Hablar de La viuda de Martín Contreras y otros cuentos de Rafael Castillo Alba (Licey al Medio, Santiago, 1948) me parece un acto imperecedero de justicia, en virtud de que la crítica dominicana ha ignorado por mucho tiempo este libro desde su aparición en 1981, cuando fue galardonado con el Premio Nacional de Cuento José Ramón López. Quizás en principio podríamos señalar que estos cuentos se desarrollan bajo las orientaciones del criollismo costumbrista que ciertamente ha orientado gran parte de nuestra cuentística. Sin embargo, ellos son el resultado de un acabado ejercicio como narrador, cosa bastante escasa en nuestro medio literario. No tiene que ser determinante el movimiento o corriente literaria en la que se ubiquen; lo interesante de estas historias es que configuran una atmósfera epocal de la República Dominicana y reúnen unos ejes temáticos valorativos de la cultura, junto a una geografía como destino final de sus criaturas.
Lo más interesante de una literatura es su eficacia, cuyo efecto intervenga en la conducta de los lectores y que al mismo tiempo comparta una cuestión: que confine un ejercicio intelectual de valía, que sea destinataria de un conocimiento, que sea espejo de una época, que cuestione, que examine hondamente la realidad y que en el mejor de los casos elimine los prejuicios estéticos para que pueda crear ruptura entre lo anterior y lo que ella propone. Rafael Castillo logra esta hazaña porque recoge con gracia las vivencias en tránsito entre lo rural y lo urbano, un momento específico en el que ya la literatura dominicana de los años ochenta anunciaba sus preocupaciones estéticas más memorables.
Quiero destacar que el componente lúdico de estas historias se concentra en varios aspectos. Primero, tienen el Cibao como referente geográfico y cultural de una cotidianidad; recogen a su vez la inteligencia emocional de una lengua, el lado romántico de su territorio y el sustrato idiosincrático que las identifica. No obstante las características ya señaladas en este libro, Rafael Castillo ha sido víctima del olvido y del silencio infame de una crítica malintencionada, que pretendiendo fama universal olvida sus verdaderos valores narrativos y el papel que ella debe desempeñar en la orientación de una literatura. Incluyo aquí a muchos escritores y “críticos”, específicamente de la Región del Cibao, que también han ignorado la obra de Rafael Castillo. A mí me parece que estos cuentos son portadores de una lucidez literaria inigualable, porque reflejan una amplia experiencia de lector. En lo formal, el estilo de Rafael Castillo es suelto, ágil, preciso y sin tropiezos. La gracia de esta escritura radica en el aspecto lúdico de su lenguaje, en el ritmo acelerado y musical de la prosa, en el perfecto manejo de las situaciones planteadas junto a una adelantada respiración.
La viuda de Martín Contreras y otros cuentos le merece a Rafael Castillo un amplio prestigio como el mejor contador de historias que es, como narrador, como orador fino, como proponente desinteresado de la cultura, sobradamente demostrado con su participación activa como jurado en premios nacionales y cónclaves literarios: en coloquios, charlas, conversatorios en instituciones públicas y privadas, así como presentaciones en universidades y ferias del libro en las que ha puesto su saber al servicio de los demás. El reconocimiento, injustamente regateado a su obra, ha sido quizás por causa del enanismo intelectual y por el efecto mezquino de una crítica caudillista, cuyo único interés es cebarse en el morbo. Una crítica sin fundamentos teóricos ni métodos orientadores que la avalen científicamente, cosa poco abundante en este país y en nuestro medio, específicamente en la Región del Cibao. Me refiero a escritores que lo visitan a diario, que lo consultan, que escuchan su voz, sus consejos y recomendaciones, pero literariamente han ignorado su obra.

En los cuentos de Rafael Castillo, el humor, la ironía y la gracia de las situaciones planteadas marcan las pautas y la atmósfera de las historias, más que los temas y las tramas que las envuelven. Pongo como ejemplo Entierro de los bailadores de sones. Es bueno destacar que en estos cuentos Castillo intenta trazar una topología del hombre cibaeño, con sus rasgos característicos inalterables, en cuanto al comportamiento psicológico y social de los personajes y en los ambientes geográficos en los que se mueven, y esto, en la narrativa —específicamente en el cuento—, tiene una real importancia. Es probable que desde el inicio, en el Cibao, comenzaran a gestarse las rutas de la dominicanidad, aquello que contiene un sustrato cultural de vital importancia para definir el perfil cibaeño. De manera que estas historias reflejan en parte los rasgos particulares de esa dominicanidad contenidos en las palabras, en los giros lingüísticos extraídos de la oralidad y, sobre todo, en el comportamiento social de los personajes. Véase el cuento que le da título al libro: La viuda de Martín Contreras.
