Todo texto es un riesgo, ante la terrible y ansiosa página en blanco. El lenguaje es el mismo, pero es distinto en las manos surtidoras de un poeta, porque no la reduce como hacen la mayoría de los hablantes. El aeda es un revelador que le da nuevas posibilidades a la lengua adquirida o dada. Hoy, estamos ante esa premisa, con la obra Mamá Tingó en temblor de agua (2021), del maestro-poeta Luesmil Castor Paniagua.

El mismo título, es una premisa de lo que luego encontraremos en este poema-prosado. Mamá Tingó es un ejemplo de la mujer revolucionaria y comprometida, no con ella, sino con la tierra de los demás. Con la gracia y el don de lo poético, el autor subtitula el libro: «en el temblor de agua», que manera más hermosamente estética de no solo nombrar la heroína, sino de revelarnos su esencia, porque solo la tierra puede contener el temblor del agua.

El texto comienza, precisamente, haciendo referencia a la página en blanco[2], aquella que revela la sangre derramada por nuestros grandes muertos, asesinados en los doce años y más de Balaguer. Una página que debió ser escrita por el propio malévolo e irresponsable que la dejó sin escritura, siendo el responsable de la acción, no solo del destacado periodista y revolucionario Orlando Martínez, igual que la de Mamá Tingó, sino también de decenas de lo más granado de la juventud dominicana.

Castor se diferencia de aquel cruel déspota, para no dejar una página en blanco, sino para escribir un poemario en prosa, para resaltar a una de sus víctimas.

Una cuerda atada al silencio, vomita los espíritus malignos del alma de una página en blanco. Sostiene la levedad sinuosa de un canto; desde el azul moribundo de un cielo cómplice. Y yo, atrapo burbujas multicolores en los ojos de la noche, en una tierra que no es de ellos, que no es ajena; que no es nuestra, pero nos pertenece (Paniagua, 2021, pág. 17).

En este segundo fragmento, del mismo primer poema, que nos sirve como un introito, el autor contextualiza y nos introduce hacia el poemario, testimoniando su rechazo ahora no a la página en blanco, sino a la figura de Joaquín Balaguer:

Una torpe mirada, se estrangula en el vértice del ojo que te acecha y aún los doce años no mueren en el tiempo de los dioses; al contrario, se llenan de muecas los rostros pedantes del humano. (…) Él murió, con la misma muerte que te mataron; solo que él no muere en la maldad del tiempo, su asfixiante espíritu de odio ronda aún en los callejones ensangrentados de la patria (ibidem).

Si la lingüística estudia la lengua, el poeta la inventa a través de la imaginación, poseyéndola de nuevas realidades y significaciones. Un ejemplo de lo que digo, lo he hallado plasmado en Mamá Tingó en temblor de agua, de nuestro apreciado autor   Luesmil Castor Paniagua. De un hecho histórico, ha elaborado y levantado una esmerada prosa poética.

Veamos algunos versos contenidos en el libro:

(…) en los ojos de la noche (…) un rostro, desconfigura bajo la estancia de un universo de sollozando. (…) La noche esconde los huesos de la luna en su sábana de salvaje abismo; (…) Los peces, se perciben de color azul en la tierra de tus ojos y entre espumas rojizas son vomitados desde el celaje de la espera… (págs. 17-18).

(…) ven, asilatrada tras los pasos del mar ancorado en tus recuerdos. Ven por los senderos pedregosos del vientre de la noche; ahogando cantos y silbidos el rumbo trasnochado de los húmedos sueños de sol, tierra y azadas. (…) Y el ojo del mundo, se aprieta con un dedo de la noche y el párpado cantado de cocuyos. (…) Te miras en el espejo del temblor de agua y ve tu alma aún rebelde, puerilmente zurcida de sed. (…) temblada de agua se teje la noche bajo fina luz de luna; el rocío del polvo en las destruidas paredes de las noches en donde se dibuja la silueta de tu rostro. (págs. 19-20).

