El Procurador no es una novela política en el sentido convencional del término. Es, ante todo, una anatomía narrativa del poder. José Miguel González Rossi construye un relato donde la acción exterior —conspiraciones, juicios, intrigas— funciona como superficie visible de una investigación más profunda: cómo se produce, se legitima y se perpetúa el dominio en los regímenes contemporáneos. Desde esta perspectiva, la obra se inscribe en la tradición de la gran literatura política latinoamericana, pero con una actualización radical: el poder ya no se impone primordialmente por la violencia, sino mediante la captura de la percepción, el control del relato y la escenificación de la democracia.

Arquitectura narrativa y desplazamiento del conflicto

El conflicto inicial adopta una forma clásica: la pugna entre un Procurador General intoxicado de poder y una Jueza que encarna la última resistencia ética del sistema. Sin embargo, la narrativa desplaza progresivamente el eje hacia un plano más radical: ya no se debate quién tiene razón, sino quién controla la realidad.

El punto de inflexión ocurre cuando la justicia deja de resolverse en el derecho y pasa a depender de la imagen. La instrucción de capturar el “ángulo correcto” condensa este desplazamiento: la percepción sustituye a la verdad como principio rector del orden político. A partir de ese momento, la novela abandona la crónica política para convertirse en una teoría narrativa del autoritarismo contemporáneo.

El protagonista es un sujeto complejo, desgarrado entre narcisismo, resentimiento, ambición mesiánica y pulsión de reconocimiento histórico. Su delirio de multitudes coreando su nombre refleja el tránsito del autoritarismo judicial al populismo político: el poder deja de ser función para convertirse en destino personal y mito fundacional. La prosa lo configura como un “César tropical”, un “dios menor” y un “animal insomne”. Estas imágenes revelan simultáneamente su naturaleza trágica y monstruosa, inscribiéndolo en una tradición simbólica donde el dominio político se confunde con la vocación teológica.

La Jueza, por su parte, no es una heroína ingenua; su fragilidad física intensifica la violencia simbólica de su destrucción pública. Representa lo que el régimen no puede tolerar: una integridad no negociable. Su eliminación es ritual, no jurídica. No se la derrota con argumentos, sino con escenografía. Su aniquilación consagra un orden político donde el prestigio legal acumulado durante décadas puede ser abolido por un instante de imagen desfavorable.

La obra despliega una auténtica teología política: el Estado como templo, el Partido como religión, el Procurador como sumo sacerdote y el poder como animal insomne. El juicio convertido en rodaje televisivo consagra esta poética: la justicia deviene espectáculo; la democracia, decorado.

El “ángulo correcto” no es solo una técnica comunicacional, sino una dogmática visual: quien controla el encuadre controla la narrativa sagrada del poder, determinando quién encarna la luz y quién debe ocupar la sombra. González Rossi no se limita a denunciar la corrupción; la explica, la disecciona y la convierte en sistema narrativo. Su mayor aporte es ofrecer una gramática del autoritarismo del siglo XXI, revelando que la tiranía contemporánea no necesita tanques ni golpes visibles; se ejerce con cámaras, encuestas, marketing y escenografía.

La Ley del Ángulo: Poética del poder y autoritarismo mediático en 'El Procurador',  de José Miguel González Rossi

Ciclo del poder y sátira política latinoamericana

La novela trasciende el conflicto individual para trazar un ciclo satírico del poder latinoamericano. La caída del régimen, manipulada por un Presidente vengativo que sabotea las elecciones internas de la oposición mediante un “algoritmo contaminado”, da paso a la ascensión improbable de La Tayota. Este político, cuyo gobierno oscila entre una mínima decencia inicial y una deriva dictatorial final, encarna la lógica del populismo vacuo y la repetitividad histórica del caudillismo. La obra cierra así un círculo crítico: del fervor popular al culto personalista, del culto al delirio, y del delirio al paredón, evidenciando la naturaleza cíclica y trágica del poder en la región.

El Procurador constituye una contribución fundamental a la literatura política contemporánea. Su grandeza reside en construir una poética narrativa del autoritarismo mediático, donde la ley última es la de la percepción controlada. La advertencia final de la obra es ontológica: cuando el poder controla la ley, las instituciones y la imagen, la verdad deja de existir como referencia común y la democracia se transforma en un mero plató. En esa verosimilitud perturbadora —donde la ficción revela los mecanismos más íntimos de la dominación actual— se cifra su valor literario y su urgencia política. La novela no solo narra un caso de corrupción; ofrece el manual de operaciones narrativas del poder en el siglo XXI.

Cierre

En definitiva, El Procurador de José Miguel González Rossi se erige como una obra emblemática para comprender los mecanismos contemporáneos del poder y la manipulación mediática. La novela demuestra que el autoritarismo ya no depende exclusivamente de la coerción física ni de la violencia explícita, sino de la capacidad de controlar la percepción, el relato y la escenografía de la democracia.

A través de la construcción de personajes complejos —un Procurador obsesionado con el reconocimiento histórico y una Jueza que encarna la integridad ética—, la narrativa evidencia cómo la verdad se subordina a la imagen y cómo la justicia puede convertirse en un espectáculo. La Ley del Ángulo, concepto central de la obra, sintetiza esta poética del poder: quien domina el encuadre visual, domina la interpretación social de la realidad.

Finalmente, la obra no solo denuncia la corrupción institucional ni la ineficacia del sistema político; ofrece un diagnóstico profundo de la fragilidad de la democracia frente al autoritarismo mediático y la construcción simbólica del poder. Su verosimilitud inquietante y su precisión analítica hacen de El Procurador un texto indispensable para el estudio del poder en el siglo XXI, mostrando que la dominación contemporánea opera más sobre la percepción colectiva que sobre la fuerza material.

Ike Méndez

Poeta, educador y ensayista

Ike Méndez es ensayista y metapoeta dominicano. Coautor de obras como *"San Juan de la Maguana, una Introducción a su Historia de Cara al Futuro"* (Primer premio en el Concurso Nacional de Historia 2000) y *"Símbolos de la Identidad Sanjuanera"* (Segundo premio en 2010). Ganó el Segundo premio en el Concurso de Literatura Deportiva “Juan Bosch” (2008) y colaboró en la serie *"Fragmentos de Patria"* de Banreservas. También coeditó las antologías *"Voces Desatas"* (poesía, 2012) y la primera antología de cuentistas sanjuaneros (2015). Ha publicado seis poemarios: *Al Despertar* (2017), *Flor de Utopía* (2018), *Ruptura del Semblante* (2020), *Baúl de Viaje* (2022), *Al Borde de la Luz* (2023) y *El Joyero de Ébano* (2024), que reflejan una evolución poética constante. E-mail: jemendez@claro.net.do

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