Ante un público integrado por escritores dominicanos y españoles, así como ejecutivos de la Embajada Dominicana encabezada por el poeta Tony Raful, congregados en el salón Miguel de Cervantes de Casa América, tres creadoras literarias expusieron las características de sus obras de narrativa.
El panel titulado "Ficción y realidad, el espejo de la narrativa dominicana contemporánea", fue organizado por la Embajada de la República Dominicana, Casa América y HUERGA y FIERRO Editores.
En el evento se presentó a Carmen Imbert Brugal, quien pone a circular en la Feria del Libro de Madrid, su novela El imposible perdón (Huerga y Fierro Editores); Ángela Hernández, quien presenta su libro Caribe en breves (cuentos publicados por la misma editorial española); y Aralis Rodríguez, quien lanzó su novela El último viaje del presidente, una versión que ficciona del suicidio del presidente Antonio Guzmán.
El moderador del panel fue el escritor dominicano Daniel Tejada, fundador de la Asociación Cultural y de Cooperación al Desarrollo Biblioteca República Dominicana (ACUDEBI).
Los conceptos expresados por las tres escritoras impactaron la percepción de los asistentes, quienes conocieron de primera mano las fórmulas de escritura de las creadoras.

Carmen Imbert Brugal
Publicada en 2024 por la editorial española Huerga y Fierro, El imposible perdón es una novela histórica y política. La narración se mueve entre los últimos años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y el período de gobierno de Joaquín Balaguer.
Hablando con su usual tono reposado y enfatizando la pronunciación de palabras clave, Imbert Brugal dijo que concibió el libro como una reflexión sobre las huellas dejadas por las dictaduras dominicanas y sobre la responsabilidad moral de quienes colaboraron con ellas. La autora ha insistido en rescatar la memoria histórica frente al olvido y en examinar los mecanismos de degradación humana que producen los regímenes autoritarios.
Expone su historia familiar, que aporta un trasfondo significativo a esta mirada: su padre, Segundo Imbert Barrera, fue asesinado durante la era trujillista, hecho que ha marcado buena parte de sus reflexiones públicas sobre la memoria, la justicia y el poder.
La novela parte de la idea de que sobrevivir a los regímenes despóticos obliga a las personas a elegir entre la complicidad y la resistencia, una decisión que deja cicatrices permanentes en la memoria única, individual y colectiva.
Ángela Hernández
Las palabras de la Premio Nacional de Literatura 2016, por la forma de manejar conceptos y detalles y el haberlos expresado en códigos imaginativos, provocaron la admiración de los asistentes, al lograr que sea accesible una elevada concepción de su oficio.
Hernández, en su ponencia, dijo:
“La imaginación es la poesía de la resistencia. La imaginación permite soportar las durezas de la finitud, la pobreza de la mortalidad, la fugacidad de la existencia. El Caribe, por ejemplo, parece cíclico y paradisíaco. Su luz, sus colores, sus ritmos, irradian una vitalidad fulgurante. Pero el Caribe, por su ubicación, por su historia y porque sus habitantes son humanos, posee también complejidades, sutilezas, amenazas y singularidades profundas. Cada grado de soberanía y de libertad conquistado ha tenido un precio”.
“La ficción y la poesía de los pueblos revelan su naturaleza, su temperamento, su razón de ser, sus sentidos más profundos. Por eso conocemos más de una época, de una cultura o de una civilización a través de lo que dejaron plasmado en símbolos, palabras, imágenes y sonidos, que por muchos documentos oficiales”.
Y finalizó:
“No escribo sobre lo rural o lo urbano, una más de las dicotomías que tienen mucho de absurdo y restricción. Escribo sobre personas. Que estén en una comunidad rural o en un barrio urbano es circunstancial. Yo no puedo, aunque me lo propusiera, escribir sobre lo que esté de moda o cuente con el aval anticipado de la crítica o signifique un punto a favor en cuanto a aprobación. Yo solo puedo escribir de aquello que está vivo en mí. Vivo en mi memoria. Vivo en mi sentido crítico. Vivo en mi mirada sobre la vida y la existencia. Vivo en mi horizonte quimérico. Vivo de alguna manera que no sé nombrar. Todo lo demás es moda. Cada creadora o creador empieza un diálogo y con él inicia un arte, define gradualmente una mirada, y arte y mirada están hechos de fibras sensibles y arterias comunicantes”.
Aralis Rodríguez
La escritora dijo que su novela le permitió entrar a la intimidad de un mandatario acorralado por el poder, transformando un hecho histórico en una profunda reflexión sobre la condición humana.
La decisión de "novelar" una historia real y trágica, como el suicidio del presidente Antonio Guzmán Fernández ocurrido el 4 de julio de 1982, aborda la dimensión psicológica, las tensiones políticas y las contradicciones humanas que los datos históricos no logran transmitir por sí solos.
Dijo que novelar el quiebre de un gobierno democrático por la vía del suicidio presidencial ayuda a la sociedad a comprender el impacto colectivo del trauma, procesar el luto nacional de aquella madrugada de 1982 y reflexionar sobre la inmensa y, a veces, destructiva presión del poder político.
Al final, irrumpió el aplauso de los asistentes a las tres escritoras, el reconocimiento de Tony Raful a sus palabras y las fotos del recuerdo.
Compartir esta nota