Habitar el teatro: la mística del colectivo

Entre ensayos, silencios y movimientos, Mayumi Sakamoto acompaña el universo creativo de Nacho Duato en el Teatro Mikhailovsky, convirtiendo cada detalle en una expresión de excelencia artística.

Hay artistas que trabajan en un teatro y hay otros que terminan habitándolo. Cuando Mayumi Sakamoto evoca sus más de veinte años en el histórico Teatro Mikhailovsky de San Petersburgo, uno comprende que para ella aquel edificio de la plaza de las Artes fue mucho más que un lugar de trabajo: fue su hogar, su templo y su biografía escrita en movimiento. "Pasaba más tiempo entre sus paredes que en mi propia casa; allí fluían mis días, mis esfuerzos y mis pequeñas victorias", confiesa. Detrás de esa declaración se esconden miles de ensayos, madrugadas de preparación y la asimilación de una paradoja fundamental de las grandes compañías eslavas: hay que poseer un rigor extraordinario para aprender a desaparecer en el conjunto.

Mayumi Sakamoto, excelencia y vocación en la formación de bailarines.

Formar parte del cuerpo de baile implica silenciar el ego individual para convertirse en la célula de un organismo mayor. Frente a la cultura contemporánea, obsesionada con el protagonismo y la autopromoción constante, el corps de ballet enseña la alta belleza de la sincronía y la armonía geométrica. Mayumi recuerda con especial devoción el acto de las Sombras en La Bayadère: "Esa sucesión infinita de figuras blancas que parecen surgir de un sueño, donde la individualidad de cada una se transforma en una sola y etérea presencia. En ese estado de flujo colectivo, la bailarina trasciende su rol individual y se convierte en un elemento narrativo poderoso, en la voz misma de un coro invisible".

La memoria escrita en los músculos

Mayumi Sakamoto: El cuerpo como destino (II)

¿Dónde se guardan dos décadas de repertorio clásico? Mayumi responde desde la certeza de la experiencia: "La memoria corporal es el fundamento de nuestro trabajo". El cuerpo piensa, aprende y atesora información con una precisión pasmosa. Los movimientos ejecutados miles de veces bajo la partitura de Chaikovski o Prokófiev terminan impresos en cada vena y en cada músculo.

"Al principio piensas en cada detalle; con los años, la técnica se automatiza y el cuerpo sabe exactamente dónde colocarse y cómo distribuir el peso", explica. Lejos de derivar en una rutina mecánica, esta liberación de la mente es el verdadero umbral de la libertad artística. Cuando la técnica deja de exigir una atención consciente y obsesiva, la memoria muscular asume el control y abre las compuertas a la interpretación pura, a la dramaturgia interna de obras como El lago de los cisnes o Giselle, permitiendo que la escena siga respirando y conservando su alma función tras función. La técnica no apaga la emoción; la protege y la potencia, otorgándole los límites exactos dentro de los cuales la sensibilidad puede florecer con absoluta libertad.

La transmisión y el detalle que salva

Actualmente dedicada a la educación, la investigación y la transmisión del legado del ballet, Mayumi Sakamoto representa una excepcional historia de disciplina y superación. Miembro del Equipo Nacional de Gimnasia Artística de la República Dominicana en 1979 y distinguida como Deportista del Año 1980 en Santiago de los Caballeros, acumuló 25 medallas antes de emprender la brillante carrera artística que la llevaría a los escenarios de Rusia.

En la madurez de su trayectoria, la vocación de Mayumi encontró su prolongación natural en la pedagogía y la investigación académica. Su labor docente internacional es un ejercicio de evocación y restitución amorosa: "Al estar frente a mis alumnas, me transporto a mis años de estudio, a la huella imborrable de mis grandes maestros y a todos esos ballets que, anclados en mi ser, ahora brotan con nueva vida para reencarnarse en mis discípulas". Su filosofía pedagógica es clara: la tradición de la escuela rusa se transmite con rigor, pero con un cuidado minucioso hacia el intérprete, asegurando que la exigencia fortalezca al estudiante en lugar de quebrarlo.

