Es justo reconocer y valorar a los extranjeros que han hecho de la República Dominicana su hogar y también a aquellos que, sin vivir en el país, hablan con respeto, admiración y orgullo de este pedazo de isla. Gracias a su trabajo, nuestra cultura ha cruzado fronteras y ha llegado a miles, incluso a millones de personas en todo el mundo.
Hoy contamos con cientos de influencers que, a través de sus plataformas digitales, promueven nuestras tradiciones, nuestra gente, nuestra gastronomía, nuestros paisajes y, sobre todo, nuestra identidad.
Entre muchos ejemplos que están viviendo en nuestro territorio se pueden mencionar a figuras como el estadounidense Tiguere Bacano, los cubanos Eliza —Cuba Vlogs—, Soy Mar y su familia, Yanet Fernández y su familia, Wiwi —Vlogs—, así como la joven española Sofía Tappia, entre muchos otros dentro y fuera del país que sería imposible enumerar en un solo texto.
Más allá de los nombres, lo verdaderamente valioso es el amor genuino que estas personas muestran por nuestro país. Un amor que se traduce en contenidos positivos, en promoción turística, en reconocimiento de nuestra cultura y en una imagen digna del dominicano ante el mundo.
Paradójicamente, mientras muchos extranjeros exaltan lo nuestro, a veces nosotros mismos no valoramos suficientemente lo que tenemos. No es casual que exista una frase tan popular como: “El dominicano nunca está conforme”. Sin embargo, estos creadores de contenido nos recuerdan, con cada vídeo y cada publicación, el enorme tesoro cultural que poseemos.
Por ello, considero que el país debería reconocer de manera formal el trabajo de estos influencers que, desde territorio dominicano o desde el extranjero, aportan a la difusión positiva de nuestra identidad. Sería un gesto justo que el Ministerio de Cultura pueda reunir, al menos, a aquellos que residen en el país y distinguir su labor como promotores culturales contemporáneos.
Reconocerlos no solo sería un acto de gratitud, sino también una forma de fortalecer la proyección internacional de la República Dominicana y de reafirmar que nuestra cultura, cuando se comparte con amor y respeto, no tiene fronteras.
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