El mes de febrero (que recién concluyó) se define como el “Mes de la patria”. Las celebraciones se concentran en la exaltación de la figura de los padres de la patria, (especialmente Juan Pablo Duarte) y los símbolos patrios. Se reduce la patria a elementos simbólicos desconectados de una visión procesual enraizada en nuestro territorio, recursos naturales y población.
Los valores de hombres y mujeres jóvenes que formaban la Trinitaria liderados por Juan Pablo Duarte eran: justicia, igualdad, libertad y respeto. El movimiento era pacífico y se sostenía en la combinación de lo político-social con las artes.
Estos valores no tienen eco en las celebraciones patrióticas, por el contrario, se han distorsionado hacia la promoción del odio, discriminación, injusticia y maltrato hacia personas inmigrantes haitianas en el país desde la “venganza” porque supuestamente “nos invadieron”. Este sentido de “venganza y rencor histórico” no se extiende hacia otras personas inmigrantes de países que nos sometieron varias veces como España, y Estados Unidos. Por el contrario, no se incluyen estas invasiones en la enseñanza de la historia con las descripciones de la violencia y violaciones ejercidas en esos períodos. Las actitudes hacia estas personas inmigrantes se desvinculan totalmente de lo que hicieron los gobiernos de sus países de origen en distintos momentos históricos con nuestro país y con nuestro pueblo.
La promoción del odio hacia el pueblo haitiano bajo la justificación de que fuimos “invadidos” por ellos ha estado relacionada a la celebración de la Independencia desde la Era de Trujillo con objetivos claros de quiebre de las relaciones entre ambos pueblos (haitiano y dominicano) que era bastante fluida desde la solidaridad, apoyo e intercambio comercial. No se visibiliza el apoyo que recibieron los Trinitarios del pueblo haitiano en la gesta independentista sobre todo quienes lideraban el movimiento de Reforma contra Boyer.
La responsabilidad social que tenemos de continuar este legado supone revisar nuestra práctica cotidiana de justicia y equidad con todas las personas que viven en nuestro territorio y que sufren hambre, discriminación, violencia, irrespeto a sus derechos y exclusión social.
El nacionalismo que promueven ciertos sectores está reducido a ver a Haití como la amenaza a nuestra soberanía, sin embargo, la presencia militar norteamericana en nuestra base aérea y nuestro aeropuerto fue indiferente para los nacionalistas. Lo mismo ocurre con la extracción del oro de nuestro territorio que está en manos de compañías extranjeras al igual que otros sectores de nuestra economía.
Una reflexión sobre la patria en su recorrido histórico e identitario supone reconocer la participación de mujeres y hombres en la construcción del sentido de comunidad desde la cultura taína y africana desde la interacción entre ambos grupos que fueron esclavizados y generaron prácticas de resiliencia y apoyo mutuo en la resistencia a la opresión española. Mujeres taínas y africanas contribuyeron desarrollaron estrategias de sobrevivencia y cooperatividad desde el sentido de colectividad.
El conocimiento de todo lo vedado, distorsionado e invisibilizado de nuestra historia por las elites intelectuales se plasma en obras de historiadores e historiadoras. Esto ocurre con un grupo de intelectuales entre los que se encuentra: María Filomena González, Quisqueya Lora, Amín Pérez, Amaury Pérez, Pablo Mella, Orlando Inoa, Any Lafontaine entre otros… y un grupo importante que desde la diáspora está aportando a esa relectura de nuestra historia y realidad social.
Reflexionar sobre la patria supone retomar el lema de la justicia y la equidad que nos dejaron como legado mujeres y hombres que lucharon por una patria libre, soberana, sostenida en la igualdad y el bienestar integral de nuestro pueblo. La responsabilidad social que tenemos de continuar este legado supone revisar nuestra práctica cotidiana de justicia y equidad con todas las personas que viven en nuestro territorio y que sufren hambre, discriminación, violencia, irrespeto a sus derechos y exclusión social. Igualmente, con una práctica continua de maltrato hacia nuestros recursos naturales y contaminación de nuestros ríos, playas y nuestra tierra con ausencia de una cultura ciudadana de preservación de nuestra riqueza natural y de nuestro futuro.
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