Dentro de los cultores de cuentos dominicanos de los años ochenta, Rafael Castillo ocupa un lugar importante. En esa época salieron a la palestra autores como Pedro Peix, Arturo Rodríguez Fernández, José Alcántara Almánzar, Marcio Veloz Maggiolo, Manuel Rueda, Efraín Castillo, Diógenes Valdez. En este contexto podemos encontrar a otro grupo de autores más jóvenes que antes habían publicado poesías y que a partir de esta década incursionaron en el cuento como René Rodríguez Soriano, Reynaldo Disla, quien luego se destacó en el teatro publicando piezas dramáticas importantes, sobre todo cuando obtuvo el Premio Casa de Las Américas en Cuba; entre otros, Aquiles Julián, Angela Hernández y Rafael García Romero. Es bueno destacar que en su gran mayoría estos autores venían participando en el Concurso de Casa de Teatro, lo que dio la oportunidad de abrirse campo en este difícil género. Sobre todo, para estos autores constituye un acto de valentía y arrojo literario, por desafiar y destacarse ante la sombra de un maestro como Bosch.
En ese sentido veo necesario puntualizar algunos hallazgos importantes encontrados en La viuda de Martín Contreras y otros cuentos:
1-Unidad temática
La viuda de Martín Contreras y otros cuentos no es un libro que reúne cuentos, sino un libro de cuentos en los que las historias guardan una estrecha relación. Hay en ellos temas, motivos y situaciones transversales que transcurren como hilos conductores entre uno y otro relato. Generalmente están caracterizados por ciertos rasgos costumbristas, sobre todo se destacan en ellos temas cotidianos relacionados con las vivencias de los habitantes de Los Pajonales. Se podría afirmar que estas historias se ubican dentro del rango de la narrativa realista, porque están basadas específicamente en experiencias personales del autor, cuyos personajes se mueven en ese ámbito geográfico imaginario y en su periplo vital tanto entran como salen de esa región. Además, la mayoría de los personajes están basados en modelos reales que el autor conoció desde niño, pues su padre era comerciante viajero, conoció y recibía visitas constantes de personas de distintos puntos del país, lo que le dio a este autor la oportunidad de asimilar rasgos característicos de la oralidad dominicana. Esta unidad temática se advierte tanto en el cuento Viajera como en Los pichones de la cuyaya. En ambas historias está presente la constatación de una realidad conductual y psicológica que es propia del cibaeño. Por ejemplo, en el cuento Viajera, uno de los más logrados, tenemos la transformación de un personaje cuya vida transcurre entre Santo Domingo y Licey, en cuyo periplo vital —espacio-temporal— se desarrolla. Con este tipo de atmósfera el autor procura reflexionar sobre una narrativa en tránsito entre lo urbano y lo rural. Así que Rafael Castillo se ubica en la mejor escuela del género en Latinoamérica como la de Rulfo, Bosch, Onetti y Quiroga, quienes sin duda son sus maestros. El ejemplo de Viajera ilustra simbólicamente una toma de posición estético-política y sirve para denunciar los abusos cometidos por la policía dominicana al final de la época trujillista y al principio de la época balaguerista. Viajera es un símbolo determinante en estos cuentos, porque en su periplo la protagonista transita, cuestiona, intercambia experiencias, tanto de allá como de acá, y es al mismo tiempo la mujer que enfrenta el peligro en todos los estamentos y dimensiones de la vida social y política.
2- Consistencia narrativa

La propuesta de Rafael Castillo está íntimamente asociada con los títulos de los cuentos, lo que le da un amplio sentido de elaboración que conecta al lector con el narrador al quedar involucrado en el desarrollo de la trama. Rafael es muy certero, sabe contar en detalles los pormenores de las historias que asume. Sabe hacia dónde dirige el blanco, es un narrador con recursos muy efectivos, que maneja con precisión las condiciones del tiempo y los hechos principales que anuncian la trama. Esto se advierte muy bien en el cuento La viuda de Martín Contreras. Algo muy importante en los cuentos de Rafael es que la anécdota forma parte de las historias, pues están íntimamente ligadas al desarrollo de la trama. Lo que implica cierta pericia, cierto manejo de la conciencia del lector, algo vital para un narrador.3- Acercamiento a la oralidad.
