Como muy pocos escritores, Guy de Maupassant era capaz de plasmar en muy pocas páginas los recovecos más profundos de la condición humana. Así, por ejemplo, en el cuento El ciego (1882) presenta sin paliativos el problema de la utilidad y el descarte. Es un problema que, en los seres bípedos —no en todos, por supuesto, sino en los insensibles, intolerantes y oportunistas—, da pie al descarte de los seres que dejan de serles útiles en cuanto se vuelven "inutilizables". Queda demostrado cuando el cuñado, al morir los padres del ciego, no tiene reparos en acogerlo —y con ello, desde luego, su herencia— en su casa. Luego le parece un estorbo —el lector del cuento sabe el porqué— y se deshace de él poniéndolo a mendigar. Un día lo abandona a su suerte y el ciego muere. Si vivo ya no le parecía útil, muerto no le era inútil. Aquí Maupassant hace un perfecto uso de la elipsis y la sugerencia del mayor problema oculto en el cuento, un problema que luego, no ya de forma implícita sino explícita, desarrolló en El barrilito (1884). Pero el binomio utilidad-descarte alcanza su máximo esplendor en el cuento Coco (1884), cuyo personaje central es un inolvidable caballo —Coco— que muere de forma atroz. Imposible no quedar conmovido con la lectura de ese cuento. Pero ¿quién mató a Coco? Para algunos la respuesta está clara; para otros, incluso habiendo leído el cuento, no lo está ni remotamente; por ello me propongo esclarecer semejante interrogante.
Hay equinos que son salvajemente maltratados por sus terribles amos. Unos viven de por vida en manos de un único dueño; otros pasan de mano en mano, y en ese periplo van de mal en peor; y los menos caen, por suerte, en manos de alguien que no los maltrata. Pero el pobre Coco pasó toda su vida en la alquería de su amo Lucas, «un hombretón que empezaba a echar tripa» (traducción de Mauro Armiño). Aquí la gordura no es enfermedad. Es riqueza. Porque el cuento no es del siglo XXI. Es del XIX. Pero ¿Lucas realmente lo privó de comida alguna vez? En la vejez de Coco, le encargó a Zidore que le diera en invierno su medida de avena y su forraje, y en verano que lo dejara comer hierba a sus anchas en la ladera. Salvo los últimos días, Coco no conoció el hambre. El narrador lo confirma: «Los animales, caballos, vacas, cerdos y corderos, estaban gordos, bien cuidados y limpios». En esa alquería no se descuidaba la alimentación. Pero ¿lo vigilaba? Lucas «hacía sus rondas tres veces al día, vigilando todo y pensando en todo». Sin embargo, a Coco viejo no lo visitaba. Entonces ¿por qué poner tanta atención en Lucas? ¿Es él el asesino de Coco?
En la alquería había —entre amos, criados y sirvientas— quince personas. Se reían de Zidore al verlo pasar con el animal, lento, viejo y casi tullido; ello lo encolerizaba sobremanera: «la gente de la alquería se divertía, hablaba constantemente del caballo a Zidore para enfadarle. En el pueblo también lo llamaban Cocó-Zidore». Los empleados de la alquería y los habitantes de la comarca eran ciegos al dolor de Coco y al mal que infligían en Zidore, quien, siendo él muy joven aún y a la vez un ser tan mediocre, no estaba preparado para actuar con indiferencia y tranquilidad ante las burlas del entorno. No podía entender la irracionalidad de sus iguales, ni la insensibilidad y el desdén de su entorno ante la "inutilidad" de Coco. Pero ¿amos, criados y sirvientas se confabularon para dar muerte a Coco? O más exactamente: ¿El pueblo propició esa muerte atroz? ¿Actuó en complicidad con los amos, los criados y sirvientas de la alquería?
Coco no era menos que Zidore, que era delgado y representaba el hambre y la pobreza de la época. Coco era Coco. Pero, como suele ocurrir en los espíritus de naturaleza pedestre, el muchacho descargaba su ira contra un ser que de forma errónea consideraba evolutivamente inferior a él: «El chaval rabiaba y sentía nacer en su interior el deseo de vengarse del caballo». Culpaba a Coco de su nulidad, de sí mismo. Nadie daba de forma tan directa tantos golpes a Coco. Nadie lo hacía padecer tanto. Pero ¿es Zidore el monstruo del cuento? ¿Fue realmente el asesino de Coco? Zidore no estaba solo y, además, era un muchacho de solo quince años, es decir, era un niño aún. ¿Puede un niño tener la absoluta responsabilidad de cuidar a un animal en la situación de Coco? Lucas quería alimentar al animal «hasta que muriera de muerte natural, porque lo había criado, lo había conservado siempre y le traía recuerdos», pero lo dejó al final lejos de la caballeriza y al cuidado de un niño torpe y sin la debida educación al respecto. Lucas ni siquiera veía ya a Coco: «Sólo Zidore iba a verlo». Maupassant es explícito cuando, sobre Zidore, dice: «Parecía estúpido, hablaba tartamudeando, con un esfuerzo infinito, como si las ideas no hubieran conseguido formarse en su alma tosca y embrutecida». Es decir, Zidore ni siquiera era un niño sano o enteramente cuerdo: era, lo que se dice, un niño con severas limitaciones cognitivas, y la prueba es su absurda estupidez, unida a su tartamudeo excesivo, su escasa lógica y su comportamiento ante Coco. Sí, es preciso ser cauteloso con esa parte del cuento antes dicha y que en el original francés dice: «Il semblait stupide, parlait en bégayant, avec une peine infinie, comme si les idées n’eussent pu se former dans son âme épaisse de brute». Entonces no se puede cargar toda la culpa contra Zidore.
