Fari Rosario. Escritor y gerente de Quieroloma

 Hace unos años hice un viaje a San José de Ocoa para participar en un evento cultural que me marcó profundamente: hablo del Festival Literario del Sur celebrado en 2023. Allí confirmé una idea que giraba en mi cabeza desde hacía mucho tiempo: la verdadera fuerza de cohesión nace de la cultura y sus manifestaciones auténticas compuestas por la gastronomía, la literatura, las artes plásticas, los murales, y el trato amable de la gente.

Siempre he asociado a Ocoa con el sacerdote Quinn. Así que quise aprovechar la ocasión y averiguar un poco más sobre su vida y su liderazgo. Guiado por una ocoeña, una maestra de escuela, pude visitar la casa donde vivió aquel hombre de trabajo, un verdadero líder inspirador y la persona que impulsó el desarrollo total de este pueblo. Me puse en marcha y visité la casa donde vivió el Padre Luis Quinn, un lugar humilde y donde puede recrearse su estilo de vida. Se conoce como Casa de los Recuerdos y tiene el carácter para ser declarada museo municipal.

Interior de la casa del padre Luis Quinn.

Al salir de la Casa de Quinn, lo comprendí mejor: en cada pueblo de nuestro país hay una casa, un rincón, una calle, un edificio o un conjunto de acontecimientos históricos que son el núcleo de la vida cultural. Ese conjunto de momentos y de piezas claves representan la vida y el desarrollo de la cultura en todos sus niveles y está presente en todos los pueblos, aunque con menor o mayor incidencia en algunos lugares. De ahí que sea de vital importancia hacer turismo cultural, ya que es una actividad esencialmente de vinculación, de aprendizaje y que permite apreciar, de primera mano, la historia, los edificios, las cosas con alto valor patrimonial y el sabor de cada pueblo dominicano.

Casa donde vivió el padre Luis Quinn.

Esa emoción que viví en la Casa de los Recuerdos, en San José de Ocoa, es extensiva y rebasa el lindero de lo personal, pues la cultura conecta y crea vínculos profundos con la colectividad. Lo que viví puede ser la experiencia de cualquier otra persona interesada en salir de la rutina, del confort de lo conocido y adentrarse en los espacios del Centro León, en Santiago, lo mismo que visitar el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Cada recorrido es alimentado por la curiosidad, la emoción y alegría de descubrir algo nuevo. Es una emoción que contagia, que conecta con el entorno, con su gente y con la manifestación plural del arte y la cultura, con su belleza y su esplendor. Suele ser una experiencia que te vincula con las fuentes de la vida misma y su canto, como lo que viví recientemente en el Festival de las Flores de Jarabacoa. El turismo cultural tiene esa fuerza, ese poder de mostrarte lo auténtico de la vida social y el ritmo de los pueblos; las historias ocultas y los sabores vibrantes, la cadencia de la luz, los colores y las huellas de las cosas que ya son parte de la memoria colectiva, patrimonial y que, además, enriquecen nuestro paladar y nuestra experiencia sensitiva del mundo.

El turismo cultural es una puerta hacia el futuro, una experiencia que permite aprender y disfrutar de nuestro patrimonio histórico, cultural y artístico. Estoy convencido de que la historia del color y el vínculo con nuestra identidad se entiende mejor en el Museo Cándido Bidó, en Bonao.

Piezas del Centro Cultural Taíno.

En definitiva, el turismo cultural es una herramienta importante para lograr el desarrollo sociocultural de los ciudadanos, el sentido de pertenencia, el mayor conocimiento de nuestros recursos culturales (museos, festivales, la artesanía, los pueblo y sus expresiones), pero sobre todo porque ayuda a entender mejor los orígenes de nuestra historia y nuestros tesoros. No olvidemos lo enunciado por Unesco: “el turismo cultural es un motor de desarrollo sostenible que vincula el patrimonio (material e inmaterial), la creatividad y las industrias locales”. Quien hace este tipo de turismo sale beneficiado porque desarrolla la observación, la apreciación y la conexión con lo auténtico; son destrezas que fortalecen las competencias que aplicamos a diario en nuestro entorno laboral, profesional y familiar.

Regresé a Santo Domingo (lugar donde resido), no sin antes comprar los famosos dulces de higos de San José de Ocoa, una verdadera delicia. En aquel viaje inesperado y de modo casual, descubrí no solo a un pueblo, sino la dimensión de un país que edifica en silencio su expresión cultural, su patrimonio y sus dinámicas sociales y creativas. Viajar con este enfoque te transforma, créeme: ya que dejas de ser un simple consumidor de paisajes para convertirte en un recolector de experiencias valiosas y con sabor humano, espiritual y simbólico.

Fari Rosario

Escritor y emprendedor

Fari Rosario, escritor, editor, emprendedor, conferencista. Tiene un doctorado en Estudios Lingüísticos y Literarios por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM, sobresaliente cum laude). Ha publicado El jabalí y otros microcuentos (2007); El coleccionista (2008); Polvo y olvido (2009); El columpio de los sonámbulos: Antología de microcuentos dominicanos (2010); La aventura de la vaca flaca (2013); Los espejos asesinos y otras minificciones (2017); Temblor y furor, ensayos sobre literatura y lingüística (2021). Es el fundador de Quieroloma.com

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