Una de mis novelas de iniciación literaria fue Anna Karenina (1877), de León Tolstói (1828-1910), y en ella se encuentra la frase: “Toda la diversidad, la hermosura, el encanto de la vida se componen de luces y sombras” (pág. 56, versión digital). Si nos adentráramos en las honduras de esa frase, podríamos alcanzar niveles más altos de conocimiento del lenguaje y de los colores, centrándonos en escritores y artistas plásticos. No cabe duda de que en ella caben meditaciones de tipo filosófico, sociológico, político y humanístico.

El escritor Tolstói lo reduce a la diversidad, la hermosura y el encanto de la vida. Reflexiono y todo está compuesto por luces y sombras en el ideal de la vida y específicamente en lo artístico. Se halla, además, en el lenguaje; en los orígenes, en los planos altos e inflexiones de la vida.

Luces y sombras: en las palabras, los colores y la vida

Pasmosa diversidad

Si de alguna manera la luz y la sombra existen en todo, desde una perspectiva física, filosófica y metafórica, entonces las encontraremos en las palabras, los colores, los sonidos, el aliento de la vida… Los artistas de la palabra y los colores utilizan estos conceptos (luz y sombra) para darle belleza y “encanto a la vida” y los presentan con una pasmosa diversidad.

En un chispazo intuitivo está la luz; en un apagón brutal de la memoria, está la sombra. En una cuerda que vibra y en los colores del arcoíris de la razón, está la luz. En la desazón de una infamia, está la sombra. En cada partícula de la materia hay sombra y luz; ambas son partes de un cuerpo capaz de prolongarse en los planos físicos y etéreos. Comprender las relaciones entre luz y sombra como puntos de fuga donde se explica la diversidad, la belleza y el encanto de la vida cuesta solo instantes de navegación por los segundos que dura el acto consciente. Una descarga bioeléctrica intuitiva abre las cortinas del consciente para revelar los diamantes del “querido ente”. Inferir sobre las relaciones expuestas anteriormente permite vislumbrar los paisajes más oníricos y razonables en plena transmutación hacia la verdad.

Las relaciones

Comprender la relación entre diversidad-luces y sombras, hermosura-luces y sombras, y el encanto de la vida-luces y sombras; inferir sobre sus alcances semánticos y generar ideas con niveles de expresión crítica, utilizando como plataformas las palabras y los colores, nos permite ampliar el espectro mental en temas de carácter literario y plástico.

Luces y sombras: en las palabras, los colores y la vida

Luces y sombras en las palabras

La palabra oral y escrita es poseedora y generadora de luz y sombra; el “Hágase la luz” bíblico nos remite a esa capacidad o poder de las palabras para producir un efecto lumínico, ya sea que se presente como relato religioso o como experiencia ancestral. Las palabras, como sonido, se proyectan mediante ondas acústicas que el cerebro transforma en ondas bioeléctricas, y lo eléctrico puede transformarse en energía lumínica. Por eso, en el lenguaje común, no es casualidad que, al surgir una idea “brillante”, se diga que “se me encendió un bombillito”. Aunque esta última sea una frase metafórica, puede tener sentido si se la explica desde una perspectiva biofísica.

Las luces y las sombras se presentan como una experiencia sensible, real o imaginada; una condición para penetrar en la multidimensionalidad, tanto física como espiritual. Se aprecia en los textos escritos y orales, en las artes plásticas y en otras disciplinas. La luz no solo se percibe por su efecto visual al interactuar con la materia, sino que también puede hacerlo mediante efectos fotoeléctricos, térmicos, biológicos y químicos.

Retomando a los artistas de las palabras y los colores, son estos quienes más interactúan, de forma física, filosófica y poética, con los fenómenos de la luz y la sombra. Prolongan sus sentidos entre catarsis, transformación y peregrinación. En las palabras, ensanchan los límites del lenguaje y alcanzan zonas de luz y sombra jamás imaginadas. Forjan espacios abiertos para la creación de metamundos y submundos alcanzables por lo sensible y lo espiritual. Allá donde el lenguaje juega con sus propios límites, coqueteando con la amplitud de la memoria filogenética y con lo oculto tras los velos de nuestra propia condición humana.