Los cuentos de Rafael son muy orales, esto supone una estrecha relación con el español cibaeño. Pues hay en ellos un registro lingüístico que es propio y exclusivo de la Región del Cibao, un español que se bifurca entre lo culto y lo popular, entre lo urbano y lo rural. Este tratamiento implica una construcción importante del habla, la que hace un aporte significativo a nuestro español regional. En ocasiones, esto puede llegar a formar parte de una estética narrativa bien pensada. Por ejemplo, en Juan Rulfo lo es y en Guillermo Cabrera Infante también lo es. Acercarse a la oralidad requiere de un ejercicio de maestría narrativa; no todos los escritores pueden alcanzar esta categoría al contar sus historias, mientras tanto se necesita de una condición especial en el arte de narrar. Se requiere de un oído fino para escuchar y entender las voces que vienen desde afuera e incorporarlas a la ficción narrativa. En el cuento sobre todo implica una tarea difícil. Por otro lado, esta característica define las condiciones de un narrador muy espontáneo, que tiene garras auditivas y visuales. Rafael Castillo está dotado de un arsenal lingüístico que lo vuelve espontáneo y esa espontaneidad provoca risa, regocijo, alegría y contiene los efectos de imantación de los que habla Julio Cortázar. Hay en este narrador una especial disposición anímica para contar, pues su propuesta narrativa robustece la lengua. Un español que se enriquece con matices diversos. Estéticamente estos registros lingüísticos le aportan cierta dignidad al lenguaje porque forman parte de nuestra cultura, de la conciencia social y de nuestra idiosincrasia verbal.
Rafael Castillo no es un autor de tramas complicadas, pero sí de historias bien contadas. Cree y está consciente de que para poder respetar las leyes del género se debe ante todo contar una historia y ese solo punto salva la dignidad del narrador sin importar siquiera los hechos envueltos en la trama. En estas historias hay un recorrido mental y espacial del hombre que aglutina los pormenores de la realidad misma, aquella que se asocia con la condición geográfica de Licey (en este caso, Los Pajonales). A esa técnica temporo-espacial los sociólogos le llaman el fenómeno de conurbación, que es lo mismo que la transformación del campo hacia la ciudad y junto a ella el recorrido del hombre y los cambios sociales que demanda. En los cuentos de Rafael Castillo este es un signo epocal. Durante la época de los años ochenta se diversificó el éxodo del campesino hacia las ciudades más cercanas buscando mejores condiciones de vida. Los ambientes citadinos se pusieron de moda y eso se reflejó también en el arte, fenómeno este que le dio a la literatura un sentido profético.
Aquí, Rafael Castillo se separa de su maestro Bosch, en el entendido de que sus historias no son tan dramáticas. Estos cuentos procuran una marcada tendencia de lo psicológico, cuya balanza se inclina hacia la ciudad. Por eso, los cuentos de La viuda de Martín Contreras son algo proféticos, pues la ciudad de Santiago está cada vez más próxima a Licey y fueron precisamente los personajes de Rafael Castillo quienes acortaron mentalmente esa distancia, lo que demuestra que la geografía es determinante en la condición psicológica del hombre y en el comportamiento social de este.
El sustrato humano que componen estas historias no está precisamente en lo que ellas cuentan, sino en cómo lo cuentan, lo que implica un amplio compromiso intelectual del autor en el tratamiento de la lengua y el sentido simbólico de las historias que encierran hallazgos expresivos auténticos, al enriquecer topográficamente el pensamiento y la constante gestación de un español puro que se robustece en el habla genuina de sus personajes.
Estas historias representan una auténtica cartografía lingüística y en el mejor de los casos son un reflejo nítido de nuestra riqueza idiomática. Pero la narrativa de Castillo va más allá, es al mismo tiempo una evocación del paisaje y de los ambientes más connotados que en ella transcurren como escenarios propicios para sus sueños y amarguras posibles.
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