutal, señora mía,/de levantado pecho turbulento…”, De Poemas de Buen Amor y a veces de Fantasía; derivando en homenaje al Bardo Nacional, perdón Deligne, vaticinio de orfebrería vanguardista e insinuación del ritmo, misceláneo de compases sensuales: tambor del corazón de África, acordeón germánico, temple y bandurria canarios.

Aquiles Julián.

La segunda lectura me volcó en el devaneo estético: ¿cuánto de Trilce curtiría sus tejidos?, ¿acaso, como en Mir, preservaría el ADN del joven Julián remanentes eróticos de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada o de Los versos del capitán nerudianos?, sin aventurarme a rechazar cada vestigio; bien que depurado por la evasión del despropósito de la repetición: el ABC de la poesía conmina a donarle al mundo una estructura autosuficiente, estigma de haber nacido para parir esa estrofa extraída de las brumas, tras enfrentarte a figuras no avizoradas por otros, pese a estar ahí, debajo de esa versificación manida que tantos repelen desestimar. El poeta sabía que no podía signar como suyos andamios gastados por terceros, so pretexto de amueblarlos con X o Y temática; si aspiraba a escalar al trono de Apolo, debía romper con lo leído y desconfiar de las influencias más sublimes, toda vez que manoseadas por el sobreuso del populacho, devienen en figurillas fáciles, versos contables en números rojos al momento de agitar el líquido cefalorraquídeo. La tercera lectura me llevaría a otras orillas, leguas adentro en el devaneo estético y aspectos sucedáneos.

Favorece la localización del poema el capítulo Historia personal de un premio, inserto en la reciente publicación del texto que nos ocupa: “Los ´70 fueron años difíciles. Y fueron los años en que me formé como escritor”. Ojo, si bien la aseveración aduce a la mocedad de Julián, no entraña la iniciación del bisoño; como aclara la siguiente oración compuesta coordinada: “Inicié mi vida literaria, a nivel de publicación y concursos, cuando escribí un ensayo en 1973.” Es decir que, tres años antes del laureado poema, ya era soliviantado por el contexto intelectual; el poeta era precoz, pero en nada personificaba la candidez del diamante en bruto.

Seis momentos con ‘Tus dos altas banderas que suscribo’ (I)

Al rato conocemos que el bardo había ganado dos renglones de tres en al menos dos concursos literarios, y en otro había arrasado con todos; a esa camada pertenecen el poemario Hora de lluvia (1973,) el cuento El Milagro (1974) y la obra dramática Hay un ángel caído en primer plano, (1976), cuyos detalles hallarán en el capítulo citado al inicio del párrafo anterior. Aparte, había sido publicado en suplementos culturales de la mano de gigantes de la estatura de Fredy Gatón Arce, Mateo Morrison, León David, Rafael Deprat y José Luis Sáez.

Seis momentos con ‘Tus dos altas banderas que suscribo’ (I)

Entre las publicaciones de la época figura un ensayo dedicado al maravilloso René del Risco Bermúdez, difundido en El Nacional de Ahora por el creador de Vlía: Fredy Gatón Arce. Es en ese marco temporal que sale a la luz Tus dos altas banderas, inmediatamente celebrado con el primer lugar en el Concurso Literario organizado por The Royal Bank of Canada, con un jurado integrado por Aída Cartagena Portalatín, Jeannette Miller y Pedro Mir, el homérico que el muchacho ganador de premios admiraba.

Seis momentos con ‘Tus dos altas banderas que suscribo’ (I)

Continuaremos…

Randolfo Ariostto Jiménez

Poeta y narrador

Randolfo Ariostto Jiménez es poeta, novelista y cuentista. Ha publicado:- Emisarios de ausencia (Novela), 2026; Poética de la lectura, (Ensayo), 2020; Alba sin madre. (Poesía), 2010; Villa agreste-Primeras Muertes- (Cuentos), 2009; La Soraya (novela corta), 2007; El amor entre cristianos (Poesía), 2000; La poesía romántica (Poemas), 1990. poetaariostto@gmail.com.

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