Luces y sombras: en las palabras, los colores y la vida

Lenguaje, palabras e imaginación: sus fronteras

El lenguaje y las palabras tienden a la infinitud, pero fronteras biológicas y socioculturales limitan mares de inteligencias, principios, recursividades jamás imaginadas, precisamente por las fronteras de la imaginación. Porque, de la misma manera que el lenguaje y las palabras, la imaginación tiende a la infinitud, pero no es infinita por su vasta complejidad. Por eso, toda acción humana es perfectible, no perfecta, y el arte, como producto de la acción humana, también lo es. Aunque no queramos admitirlo, el ser humano a veces se comporta como “pequeño Dios”—haciendo referencia a Vicente Huidobro—, principalmente el artista y el político. Existen algunas personas que van más allá; se consideran dioses en la tierra. Ese concepto atávico que, de alguna manera, ha ido dejando su impronta en el Homo sapiens del último eón, mediante códigos biológicos de carácter mental. Quizá en el individuo humano esa condición de similitud divina no sea más que el resultado de su aspiración a captar la infinitud y la perfección. En términos religiosos, la eternidad.

Colores y estados sensibles

En los colores utilizados por el artista, no solo plasma realidades, abstracciones, surrealidades, espacialidades (romper el lienzo), sino que, por medio de la luz y la sombra, penetra no solo en el plano bidimensional del lienzo, sino también en todas las dimensiones posibles del espacio físico conocido. También planea en los prados y en los miradores espirituales, despertando estados de sensibilidad inasibles. Desde el plano, estos artistas descubren luces y sombras, las extraen y les dan volumen, profundidad, textura y ambiente.

Los estados sensibles, estimulados por los colores, están limitados por el nivel de percepción humana, debido a las capacidades desarrolladas durante la evolución biológica del individuo. Pongamos un ejemplo: así como la percepción del color azul no es igual para todos por la longitud de onda electromagnética que emite y por la capacidad cerebral de procesarla y convertirla en pensamientos —debido a condiciones neurosensibles o neuroplásticas—, sucede lo mismo con las palabras. Si tomamos la palabra "amor", que, por medio de ondas mecánicas longitudinales, el oído transforma en impulsos eléctricos, no genera los mismos estados de sensibilidad en unas personas que en otras.

Luces y sombras: en las palabras, los colores y la vida

Luces y sombras en el encanto de la vida

No hay encantos en la vida sin luces y sombras; para alcanzar un estado poético (luz), debe —primero o después— “conocerse” el estado “no poético”, “prosaico”, “doloroso”, “feo”, “repulsivo”, “horroroso”, “tosco” … (sombra). No existe un vocablo específico que no defina ninguno de los estados; estos nos conducirían a otros campos semánticos, pero el contexto en el que se expresan ayuda a una mejor comprensión del fenómeno. El encanto de la vida es como un estado de felicidad o placer y lo contrario sería todo el léxico entrecomillado anteriormente. No se podría reconocer ni identificar el estado de encanto de la vida si no existiera con qué compararlo.

Surge una pregunta: ¿Lo expresado anteriormente admite niveles de verdad y de razonamiento lógico? Parece que sí. Leído desde un contexto filosófico, sigue los principios de la dialéctica hegeliana, vistos en un contexto en el que prevalecen los conceptos estéticos y funcionan como un dualismo profundo entre realidades opuestas.

Ahora bien, ese dualismo desde un contexto filosófico-platónico, ese “encanto” citado en la frase de Tolstói, si se aplica desde un enfoque estético (a las artes), puede ser engañoso, porque nos conduciría a las “sombras de los placeres sensoriales”, no así a la verdad con tránsito filosófico. En Friedrich Nietzsche ese dualismo lo encontramos oscilando entre dos impulsos: lo Apolíneo y lo Dionisiaco.

Finalmente, nadie se sustrae a la complejidad del par luz/sombra —ni siquiera los encantos de la vida— y de otros opuestos que suelen funcionar como términos independientes, pero que guardan continuidad para llenar los vacíos existenciales, e incluso para justificar la existencia. Toda reflexión artística o filosófica conduce al tránsito resolutivo de ciertos porqués. Lo hermoso o lo bello, como categoría estética para experimentar la realidad, se encontrará con lo feo o lo trágico, que, además, son categorías de esta disciplina filosófica.

Domingo 7 de junio de 2026

Virgilio López Azuán

Escritor y académico

Virgilio López Azuán es escritor y académico, exrector de la Universidad Tecnológica del Sur –UTESUR- y ex director general de Educación -MINERD-. Ha cursado maestrías y especialidades en Educación, Lingüística, Estudios Afroiberomericanos y Participación Comunitaria. López Azuán es fundador del Movimiento Literario Efluvismo y ha obtenido diversos premios nacionales de literatura en los géneros, cuento, poesía y teatro. Ha publicado una veintena de libros entre los que se destacan: La pretendida de Verapaz (Novela), Sumer: Poética de los números, Paraísos de la nada, Incendios del Agua, Paraísos de la imagen, Unicornio, Ladran los Huesos, Cuando la mar bota peces, entre otros.

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