La colonia es un espacio doloroso de nuestra historia y del que se habla tan solo como memoria en los libros de textos. En un periodo de tres siglos en el que se formalizaron instituciones que todavía tienen fuerza en la vida cotidiana y en las mismas estructuras de cómo se maneja el estado/nación en los momentos actuales.
Las complejidades sociales y culturales que se gestaron, tras la esclavización de los africanos y el sometimiento de los originarios en calidad de menores, no es algo que puede pasar de largo, para entender la sociedad dominicana y su desarrollo psicosocial. Esta situación se aprecia en diversos momentos. Por ejemplo, en aquellos momentos de cómo vamos entendiendo el mundo, o cómo actuamos frente a las crisis, o en las circunstancias curiosas y críticas que se presentan en la vida cotidiana.
La desaparición de la norteamericana Sudiksha Konanki y de las posibles razones de dicha desaparición provocaron variadas reflexiones en las redes sobre lo acontecido. La mayoría de estos relatos reproducen los imaginarios de la población dominicana. En general dichas narraciones son apreciaciones culturales que encontramos en las historias variopintas de casos particulares durante el periodo colonial.
Recordé, las veces que durante la colonia desparecían personas y siempre se acusaba a los negros. En la actualidad a los haitianos. Las acusaciones siempre estaban dirigidas a personas pobres, marginadas, esclavizadas o a un tal “come gente” que era el azote según la data colonial de las desapariciones de las personas. Esta figura que habitó esta isla y otras islas por varios siglos, estaba representada por un negro caníbal que atacaba a los indefensos, mujeres niños y otros, causando muertes extrañas o desapariciones sin ser resueltas.
Los pueblos reproducen sus memorias. Escuche expresiones públicas: “se la comieron los haitianos”, la tienen bajo secuestros los mismos trabajadores del hotel. Por igual escuche: “sólo los haitianos deben saber”. En fin, viejos argumentos que se trasladan, a culpar a la clase más pobre y sobre todo de color negra. Pese a que desapareció la esclavitud, el negro “come gente" sigue haciendo de la suya en la isla, según los relatos que escuché en los medios de comunicación. Y no faltaron los brujos y gente de artes extrañas quienes aseguraron tener la información sobre la joven desaparecida.
En la actualidad son los haitianos los culpables de todo lo que acontece en el país. Y hay personas que consideran que fue el chico blanco, con ayuda de haitianos residentes en zonas aledañas.
Mientras yo revisaba el apartado de Justicia, encontré varias acusaciones en los referidos documentos coloniales que se le hacían a los negros esclavizados sobre desapariciones de personas blancas o negros libertos, entre otros. Se decía que los negros eran maliciosos y taimados, que robaban persona para llevarlo a los manieles, especialmente a los negros y que a los blancos lo mataban. Cosas que no se podía comprobar en la mayoría de los casos, salvo excepciones cuando atrapaban a la gente en esos palenques.
Se les atribuían a los negros actos de brujerías y violaciones. Y a otros le acusaron de canibalismo. Como si a causa de la esclavización de tan numeroso grupo de personas de origen africano, tales actos de violencia social. Creían que los negros se vengaban de las personas blancas o mulatas que residían en la colonia de Santo Domingo. O simplemente por considerar a los negros personas sin educación, violentas o personas de mala raza. Todavía hoy se les acusa de brujería y de romper reglas sociales. Estas acusaciones son propias de sociedades que todavía creen en los sortilegios, hechicería y trato con el innombrable. Forma parte de una mirada animista y de un maniqueísmo ortodoxos de interpretar el mundo bajo la mirada teológica. Esto ha causado innumerables acusaciones que llevó, a personas a morir bajo la horca o sometidas a los tribunales inquisitoriales.
Una y otra vez, los documentos de Justicia en el periodo colonial culpaban al negro de los atropellos, violencias y desapariciones de personas. Así como leí y escuche en los relatos sobre la joven desaparecida. Tal parece que no se tienen otros recursos narrativos que no sea el uso de viejos imaginarios provenientes de la colonia para interpretar el mundo.
Cuando miramos esos atropello es notorios que dichas personas son de bajos recursos económicos y muy vulnerables, como las mujeres y los negros. En la actualidad son los haitianos los culpables de todo lo que acontece en el país. Y hay personas que consideran que fue el chico blanco, con ayuda de haitianos residentes en zonas aledañas.