La escasa lógica de Zidore lo hacía tener una percepción distorsionada de la realidad. Zidore se quejaba de cuidar a Coco, pero se le pagaba para ello. Siempre han existido niños de esa edad al cuidado de caballos, tanto en la vida real como en la ficción. Por ejemplo, en la novela británica Black Beauty (1877) de Anna Sewell, el personaje secundario John Manly desde los catorce años cuidaba de los caballos en casa del señor Gordon como no lo haría cualquier adulto, pero había sido primero entrenado para ello; también Joe Green, que lo sustituyó, realizaba desde los catorce trabajos equinos que eran de adultos, pero fue entrenado por el propio John Manly y, además, no estaba solo como Zidore. También Catherine, en La historia de un caballo (1906) de Mark Twain, cuidaba al equino Soldier Boy desde que ella era una niña, pero estaba bajo la mentoría y la vigilancia de Buffalo Bill; Zidore, en cambio, no estaba supervisado ni era debidamente apto para cuidar a Coco sin vigilancia adulta. ¡Ya son quince años de edad!, se me dirá, pero no es intrínsecamente mucho.
Zidore ni siquiera podía intuir lo ventajoso que era para él la simple y cómoda labor que hacía, cuidando, en un ambiente por lo general rústico y agresivo, a Coco. ¿No podía Zidore, niño al fin, aprovechar esas horas de cuidado de Coco como un alivio en su trabajo? Después de todo, su trabajo era fácil y podía demorar más al hacerlo porque de seguro en la alquería debía haber otros trabajos más pesados que el de cuidar a Coco de la forma en que le indicó su amo Lucas. ¿No podía demorarse un poco, o distraerse y descansar, durante esos cuatro viajes diarios a la ladera que al cuidado de Coco debía hacer en verano? Muerto Coco, en la alquería se le podía cancelar o, en el mejor de los casos, asignar otro trabajo que difícilmente fuera menos suave que el de cuidar a Coco. Para un joven peón de campo que se le contrate para llevar a comer a un caballo viejo y vigilarlo a solas es un trabajo simple y cómodo. Pero Zidore, lo repito, tiene quince años y es un muchacho con severas limitaciones.
Era tan normal descartar a un caballo viejo, que Zidore, sumando a ello la edad y su escasa lucidez, creyó que era absurdo e innecesario cuidar a Coco de la forma en que se le autorizó. De la misma forma que Raskólnikov cree hacer un bien a la humanidad matando a Aliona Ivánovna —la vieja usurera—, Zidore cree que negando el cuidado y la comida al viejo caballo está haciendo un gran bien a la humanidad, y casi se cree, como Raskólnikov al matar a la vieja, un Napoleón de patio: «Le parecía que aquel miserable jamelgo robaba la comida de los otros, les robaba a los hombres lo que era suyo, los bienes de Dios, le robaba incluso a él, Zidore, que trabajaba». Entonces concibió su estúpida y absurda idea, genial para él, de dejar morir a Coco de inanición. Zidore es, ante la muerte de Coco, menos culpable que Chicot de El barrilito, que provocó la muerte de la señora Magloire; y es menos culpable que el cuñado de El ciego, que abandonó al mendigo a su suerte. Zidore no está absuelto de culpa ante la muerte de Coco, pero no es más culpable que sus cómplices. Dejar un caballo al cuidado exclusivo de un niño es tan irresponsable como dejar un niño al cuidado de otro niño. El pueblo convirtió el sufrimiento en chiste. La burla colectiva anestesia la culpa individual. Entonces ¿quién mató a Coco? Lo mató la utilidad. Lo mató la lógica que dice: si ya no sirves, estorbas; si no aportas, no existes. A Coco lo mató el descarte disfrazado de normalidad. Lo mató Lucas por olvido. Lo mató Zidore por inmadurez y estupidez. Lo mató el pueblo por burla y brutalidad. Lo mató el sistema. Lo mató 1884. Primero en El ciego. Luego en El barrilito. Y lo remató en Coco. Y todavía hoy, en el mundo entero, siguen matando a uno que otro Coco.
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