¿Cómo podemos vivir y construir un futuro sin conocer nuestras raíces y nuestro pasado? Investigar lo que sucedió antes de nosotros es fundamental para comprender el mundo actual y su posible evolución. Por ello, las fuentes históricas constituyen un instrumento esencial para fortalecer la identidad de un pueblo y contribuir al desarrollo de una nación. Existen diferentes tipos de fuentes, desde las orales hasta las escritas y materiales. Todas pueden aportar información valiosa, aunque su fiabilidad depende de las circunstancias en las que se hayan conservado y transmitido. Las fuentes escritas presentan la ventaja de trascender el tiempo y el espacio, permitiendo que la información llegue a generaciones y lugares alejados de su contexto original. «Scripta manent, verba volant». A pesar de ello, numerosas tradiciones, leyendas e historias han sobrevivido durante siglos gracias a la transmisión oral.
Los taínos, antiguos habitantes de la isla de La Española, transmitían sus mitos y creencias de generación en generación. Algunas de estas tradiciones han llegado hasta nuestros días gracias a la transmisión oral. Por ejemplo, existe la creencia de que cuando una persona está sola puede ver a los muertos, mientras que, si está acompañada estos no se acercan. Aunque con el tiempo esta leyenda haya adquirido características más propias del género de terror y, en ocasiones, sea objeto de burla esto no constituye una razón suficiente para desacreditarla ni olvidarla ya que estas narraciones forman parte del patrimonio cultural y de la memoria colectiva.
Sin embargo, no podemos depender exclusivamente de la tradición oral para comprender toda la complejidad de un pueblo. En el caso de los taínos, que no contaban con un sistema de escritura alfabética comparable al europeo, resulta necesario analizar los testimonios de autores extranjeros que documentaron sus costumbres, creencias y organización social. Estos documentos tienen la ventaja de haber quedado fijados por escrito, pero ello no garantiza automáticamente su veracidad. Las fuentes escritas también pueden contener errores, interpretaciones subjetivas, prejuicios y distorsiones. Por esta razón, es fundamental tener en cuenta que muchos testimonios fueron redactados por colonizadores españoles. Autores como fray Ramón Pané y Bartolomé de las Casas escribieron en el contexto de la expansión colonial y de la evangelización promovida por la Corona española. Por tanto, es necesario examinar críticamente sus obras y reconocer las perspectivas eurocéntricas que pudieron condicionarlas.
En su Relación acerca de las antigüedades de los indios, fray Ramón Pané describe las creencias religiosas de los taínos; sus seres divinos y los cemíes, objetos sagrados asociados con poderes sobrenaturales. Asimismo recoge relatos sobre el origen de los habitantes de La Española, la separación entre hombres y mujeres y la creación del mar, el sol y la luna. Aunque su objetivo principal no era describir sistemáticamente la organización política y territorial indígena, sus relatos permiten aproximarse indirectamente a algunos aspectos de la organización social taína. De este modo, su obra contribuye a ofrecer una visión más completa de estas sociedades, que desde una perspectiva eurocéntrica solían asociarse con la ingenuidad, la falta de organización y un supuesto estado de salvajismo.
Un aspecto particularmente curioso de su cosmovisión se encuentra en los relatos sobre el origen de las mujeres. Según los taínos, estas habrían surgido a partir de unos seres que carecían de sexo. La intervención de los pájaros carpinteros, que inicialmente los confundieron con troncos de madera, permitió que adquirieran su condición femenina «picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar el sexo de las mujeres».
Resulta sorprendente la semejanza entre este relato y la tradición cristiana, en la que el origen de la mujer también se vincula a una figura preexistente, Adán, de cuyo cuerpo habría sido creada Eva. Desde una perspectiva contemporánea, cabe preguntarse hasta qué punto estos relatos han contribuido a consolidar imaginarios en los que lo masculino se presenta como punto de partida y lo femenino como una realidad derivada. Aunque no puede afirmarse que las desigualdades de género actuales procedan directamente de estos mitos, determinadas interpretaciones culturales y religiosas han influido históricamente en las concepciones sobre la identidad y el papel social de las mujeres.
A pesar de las limitaciones de su Relación, cabe destacar la capacidad lingüística de fray Ramón Pané. El fraile logró aprender una lengua indígena sin disponer de gramáticas, libros, textos escritos ni diccionarios. Según los datos tradicionalmente asociados a su experiencia, habría conseguido hacerlo en aproximadamente dos años, principalmente mediante la escucha y el contacto directo con sus hablantes. El propio Pané reconoce las dificultades que encontró para organizar y transmitir la información recopilada al afirmar: «Creo que pongo primero lo que debiera ser último, y lo último primero». Escribía en español, su lengua materna, pero gran parte de la información procedía de relatos que los indígenas le transmitían en su propia lengua. Su labor implicaba, por tanto, no solo aprender a comunicarse en un idioma desconocido, sino también comprender los contenidos culturales de esos relatos, interpretarlos y trasladarlos al español.
Como estudiante de español como segunda lengua siento una profunda admiración por su capacidad para aprender un idioma en circunstancias tan difíciles. Asimismo considero que el desarrollo de la expresión escrita puede favorecer el aprendizaje lingüístico, aunque la experiencia de Pané pone especialmente de relieve la importancia de la escucha y de la interacción directa con los hablantes.
Gracias a su dedicación fray Ramón Pané nos dejó testimonios fundamentales sobre las creencias, los mitos y las tradiciones taínas, que constituyen una fuente importante para el estudio de la historia y la cultura de la isla de La Española.
Compartir esta nota