Detrás del texto subyace una narrativa histórica del crimen, entre enlazada en una permanente atmósfera poetizante. Mamá Tingó es vista desde otras orillas territoriales, en un contexto multicultural, porque la tierra no es de nadie, sino de quien la trabaja, como ella misma decía, razón por la que murió en las manos nauseabundas de ese régimen aciago.

Confieso que he leído el libro, a pesar de que estoy muy ocupado en una investigación, que debo entregar este mes. Conozco escritores que, hablan de una obra sin haberla leído en su totalidad, como también pasa con algunos jurados en los diferentes concursos nacionales de literatura. Un texto para ser comentado, debe ser leído íntegramente, para luego hacer los apuntes para entonces construir nuestro parecer, porque la escritura es un proceso que es complejo y difícil.

Leer esta obra ha sido un goce estético, por su estructurado universo poético, desde los diversos recursos que nos ofrece la literatura, como objeto de creación. La placidez de las metáforas que están entretejidas entre el discurso prosado, me hace volver al poeta más grande de nuestras letras santiagueras Manuel del Cabral (Poesía): «Agua tan pura que casi/no se ve en el vaso agua. / Del otro lado está el mundo. / De este lado, casi nada…/ Un agua pura, tan limpia/ que da trabajo mirarla» (Cabral, 2011, pág. 425).

Es decir, Castor ha sabido mezclar la pureza del agua con el de la poesía, pero no quiso quedarse del otro lado del mundo y de la indiferencia, procuró buscar la gloria de Mamá Tingó y la hizo temblor, agua y poesía.

Para finiquitar, citaré a dos personalidades de nuestras letras que también han escrito sobre el libro, brevemente para aquellos que no han podido leer sus trabajos. Aunque considero que un libro poético no debe tener prólogo, porque es una interrupción al libre albedrío de la poesía.  El laureado escritor y poeta dominicano Sánchez Veras, en su interesante prefacio a Mamá Tingó, subraya: «Su manejo impecable del lenguaje, su conocimiento a fondo de la lengua en la que escribe unido a la fuerza rítmica y fluida de su texto, convierte a Mamá Tingó en un poema universal y telúrico al mismo tiempo» (pág. 11).

Igual lo hizo el reconocido académico y escritor Julio Cuevas:

Sin alejarse del reclamo, el sujeto-autor se adueña de la metaforización del discurso y la integra a su narrar. No es un cuento, aunque están los personajes, las acciones, el tiempo y los espacios donde se registran los movimientos de los sujetos participantes. Son poemas narrados, modelados por las imágenes poéticas del sujeto-creador. A veces, crudas, directas, pero, en la mayoría de los casos, dichas o escritas con marcada fuerza poética» (Cuevas, 2022).

Pues, aquí lo dejo con este simple comentario, no de un crítico literario sino de un sujeto lector, que ha quedado gratamente complacido al leer este libro, que enaltece al autor Luesmil Castor Paniagua, pero también a quien lo lea.

Discurso de presentación de la obra en, Amantes de la Luz, Santiago de los Caballeros. Martes 26 de julio, 2022.

Biografía:

Balaguer, J. d. (1988). Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo. Santo Domingo: Editora Corripio, C. por A.

Paniagua, L. C. (2021). Mamá Tingó en temblor de agua. Santo Domingo: Tiempo de nosotros.

Cabral, M. d. (2011). Permanencia inmaterial. Santo Domingo: Ediciones de Cultura.

Cuevas, J. (10 de 6 de 2022). https://acento.com.do/. Obtenido de https://acento.com.do/cultura/mama-tingo-en-temblor-de-agua-de-luesmil-castor-9070936.html

 

[1]

[2] Memorias de un Cortesano de la «Era de Trujillo», 1988, pág. 334. Joaquín Balaguer.