5. La experimentación paralela

La línea, el verso, y la experimentación constituyen puntos neurálgicos en la obra de Pastor Moya. Su acervo experimental, desafiante y a la vez desdeñoso, responde a las puras vanguardias que se inician, finales del siglo XIX y en los umbrales del XX. y que cubre, en su producción sistemática, exactamente la mitad del siglo veinte. La libertad, en los distintos componentes de la morfología del instrumento expresivo, la palabra en mayor grado del significante, constituye su imperativo radical- los ismos, las nuevas formas  en el significante: impresionismo, expresionismo, dadaísmo, futurismo, todas ellas sucediéndose  desde la  primera década del siglo XX a nivel mundial con ese ya señalado  propósito central: búsqueda de la libertad en  distintos componentes del acto poético que, en nuestro país, lo asumen vedrinistas (3), postumistas, independientes del 40, poetas sorprendidos. Visiones del mundo y recursos estructurales y retóricos que se manifiestan en el tiempo hasta tocar el 1950 con el final del existencialismo y el umbral de una época en la que, hasta ahora, se muestra como híbrida en cuanto a estructuras formales, contemporáneas.
                              
Dentro de la experimentación dominicana, que viene con el fluir del siglo veinte, Pastor de Moya logra equilibrio entre el verso y la modificación, siempre la modificación del signo y los materiales que sustentamos, dan a sus artefactos: montajes visuales, performance, etcétera, caracteres emergentes disociados del entorno. A continuación, dos ejemplos que evidencian el abordaje experimental de Pastor de Moya en dos importantes producciones, son estas: 

I-Puerco Pérez

Vamos a llamarle performance, conjunción de procedimientos en lo que se encima la imagen del entierro de un puerco que por la calle El Conde va a su morada última.  Santería, creencias, vagabunderías citadinas vistas en Puerco Pérez como diablo en la calle en jaurías de humanos trastrabillados como el animal que rima pasos y voces, aullidos y silbidos por la vieja y central calle de la ciudad de santo Domingo, da la textura de una idiosincrasia local que con el discurrir se pierde hasta quedar en las sombras.
La calle El Conde, deslizada y modificándose en perspectiva y contorno, en su esencia histórica a través de gente con este puerco en una caja a un ritmo que arrastra a vivos, que muertos igual están como el animal sin siquiera advertirlo es un trozo palpable de lo que somos más allá de una geografía.
Cuando vi este trabajo, integro, me dije, de dónde salió ese ritmo, esa vértebra de línea en sonido estruendoso. Ese ritmo en ascenso sumando eufonía, alboroto, bullanguería que en conceptualizaciones se constituyen fono-símbolos, imagen que recoge esos accidentes callejeros, esenciales en lo cotidiano y en ascenso por medio de una puesta en escena excepcional, me  condujo a la sorpresa que es belleza.
Recuerdo que en España iba con frecuencia a un teatro experimental en que exhibían filmes procedentes de distintos países europeos: de las dos Alemanias en ese entonces, Francia, Italia, Inglaterra, España con espectáculos o puestas en escena llamativos, pero este entierro de Puerco Pérez está por encima de aquellos artefactos que veía.
En suma, conjunción de procedimientos que ensambla   la imagen del entierro de Puerco Pérez en una perfecta barahúnda de personajes metamorfoseados en su discurrir.  Permanencia de lo insólito:  retablo de posibilidades gráficas, tiempo, ironías, todo arde en un ritmo que galopa en la muerte del animal, gente, calle, aire, cielo, tierra, ritmo que remolinea y solo se aquieta cuando el cadáver del puerco es devorado hasta la saciedad.

II-La piara

Pastor de Moya: fango, luz y piedras (4)
Este libro de Pastor de Moya se publica en el  2011. El texto representa una reafirmación de identidad poética. Se muestra en estos poemas misma tensión en la linealidad procurada, igualmente, se insertan gestos de subvención de la misma naturaleza prolongada en la historia.

La piara

                                               Ánima del cerdo
                                                                    Acógeme
                                                                  Manuel Rueda
                              
                              (primera caída)
Aquí yace la puerca macho
 la solemne
el de los pelos duros y el sexo chamuscado Cuentan que su madre( un tal chón) la parió de   un solo pujo
 condenándola para siempre al mundo de los    léganos
Así vagó por este mundo la reina desteñida
 la de la frente machacada y los ojos como ríos el sin nombre fumador del verde de los bosques
 La que busca entre las piernas un animal perdido
lecho de pétalos y sueños 
En esta pieza, encuentro bien asentado esto que pienso de su labor poética desde bien temprano:
Dentro de esa misma línea concuerdo en que de Moya es uno de los creadores, dentro de nuestra lengua, que más se acerca a la serenidad procurada como consciente propósito de vida.

José Enrique García

Poeta y novelista

Nacido en 1948, Licenciado en Educación y Letras de la Universidad Católica Madre y Maestra, Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y Miembro de número de la Academia Dominicana de Lengua. Ganador de premios como Siboney de poesía con su obra El Fabulador, Premio Nacional de Novela con Una vez un Hombre. Escritor del Ritual del tiempo y los espacios, Un pueblo llamado pan y otros cuentos infantiles, ensayos como La palabra en su asiento y El futuro sonriendo nos espera.

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