Como maestra, su ojo clínico se detiene en los extremos del movimiento: los dedos de las manos, la dirección de la mirada o la profundidad orgánica del plié. "Muchas veces el estudiante piensa en el gran movimiento y deja sueltos los extremos, rompiendo la unidad del cuerpo", señala. Paralelamente, su curiosidad intelectual la llevó a obtener un doctorado en la Academia Vaganova, investigando la singularidad histórica de la Escuela Cubana de Ballet. Para Mayumi, el bailarín contemporáneo debe ser un pensador de su propio arte: un creador consciente e inteligente capaz de comprender el origen y el sentido de cada gesto, expandiendo su horizonte más allá del canon tradicional.

Tres raíces y un destino conectado

Para Mayumi Sakamoto, el ballet no es solo movimiento: es una forma de pensamiento, una disciplina de vida y un lenguaje capaz de expresar lo que las palabras no alcanzan a decir.

El mapa de nacimiento de Mayumi Sakamoto es una geografía fascinante donde dialogan tres mundos en perfecta armonía: la sensibilidad caribeña de su origen dominicano, la disciplina heredada de su ascendencia japonesa y el rigor artístico de la gran tradición rusa del ballet.

Nació en Mao, se formó en Santiago, recibió en su hogar la estricta educación y noción de respeto de su padre japonés, y culminó su desarrollo en la cuna del ballet eslavo. "Mi arte es una mezcla del corazón dominicano que aporta la calidez, la emoción y la necesidad de conectar con el público; la disciplina y el respeto japoneses ante el proceso; y la técnica y la estética rusas que me dieron los cimientos indispensables para pisar los grandes teatros", reflexiona.

En esa línea de conexiones invisibles, emerge con fuerza el nombre de su primer gran mentor en Santiago: Armando Villamil. De manera premonitoria, Villamil se había formado en el GITIS de Moscú y le transmitió de forma inconsciente el espíritu y la rigurosidad de la escuela rusa antes de que ella siquiera sospechara su destino. La cúspide de esa misteriosa coherencia vital ocurrió años después, cuando ya consolidada en el Teatro Mikhailovsky, se integró durante quince años al universo coreográfico del célebre creador Nacho Duato. Aquella etapa constituyó para ella una verdadera universidad desde el otro lado del escenario, profundizando en la iluminación, la escenografía y la concepción global del hecho escénico.

El compás del vals: el orgullo de la raíz

La fama y el prestigio internacional de Mayumi Sakamoto atraen a estudiantes de diversas partes del mundo. En la imagen, un grupo de alumnas chinas que han viajado para formarse con una de las maestras más respetadas del ballet contemporáneo.

Al proponerle un juego poético sobre el momento actual en el que se encuentra su vida, Mayumi recurre a la estructura de la barra y el centro: "Hoy estaría en los pliés, que me dan estabilidad; en el grand pas de chat, el salto que me permite seguir soñando y volar; y en el pas de vals, el ritmo que me ayuda a fluir, girar con elegancia y ser feliz". Su trayectoria ha bailado al compás veloz de los grandes valses clásicos, aprendiendo a hallar gracia en la velocidad y serenidad en el esfuerzo.

Al concluir este diálogo, queda el testimonio de una creadora que ha convertido la disciplina en sabiduría y la memoria en magisterio. Su historia constituye el más alto reconocimiento a la diáspora dominicana; esa comunidad auténtica que, desde los escenarios más exigentes del mundo, honra el nombre de la República Dominicana con su talento, su entrega y su conducta intachable. Mayumi Sakamoto es el vivo ejemplo de una dominicanidad que trasciende fronteras: una profesional de la danza que alcanzó la cúspide de la excelencia internacional sin desprenderse jamás de sus raíces, sintiendo el orgullo profundo de su origen, el cual late en cada uno de sus logros. Conquistó la patria del ballet clásico con la dignidad de quien lleva su tierra como una corriente subterránea e inagotable, confirmando que la verdadera grandeza no consiste únicamente en la distancia recorrida, sino en la capacidad de mantener intacto y en alto el amor por la patria desde donde se partió.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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