Contar con otra ley cultural como la de Mecenazgo 340-19 es uno de los logros de nuestros pensadores y gestores culturales. La Ley del Libro y la Ley de Cine son un conjunto de iniciativas creativas, necesarias y cargadas de reivindicaciones de derechos para el buen desenvolvimiento, rescate y preservación del quehacer artístico y cultural del país.

Con mociones perdurables e ideas concebidas con un sinnúmero de numerales, reglas, disposiciones, garantías, derechos y deberes, además de las bondades de los presupuestos asignados en este diseño humano, se procura que, de forma equilibrada, toda una nación goce de los beneficios de políticas públicas democráticamente justas. Eso dicen los papeles.

Esta Ley de Mecenazgo de la que hago mención, es un hecho que aún no se pone en práctica. Presenta una dificultad en una de sus enmiendas y no ha podido ser liberada de su cárcel política, que es el Senado de la República, donde parece que no se entiende con qué se come el arte y la cultura.

Este interesante documento, aún por salir a la luz pública, promete contribuir a resolver algunos de los problemas que no han encontrado respuesta bajo la Ley 41-00, del Ministerio de Cultura, utilizada como excusa ante el fracaso operativo y administrativo de los diferentes incumbentes. Con una excepción que es sano mencionar: el espléndido oasis de 2004-2012, período en el que se impulsaron todas las áreas artísticas y culturales con un renacimiento extraordinario tan evidente que nadie ha podido superar, y con un presupuesto muy inferior al de hoy.

Pudiéramos decir que esta ley sería un estupendo apéndice, un instrumento auxiliar para aquellos asuntos a los que el deber y la responsabilidad del Ministerio no puedan llegar, una vez que el presupuesto no abarque determinadas áreas, actividades pertinentes o iniciativas aisladas. Y ahí sí entraría este soporte instrumentado, para que también el sector privado pueda ser parte del sustento económico del gran y necesitado sector cultural.

No hay escuelas de Bellas Artes en el interior, ni suficientes ni completas. Faltan maestros, indumentarias, materiales, auditorios, espacios para ensayos, talleres artesanales y pare de contar.

¿Por qué los dominicanos actuamos a la desesperada y no cumplimos con los tiempos para presentar resultados a lo que ya está vigente?

Digo esto porque la ley que crea el Ministerio de Cultura es muy amplia y contiene un compromiso universal con todo el país. La coherencia del documento es muy significativa y hermosa: poder proveer al país cultural de todas las necesidades, tanto formativas como recreativas e identitarias; garantizar la conservación, el derecho al libro, las bibliotecas, ferias y festivales, escuelas de folclore y tantos otros aspectos.

Hay que resaltar que el presupuesto que acompaña a la Ley 41-00 hasta la fecha no ha sido suministrado cabalmente. Sin embargo, a pesar de esto, durante el período del ministro José Rafael Lantigua se pudo realizar una gran obra cultural en los gobiernos del presidente Fernández.

Esto nos lleva a una pregunta: ¿para qué crear otra ley? la primera, se despreocupa de su naturaleza y de las responsabilidades para las cuales fue creada, dejando huérfano y casi moribundo al sector, y en una situación de muy próxima indigencia a sus protagonistas, cuando comiencen a declinar hacia la vejez y no puedan siquiera retirarse dignamente.

Hemos tenido gobiernos que vienen y van, con el mismo floreteo, fiestas, yipetas, sueldos de lujo, restaurantes, nombramientos comprometidos y mil diabluras para justificar después que no hay cuartos para hacer nada. Todo el supuesto sistema cultural es una antipática improvisación que no pueden tapar, porque es tan evidente como banal.

Debemos, hoy más que nunca, enfocarnos en exigir firmeza y hacer valer nuestro derecho ante la Ley 41-00, para que se aplique y no sea este Ministerio de Cultura una trinchera que recoge todos los compromisos electorales, abandonando las obligaciones para las cuales fue concebido.

No hay escuelas de Bellas Artes en el interior, ni suficientes ni completas. Faltan maestros, indumentarias, materiales, auditorios, espacios para ensayos, talleres artesanales y pare de contar.

Uno de estos días escuché de boca de una viceministra que esperaban la Ley de Mecenazgo para poder intervenir en algunas casas de cultura que aún estaban en proceso de levantamiento, en un gobierno que está muy próximo a concluir. Cuesta preguntarse: ¿cuántos gobiernos nos faltan para terminar la evaluación de las edificaciones culturales? ¿Quién no sabe que son escasas y miseriosas en el continente que es esta media isla que comprende la República Dominicana?

Hay una deuda acumulada con el sector cultural. Alzar la voz es nuestro derecho, porque nos han engañado con falsas promesas y estamos ante un peligro tan inminente como el de perder nuestra identidad y nuestra alma de nación. El único poder que tenemos es nuestra cultura.

Ninoska Velasquez Matos

Bailarina

Ninoska Velázquez. Prima bailarina, Coreógrafa y Maestra de Ballet Clásico Directora de Ballet Clásico Nacional (1991), Directora de la Escuela Nacional de Danza (2004-2013), Directora Ballet Metropolitano de Santo Domingo (2013-2016), Directora de la Escuela Superior de Ballet (1992-2003).

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