Cuando vi por primera vez el libro Historia de la Literatura Infantil y Juvenil Dominicana, quedé impactada. El tamaño era cercano al primer ejemplar de una enciclopedia, y la portada, llena de imágenes y colores, resultaba atractiva para niños y adultos. Figuras diminutas que representaban el accionar de personas y animales te movían la vista hacia cangrejos rosados y máscaras con dientes afilados, escoltados por paraguas que parecían volar en un plano verde mar que sugería el océano.
Esto significaba que antes de abrir el enorme tomo, esas imágenes rompían el miedo a la extensión del libro estimulando la curiosidad sobre qué había dentro. Y como anunciaba la portada, adentro había un tesoro…
Y es que Avelino Stanley, cuentista, novelista, ensayista, historiador y antólogo dominicano, Miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, decidió hace algunos años, que hacía falta una Historia de la Literatura Infantil y Juvenil Dominicana, un género muy trabajado pero no tomado en cuenta en la proporción de su importancia en las letras nacionales.
Porque en las lecturas de los primeros años, el niño o niña vive las primeras experiencias que determinarán en buena parte su concepción del mundo.
Miedo, ilusión, sueños donde la felicidad y la justicia son protagonistas, la literatura infantil es, de hecho, responsable de buena parte de nuestra formación como seres humanos.
Y detrás de ella, la literatura juvenil, aunque mantiene muchos de los elementos citados, crece en el aspecto de los “despertares”, que van ligados a los nuevos conocimientos. El inicio del amor, los peligros en su verdadera proporción, las obligaciones con la familia y la sociedad, el tanteo de la sexualidad… todo esto envuelto en el objetivo de enseñar y guiar a través de los triunfos y fracasos que se experimentan a partir de los diez o doce años.
La literatura que corresponde a este período de transición, es difícil de clasificar, porque al hacerlo, el lector transita entre un sí y un no, que le impulsan en contenido y forma. El cuento juvenil exige directices morales que adviertan a esos jóvenes sobre los abusos que enfrentarán en la etapa adulta; asimismo, la imaginación amplía, creando nuevos referentes de dicha.
Entre los muchos aportes del libro Historia de la Literatura Infantil y Juvenil Dominicana destacan el nombre y la fecha de publicación del primer cuento infantil en Dominicana, cito:
“La literatura infantil en República Dominicana no empieza con las fábulas de José Núñez de Cáceres como se ha dicho” –enfatizó Stanley–. “Según los datos arrojados por la investigación que hemos realizado, la literatura infantil dominicana empieza con la novela “Adela o el ángel del consuelo”, de Francisco Xavier Amiama, publicada en 1872”.1
Otro aporte es que la definición de cuento de Stanley confirma, en lo esencial, la expuesta por Juan Bosch en Apuntes sobre el arte de escribir cuentos:
“…un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidd de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.
Aprender a discernir dónde hay un tema para cuento es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación: …es la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista.
… cuento quiere decir llevar cuenta de un hecho… Una persona puede llevar cuenta de algo… pero tiene que llevar esa cuenta. No puede olvidar ciertas cantidades o ignorar determinados valores. Llevar cuenta es ir ceñido al hecho que se computa. El que no sabe llevar con palabras la cuenta de un suceso, noescuentista.
… una vez adquirida la técnica, el cuentista puede escoger su propio camino, aplicar su estilo personal, presentar su obra desde su ángulo individual; expresarse como él crea que debe hacerlo. Pero no debe echarse en olvido que el género, reconocido como el más difícil en todos los idiomas, solo tolera innovaciones de los autores que lo dominan en lo más esencial de su estructura…” 2
Las coincidencias esenciales entre Bosch y Stanley se encuentran en:
relato de un hecho, convincente, importante, manejo de la técnica, estilo personal… por lo que podríamos sintetizar que:
Un cuento es el relato convincente de un hecho importante, con manejo de la técnica y estilo personal.
La definición de Avelino la encontramos en sus escritos. Sobreviviente del
empalamiento cultural que produce una sociedad global cada vez más tecnificada, donde las propuestas y recursos de países como el nuestro sólo se toman en cuenta en los renglones de diversiones y servicios, los cuentos registran miedo, miseria, muerte, explotación, pero también júbilo, convicciones, sueños, esperanza… distintos hechos, situaciones y actitudes frente a la existencia, formando un conglomerado donde puedes encontrar la verdad.
Sus textos sobre la cultura de los bateyes ponen a disposición de los más jóvenes, formas de vida, creencias y rituales a los que pocos han tenido acceso.
Sus convicciones permanecen en la memoria de niños y adolescentes.
por haber despertado en ellos la capacidad de imaginar, y por lo tanto, de ser libres.
El tercer gran aporte de esta exhaustiva investigación sobre le literatura infantil y juvenil dominicana, ofrece datos sobre autores no conocidos con anterioridad, muchos casi anónimos, de quienes se han incluido 1,075 trabajos.
En este tiempo en que la IA cada vez más sepulta la imaginación y trata de asesinar la poesía, como un arcano indetenible, Avelino Stanley aporta al registro de nuestra memoria esencial, valores ignorados por el desconocimiento y la desinformación
Porque ya hemos dicho que nuestra condición histórico-cultural de trasiego y trueque, gobiernos cortos, dictaduras largas, ocupaciones territoriales, movimientos migratorios, inequidad en la distribución de las riquezas, depredación de la Naturaleza, alto grado de mezcla racial entre negros y blancos… se nos han ocultado.
Dentro de la producción literaria dominicana el cuento ha sido, junto a la poesía, el renglón más trabajado. Desde la transmisión oral que ha permanecido de generación en generación y que reporta leyendas indígenas y tradiciones de origen africano, hasta el registro de las mismas, y de otras de entronque hispánico que aparecen en publicaciones de fines del siglo xix, el cuento se ha mantenido como parte de una cultura en la que contar es registro de lo sucedido.
Entre los muchos autores que aparecen en este libro hay nombres que resultan arquetipos del género y de los distintos períodos que se reconocen en la evolución de la narrativa corta dominicana.
Como conclusión, no olvidemos que la literatura, como ficción, puede reflejar la realidad de manera multiplicadora, inconcebible y aún contradictoria; pero siempre actuará como elemento enriquecedor de ésta.
Felicitar a Avelino Stanley, no es suficiente. Su extraordinario esfuerzo, que traduce su gran amor por la literatura nacional, queda en nuestra conformación como lectores-escritores, igual a un regalo mayor, que redefine nuestra historia literaria y que nunca olvidaremos.
Textos de referencia
1 Apuntes sobre el arte de escribir cuentos. Bosch, Juan. Colección Pensamiento Dominicano. Santo Domingo. 1962
2 Historia de la literatura Infantil y Juvenil. Stanley, Avelino. Santo Domingo. 2026
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