La palabra Guernica tiene dos significados históricos. Uno de tipo bélico, acerca de los ataques que, en enero de 1937, realizaron contra el poblado vasco de Guernica dos escuadrillas de aviones: una constituida por aeroplanos alemanes obsoletos y otra por aeroplanos italianos, también obsoletos, de la armada del fascista Benito Mussolini, aliado ideológico de Francisco Franco. Los ataques dejaron ese poblado completamente devastado.

Primeramente, los alemanes atacaron descargando poderosas bombas de alto calibre que destruyeron gran parte de las viviendas, creando pánico en la población, que corrió despavorida por las calles, también ametralladas. Otros ataques prosiguieron con el lanzamiento de bombas incendiarias que causaron devastadores incendios, convirtiendo todo el poblado en una llama inextinguible observable desde la distancia.

Sobre ese impacto bélico destructivo existe otra remembranza, esta de renombre artístico, bautizada con ese mismo nombre: Guernica, el mural, obra del genial Pablo Picasso, que simboliza la destrucción de la ciudad.

Debe resaltarse que, normalmente, los murales son obras pictóricas inamovibles, pintadas sobre sólidas paredes. Sin embargo, el Guernica de Picasso es un óleo sobre lienzo de 3,5 metros de alto por 7,8 metros de largo. Sorprendentemente, a pesar de su título y de las circunstancias en que fue realizado, no hay en él ninguna referencia concreta al ataque contra Guernica ni a la Guerra Civil española. No es, por tanto, un cuadro narrativo, sino simbólico.

Está pintado utilizando únicamente el blanco del lienzo, el negro y una variada gama de grises. Grandes conocedores de la pintura señalan que, para plasmar el Guernica, Picasso se inspiró en múltiples escuelas: el cubismo, tanto analítico como sintético; el surrealismo, y también una escuela alemana. Señalan, además, que la estructura del mural es semejante a la de un tríptico, cuyo panel central está ocupado por el caballo agonizante y la mujer portadora de la lámpara. Los laterales serían, a la derecha, la casa en llamas con la mujer y, a la izquierda, el toro y la mujer con su hijo muerto.

El del tríptico no es, sin embargo, el único principio de ordenación espacial en el Guernica. Las figuras están organizadas entre ángulos, de los cuales el más importante es el central, que tiene como vértice la lámpara y el cuerpo del muerto. En el cuadro aparecen representados doce símbolos: seis de seres humanos y tres de animales: toro, caballo y paloma.

Picasso de pie trabajando en el «Guernica» en su taller de los Grands-Augustins, 1937. D. Maar.

De izquierda a derecha, el toro aparece a la izquierda del cuadro con el cuerpo oscuro y la cabeza blanca. Parece mostrarse impasible ante lo que ocurre a su alrededor. Cuando se preguntó a Picasso sobre el toro en el mural, respondió que simbolizaba la brutalidad y la oscuridad.

Es pertinente relatar un inesperado suceso ocurrido cuando Alemania había ocupado totalmente a Francia y Picasso se encontraba en París contemplando su mural en una pinacoteca. Sorprendentemente, se presentó allí una patrulla de importantes militares alemanes de alto rango quienes, molestos por la temática del mural, que atacaba a los nazis, le preguntaron en tono intimidatorio:

—¿Fue usted quien hizo eso?

Valiente y rápidamente, Picasso respondió:

—Fueron ustedes quienes hicieron eso.

Reconociendo el valor artístico del mural, el reputado Museum of Modern Art (MoMA), de Nueva York, solicitó que se le prestara durante un período previamente establecido. Al cumplirse ese plazo y haber terminado la Guerra Civil española, el Gobierno español solicitó la devolución del mural, argumentando que, supuestamente, los honorarios pagados a Picasso para pintarlo fueron desembolsados de un fondo estatal.

Ante esa situación, Picasso se opuso resueltamente a su inmediata devolución. Reconoció la propiedad del Estado español, pero sostuvo que el mural sería devuelto a España cuando allí existiera democracia.

Así se hizo y, años después de la muerte del dictador Francisco Franco Bahamonde, y ya estando firmemente arraigada la democracia en la ciudadanía española, pudieron proclamarse cumplidos fielmente, por adelantado, todos los requisitos morales y políticos exigidos para que el mural fuera devuelto honorablemente a España.

Desde entonces, es exhibido permanentemente en una ilustre pinacoteca de esa culta nación que siempre ha luchado por su libertad, aunque ello implicara asumir múltiples sacrificios.

Finalmente, aquí concluye esta presentación de la trascendental trayectoria de Guernica ante la historia, cuyo relato espero haya sido de satisfacción para todos los que hayan leído el presente artículo.

Eulogio Santaella

Ingeniero

Ingeniero. Fue administrador del Consejo Estatal del Azúcar y embajador en Washington. Profesor universitario. Empresario.

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