En un segundo piso del barrio de Point E, en la capital senegalesa, Dakar, conviven genios sin lámpara, futbolistas, jirafas e, incluso, extraterrestres. No es el inicio de un cuento, sino la realidad de Saaraba, una editorial fundada en 2022 y convertida en el hogar de personajes tan diversos como sus relatos.

“El corazón de lo que hacemos es la juventud y, sobre todo, las historias que están arraigadas localmente”, explica a EFE Souleymane Gueye, director editorial de Saaraba.

“Con cada nuevo proyecto surge una pregunta: Hoy en día, a un niño senegalés que abra este libro, ¿este le va a hablar? ¿Se va a ver reflejado en él?”, destaca sobre el proceso creativo.

A partir de ahí, el equipo editorial, liderado por Gueye y formado por cuatro personas más apoyadas por proveedores externos, según los proyectos, desarrolla cada obra con un objetivo claro: romper con el estereotipo de que los libros africanos son de menor calidad y demostrar que pueden competir con cualquier publicación europea.

El esfuerzo de Saaraba no ha pasado desapercibido. En abril pasado, durante la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia (Italia), la editorial recibió el premio al Mejor Editor Juvenil de África.

Semanas después, en Nairobi (Kenia), durante el festival Africa Forward Fest, sumó otro galardón: el premio de Edición Juvenil Africana, que reconoce iniciativas que impulsan la literatura infantil y juvenil en el continente.

Estos premios son un espaldarazo a su modelo, pero no les hacen olvidar sus desafíos.

“Primero, el mercado aún no está muy maduro. Vender libros en cantidad es difícil, y nosotros necesitamos eso para mantener la editorial”, admite Gueye.

Un problema que se agrava por la falta de una red de distribución sólida: en Senegal hay pocas librerías —algunas en Dakar, Saint-Louis, Thies o Saly—, y la escasez de puntos de venta limita el acceso de los lectores a sus obras.

A esto se suma otro obstáculo: la propia creación física del libro. “Fabricar el libro aquí es muy complicado. No hay muchas imprentas con técnicas avanzadas para libros de calidad. Para igualar el estándar europeo, es un reto”, señala el director editorial.

La riqueza cultural de Senegal

Saaraba, nacida como filial del grupo Editis (el segundo mayor de Francia), ha construido un catálogo que refleja la riqueza cultural de Senegal.

Desde un bestiario de figuras legendarias, “Génies, créatures & mythologies du Sénégal”, de Meïssa Mbaye e ilustrado por Sophie Le Hire; pasando por las peripecias de un joven futbolista, "Sadio, Le bois des anges”, de Seydina Issa Sow; o las aventuras de un extraterrestre en el país africano, “Yulu”, de Roxane Dogan e ilustrado por Ismaïla Fall.

De momento, uno de sus primeros lanzamientos, “Les contes de El Hadji Leeboon”, de Mor Mbengue e ilustrado por Sophie Le Hire, continúa siendo su mayor éxito comercial.

“Lo primero es contar nuestras historias. Ese es el eslogan de la editorial. Hoy ofrecemos a los niños lo que no tenían antes. Yo, de pequeño, leía muchos libros, pero me contaban historias que ocurrían en Lyon, en Francia, etc. Ahora, apostamos por la calidad y lo local”, subraya Gueye.

Para Saaraba, el verdadero triunfo será el día en que un libro editado en Senegal no necesite justificar su origen para ser valorado.

“Hoy estos libros se venden en Francia, en librerías, y la gente no dice: 'Esto está hecho en Senegal'. No ven la diferencia porque, en cuanto a calidad, logramos hacer lo mismo”, afirma con orgullo.

La editorial no sólo busca vender libros, sino cambiar la narrativa: demostrar que África puede ser protagonista de sus propias historias, con personajes, escenarios y voces que resuenen en los niños del continente.

“Tenemos la sensación -concluye- de que hemos venido a llenar un vacío. Faltaba algo y Saaraba ha aportado una respuesta”. (Eduardo S. Molano/EFE)