Este tipo de interpretaciones son comunes en sociedades y culturas emergentes, ya que no tienen mucho tiempo que se han insertado en la modernidad y que todavía tienen demasiado arraigados las culturas vernáculas con fuerte asimetría social y religiones con fuerte tradiciones animistas.
La cultura popular reproduce textualidades éticas que se basan en criterios que muchas veces tienen varios siglos y que se transmiten de generación a generación. Las percepciones e imaginarios coloniales, no han cambiado los imaginarios en nuestra amada isla. Con respecto al caso, yo pensaría en trata de blanca o en algún turista que se aprovechó de la borrachera de los muchachos para secuestrarla o traficarla como es común en entornos culturales aborrecibles para las mujeres jóvenes.
Sin embargo, la mirada se dirigió a los haitianos que trabajan en el hotel o cercano al lugar. Los castellanos hicieron un buen trabajo. Lograron modelar imaginarios corrompidos de carácter clasistas y racistas para tirarles los problemas al otro. Es el chivo expiatorio que se recurre cuando no se pueden enfrentar a la difícil realidad social que atravesamos con diferencias estructurales y sociales muy marcadas. Hoy se lo llamamos migrantes ilegales o terroristas.
El modelo civilizatorio europeo ha cambiado poco. Las nuevas estructuras geopolíticas de carácter fascista reproducen esas rancias ideologías de segregación. La puesta en escena es aparcar, condenar o culpar de los problemas sociales y económicos, de otra índoles, a grupos que son víctimas de exclusión de diversos tipos.
Reconocemos que el tiempo reproduce variaciones de carácter variopinto, sin embargo, lo convencional, es recurrir a los viejos criterios de culpa a otros. Se usa el miedo, la culpa para atacar y desacreditar, especialmente a mujeres, negros, pobres y haitianos.
Una mujer campesina afrodescendiente me dijo una vez: “estamos claro, que a los pobres, a las mujeres todo se le pega”. Y siguió diciendo “los ricos consideran que somos los malos de la película”. Y su otra expresión cultural fue: “al supuesto dedo malo se le pega todo”.
El modelo civilizatorio de los castellanos, caló profundo en la psique dominicana. Esta cultura se sostiene en base asimétrica, su gestión sobre los beneficios económicos, la exaltación del poder sin ser cuestionado, sus imaginarios sobre la justicia, su particular ética y las maneras de cómo se maneja el poder para crear una visión sobre los otros. Los que están en el mundo de arriba son los buenos de la película. La mirada colonial idealiza como bueno al hombre o mujer blanco.
Desde la colonia, no tenemos buenas convivencias entre los diferentes grupos étnicos. En la República Dominicana, el sistema de creencias está en permanente conflicto entre las distintas visiones de las culturas e imaginarios que perviven en la isla.
El modelo de realización individual y colectiva en la era poscolonial, se sostiene en imaginarios clasistas y racistas, a lo largo de muchas generaciones. La cosmovisión vigente de las estructuras de las mentalidades induce a las familias o particulares a recrear viejos relatos que forman parte de los fantasmas sociales que se gestaron en un modelo de esclavización y de angustiosas relaciones de poder y maltrato.
Los imaginarios que observé y escuché en el trayecto de los análisis de la gente común y de los diferentes medios sobre el caso la norteamericana Sudiksha Konanki, me dicen que, a pesar de la distancias de generaciones entre la actual sociedad dominicana y la cultura colonial, no hay una fractura en los imaginarios sociales o muy poco cambios en ese sombrero cultural con el que se cubre la cultura dominicana.
La vuelta a esos imaginarios dicen mucho sobre nosotros mismos y la manera de cómo enfrentamos las tragedias. La cultura dominicana tiene todavía un compromiso público con los imaginarios que yo consideró que son una vergüenza social. En psicología social se apunta a deconstruir relatos que afectan a la sociedad en su conjunto. Ojala se pueda conocer lo que paso con la chica desaparecida y se visibilicen, los agresivos imaginarios de una ideología, que carece de compromiso ético con los diferentes grupos étnicos que residen en la República Dominicana.
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