Esta novela, "El Procurador", de José Miguel González Rossi, representa la tercera novela escrita por el sujeto-autor, y fue producido por Editorial Santuario (2025).
La edición estuvo al cuidado del autor. La impresión se realizó en los talleres gráficos de Impresora Conadex. La novela contiene 73 páginas.
No se indica la autoría de la foto que ilustra la portada. La novela está dedicada a la profesora María Estel Camacho Grullón, «por su extraordinario sentido de inspiración y colaboración».
La novela consta de seis (6) capítulos. El primer capítulo está antecedido por una cita de Nicolás Maquiavelo, que dice lo siguiente:«Las injusticias se deben hacer todas de un solo golpe, de forma que, al probarlas el pueblo, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco, con el objetivo de que, viéndose escasos, se aprecien mejor.»(Aunque aparece atribuida al autor, no contiene la fuente de donde fue tomada ni donde fue publicada originalmente).
Se trata de una novela breve, fundamentada en la vida real de algún país de la región caribeña; sin embargo, los detalles presentados delatan panoramas de corrupción y politiquería muy parecidos a los que suelen ocurrir en el contexto socio-político de la sociedad dominicana.
Es una mirada al cuarteado espejo donde se refracta la imagen de una justicia retorcida y manipulada por los poderes de una sociedad manejada por la oferta y la demanda de quienes dirigen un Estado monetizado y manipulado por los usureros de los códigos judiciales.
Aquí, la imagen de la señora con los ojos vendados deja escurrir su mirar por encima y por debajo de los escritorios de los jueces para dictar sus juicios de acuerdo a los montos presentados, en medio de las ofertas y las demandas. Aquí la justicia tiene un precio o un costo y el Procurador habla según los montos de cada caso.

La narración, en esta novela, está sostenida en tiempo pasado. El ayer, traído a este presente inmediato, es parte de la estructura discursiva que maneja el sujeto-autor en esta obra.
Conviene poner de manifiesto que, en el proceso de redacción y uso de la lengua, el sujeto-autor deja ver algunos descuidos en el manejo de ciertos conceptos, como el uso del término «sólo» con acento y «solo» sin acento, ya que al emplear ese término hay un uso indiscriminado en la narración de esta novela, lo cual no se corresponde con los valores semánticos en cada caso.
En cuanto al proceso descriptivo presente en la narración, es importante destacar cómo y de qué manera el sujeto-narrador presenta los detalles del contexto ambiental y de la configuración física de los personajes que interactúan en esta novela.
Elementos propios de nuestra realidad vivencial y cotidiana fluyen aquí como parte de la estrategia narrativa y del proceso de conflictividad que se presenta en esta obra.
Llevar un conflicto de contradicciones personales y administrativas al plano del poder político, sostenerlo como una válida argumentación narrativa, novelarlo o asumirlo como parte de las justificaciones de una novela, y asumirlo desde la lengua como arte, es una acción que justifica el valor argumental y narrativo de esta novela.
No se queda en el plano de la simple denuncia, sino que procura otorgarle sentido estético a partir de una narratividad que se apoya en los recursos de las imágenes poéticas. Veamos:
«La mirada de la Jueza se perdió, petrificada, en el horizonte incierto de sus pensamientos. Acorralada en un océano de dudas, su estructura psíquica parecía negarle el acceso a esa fortaleza intelectual que durante décadas había sido su escudo. El equilibrio emocional forjado en cuarenta años de experiencia judicial entró en un súbito estado de hibernación».(Ver pág. 48, obra citada).
Los detalles planteados en el discurso narrativo llevan al lector a situarse en los gobiernos del PLD, en específico, en la administración del presidente Danilo Medina, su hermano y sus situaciones de posible «uso del poder» durante sus períodos mandatos. Eso es, como referente temático, a pesar de los matices sostenidos por el imaginario del sujeto-autor.
No encuentro líneas referenciales que me aproximen a señalar el nombre real del «Procurador». Aunque sí puedo aproximarme a la imagen de «La jueza», por lo que me llega a la memoria la figura de la Dra. Miriam Germán. Todo esto entra en el posible estado especulativo de un lector-crítico sin mordazas, como quien suscribe.
Es la historia reciente de nuestro país la que se refracta en este novelar de hechos que forman parte de nuestra historia, ficcionalizándolos por parte del sujeto-autor.
Novelar nuestro presente y su devenir cotidiano es la estrategia que maneja este sujeto-autor en todo el ordenamiento de las escenas registradas en esta novela, haciendo de esta obra una imagen del presente histórico contemporáneo de nuestra sociedad.
La traición, como acción propia de las flaquezas humanas, es expuesta aquí como parte del ritual de las debilidades del sujeto en este mundo material, donde la acumulación de poder, la búsqueda de lid y la vanidad invaden de incertidumbre este presente.
Entiendo que, a la presentación de los hechos y su dinámica secuencial, le faltan recursos que impacten al lector y/o a la lectora. Me refiero al uso de la sorpresa o del impacto en la discursividad narrativa presente en esta obra.
No es suficiente llevar los hechos del presente a la ficción; el sujeto-autor debe aplicar maniobras técnicas que, como el suspenso y/o lo inesperado, puedan llevar al lector a la indagación y a la interrogante de qué pasará.
De todas maneras, la lectura de esta breve novela nos permite mirarnos al espejo, ver nuestros rostros y observar que somos parte de un escenario real, donde el asombro ya no es parte del escenario ficcional, sino que constituye la base de su plataforma real.
Si usted no cree esto, acérquese a «El Procurador» y pregúntele, a ver si el trono de su poder le permite responder. Hágalo, a ver…
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